La historia de dos productores de Tandil, en un medio nacional

La carne sale con papas en Tandil: dos versiones de la receta familiar“, dice el título que habla de la historia de los hermanos García, de Tandil, publicado en el Suplemento Campo del pasado sábado en el Diario Clarín.

“Entre las frías sierras tandilenses, en el centro sur bonaerense, los hermanos García empezaron desde abajo y lograron tener cada uno su propio sistema productivo con la misma receta familiar: carne con papas y objetivos claros. Comparten campos, fierros y visiones, pero mientras que uno le apunta al mercado interno el otro engorda para la exportación. Una cuestión de gustos, dicen”, asegura el autor.

Compartimos la nota completa:

La historia comenzó el 3 de septiembre de 1948, hace casi sesenta y ocho años, con la llegada a Tandil del andaluz Luis García. “Mi padre llegó desde el sur de España, donde era productor de naranjas, papas y hortalizas, y le prestaron un pedazo de campo para que produzca y viva. Juntaba papa (lo que se llamaba tirar la maleta), y cobró con papa semilla y un rifle. Con las semillas empezó a cultivar y con el rifle cazaba liebres para comer”, relata en diálogo con Clarín Rural su hijo menor, quien también se llama Luis.

Tras dos años de trabajo, García logró comprar los pasajes para traer a su mujer y sus hijos. En esos primeros años, además de producir papa en el campo prestado, el hombre trabajaba rompiendo piedra en una cantera, y tras seis años de esfuerzo logró comprar sus primeras 20 hectáreas. Allí construyó la casa donde se criaron sus hijos entre chanchos, huerta y gallinas.

Luego la superficie se fue ampliando. En 1961 se sumaron las 120 hectáreas que dieron comienzo al Establecimiento Fuente Nueva, donde hace pocas semanas los hermanos Ginés y Luis García abrieron las puertas para una jornada del Instituto de Promoción de Carne Vacuna Argentina (Ipcva).

Aquel español aventurero ya falleció hace algunos años, pero su legado quedó firme. En la actualidad, entre Ginés y Luis manejan algo más de 300 hectáreas propias y unas 400 alquiladas con los mismos pilares que les dejó su padre: la ganadería y la agricultura.

La base económica, para ser fieles a la herencia genética, la sigue aportando la producción de papa, pero el disfrute, para los hermanos, llega de la mano de la hacienda.

“Los animales nunca faltaron en el campo. A pesar de ser un agricultor nato, mi padre siempre dijo que había que hacer ganadería porque ese era el futuro del país, y creo que no se equivocaba. Él hacía cría y engorde porque el animal tenía que salir terminado del campo”, dice Luis.

Hoy, a pesar de que la superficie total es chica, Ginés y Luis prefieren manejar sus animales por separado. Los campos están divididos y los hermanos tienen cada uno sus lotes, su rodeo y sus objetivos.

“Manejamos todo separados, pero estar juntos nos permite complementarnos y ayudarnos. Compartimos empleados y maquinaria (tienen nada menos que 17 tractores), es una verdadera agricultura familiar. Compartimos la manga, muchas cosas…”, describe Luis. Luego cuenta que las vacas de cría están en un campo y que cuando se desteta a los terneros se los lleva al otro campo junto con las vacas que quedaron secas y las vacas “cot”. Luis tiene 80 vientres y Ginés 250.

En materia de forrajes no discriminan, le dan el mismo tratamiento a los vientres que al engorde. “Se hace pasturas, sorgo y avena. Tratamos de hacer lo más eficiente posible el pequeño espacio de campo que tenemos, que además está entre los cerros”, dice Luis, y añade: “Mi hermano va adelante y yo me le copio”.

Pero Ginés, el mayor, no coincide, dice que hacen todo diferente.

Luis tiene el foco en la producción de animales más pesados apuntando a la exportación. “Yo por una cuestión de gustos trato que los animales salgan con 510 kilos. Después de los 430 kilos es antieconómico, los últimos kilos son los que más cuentan, pero es una cuestión de gustos -dice-.Yo hago suplementación con salida a campo y él hace suplementación encerrado. Son dos sistemas parecidos pero diferentes”.

En los lotes agrícolas, las rotaciones son principalmente entre pasturas, verdeos y maíces. Mientras que Luis hace el cereal principalmente para picarlo y entregarlo en canje por alimento balanceado, Ginés prefiere molerlo y suministrarlo a los novillos en el feedlot con un suplemento, apuntando a animales más livianos. Ginés hace una recría corta hasta los 300 kilos y después envía los animales al feedlot. Los vende con 360 kilos. Luis, por su parte, hace la recría en lotes de raigrás sembrado de forma aérea sobre maíz, y con suplementación de autoconsumo de maíz. “El autoconsumo es muy fácil de lograr. Es una ganadería muy simple”, dice de su sistema.

Al final, afirman, los resultados varían según el contexto. “A veces gana el mercado interno y a veces la exportación, es relativo. Gines tiene más del doble de animales, su esquema de encierre se lo permite, pero eso no significa necesariamente un mejor resultado económico”, aclara Luis.

De esta manera, en una superficie chica, los productores lograron un equilibrio entre sinergias e independencia que hoy les permite ser rentables y mirar al futuro con optimismo. La historia de los García refleja parte de la realidad ganadera argentina, en la que hay lugar para todo tipo de esquemas. Y el cruce de visiones representa el debate de la actualidad: el mercado interno es pujante y le permitió a la ganadería sobrevivir a varios cimbronazos, pero el crecimiento vendrá de la mano del mercado internacional, que se vislumbra atractivo pero exige mayores pesos de faena y, por ende, una mayor eficiencia en las recrías.

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