La historia del águila humana

La vocación de Antonio nació en la panza de su mamá, una trapecista chaqueña cuyo marido era payaso y trabajaban en uno de los tantos circos criollos. Según cuenta Antonio, hubiera deseado ser un payaso famoso ?ya que hacer reír es muchísimo más difícil que cualquier otra cosa??, dijo de entrada, entrando luego en el recuerdo de aquellos comienzos con el grupo de trapecistas especialmente elegidos como los mejores del mundo.
-¿Quiénes eran las Aguilas Humanas?
-Fueron veinte famosos trapecistas ?de Chile, Argentina, Japón, México, entre otros países- del 60 hasta casi el 2000 y allí se disolvió, quedando solamente yo que era el más joven de la trouppe.
-¿Era un grupo de elite a nivel circense?
-Conocido mundialmente, porque esta trouppe la formaron la señora de Sarrasani y Hugo Venturino de Chile y los hermanos Villalba de la Argentina que eran muy buenos trapecistas. Los Villalba, trapecistas de otros países, y yo previamente seleccionados por estas empresas formamos el circo internacional Las Aguilas del Mundo. Eramos los veinte mejores del planeta en la década del 60. En ese entonces ya había trapecistas de 30, 35 años y yo era el más jovencito tendría 18.
-Pero usted sigue actualmente haciendo hazañas ¿cómo mantiene su físico para continuar con este arte de alto riesgo?
-Creo que fue el destino, porque mis padres eran gente de aquellos viejos circos criollos, allá por los 20, era el de los Hermanos Pereira, allá en el Chaco. Allí vive todavía mi mamá, gracias a Dios, tiene 112 años y siempre recuerda nuestra vida en el circo. Mi papá era payaso? una profesión difícil si las hay.
-¿Fue su primera maestra?
-Sí, con ella hice mis primeros pasos, después seguí con otras trompees como el de los Hermanos Rivero y así fui cambiando y cambiando, y aprendiendo este oficio de trapecista hasta llegar a Las Aguilas Humanas.
-¿Ha pasado por muchos circos?
-Sí? me conocen en todos ?dice sonriendo- en el Palace de Moscú, el de Las Águilas Humanas argentinas, que formó con sus compañeros compatriotas de la antigua compañía, el Casalli, el Rodas, Real Madrid, en el Australiano? ahora estoy en el Palace Mónaco.

 

-¿Cómo era y es vivir en un circo?
-Para mí es algo extraordinario. Mire? como decía Houdine ?si hubiera alguna forma de volver, vuelvo?. Es fantástico, un mundo de fantasía, ilusión, dolor, felicidad, todo lo que pasa en la vida se vive aquí, dentro del circo. Alegría cuando uno descubre en un niño una sonrisa grande, la risa de los abuelos, el aplauso con ganas de un señor que por dos horas se olvidó de sus problemas. Y esto no lo siente solamente el artista sino toda la gente acá, el capataz, los empleados, el portero, es algo espectacular esta vida porque el mundo es nuestra casa, no solamente un país determinado como Argentina, Uruguay, Chile?
-Es una vida nómada, no para todos ya que nunca se afincan mientras siguen dentro del circo.
-Claro, pero yo me siento muy orgulloso, mi patria es Argentina y la conozco toda; entonces, si estoy en cualquier ciudad, cualquier provincia, ese lugar será mi casa hasta que vuelva a mudarme; sin embargo, nunca olvido mis raíces chaqueñas,
?Hasta el viejo hospital? llegó
el pobre Antonio malherido?
-¿Usted es el trapecista más viejo del mundo?
-Sí. Y la gente de Tandil tiene ahora la posibilidad de ver lo que hago todavía y para mí es un orgullo ser el más viejo del mundo y argentino, no existe en ninguna parte uno de 77 años, solamente acá y en este circo.
-¿Alguna vez le dio vértigo subirse a una plataforma y lanzarse ?prácticamente- al vacío?
-Jamás. Me da emoción, me llena el corazón de alegría presentarme noche a noche y no solo sino junto a mis hijas, mis nietas, mi yerno. Subo con la familia y soy la mano que los guía. Si veo algo anormal, por experiencia, paro el acto hasta que estén dadas todas las condiciones de seguridad.
-Y hablando justamente de seguridad ¿es verdad que sufrió muchos accidentes, uno particularmente en donde ?se comenta- que se ?rompió todo??
(Risas)-Tengo un medallero? el más grande del mundo?
-¿Medallero?
 -Le digo a cada fractura que tengo en el cuerpo y le detallo; fractura de cráneo que va hasta el tabique de la nariz, también los labios, perdí la dentadura y se me rompió el maxilar. También perdí una clavícula, fractura doble de cadera, costillas? gran parte de esto con el golpe que me pegó la rodilla en la cara, por eso no tengo rótula. Pero aprendí a caminar sin ella. También tengo fractura de tobillos, muñecas?
-¿Cuál fue su peor caída?
-La que me provocó la mayoría de las quebraduras fue en La Carlota hace 22 años atrás, una caída de 26 metros.
-¿Y la red no sirvió para nada?
-Claro que sí, pero hay un hueco que queda arriba, estaba trabajando en el Circo Norteamericano, escapo de las manos del que nos recibe y sigo viaje para arriba y choqué contra el techo de la carpa que me tiró hacia la parte de atrás ?aquel circo era mucho más alto-, la caída al suelo era en vertical y cuando me di cuenta de esto vi que me mataba porque la altura del circo ?como le decía- era inmensa, entonces mientras caía pensaba que no quería que mis hijas vieran mi cara destruida por lo tanto aproveché el envión y me agrupé para entrar en giro de modo que golpeé con la espalda y la pierna me fracturó el cráneo, tabique? todo lo que le conté antes.
-Quedó prácticamente destruido.
-¡Claro! y los médicos dijeron ?no camina más?,
-¿Cómo hizo para sobreponerse al diagnóstico médico que, según me decía, era prácticamente imposible que volviera a caminar?
-Es fácil
-Si usted lo dice?
-Es que el mejor médico que tenemos es uno mismo, esto está clínicamente comprobado, si el paciente no tiene voluntad de vivir por más eminencia que sea el médico no lo va a poder curar.
-En eso tiene mucho de razón, pero así y todo no debe haber sido tan fácil como dice? casi no le había quedado un hueso sano.
-Cuando sufrí este accidente donde me rompí totalmente ?usted no está equivocada- dos médicos y una doctora en la clínica de La Carlota me dijeron que me tenía que olvidar del trapecio y de caminar, con mucha suerte iba a andar con muletas y de última la silla de ruedas? o lo primero como se lo quiera ver.
-¿Y qué pasó? El diagnóstico no se cumplió, ¿lo operaron muchas veces?
-No tengo una sola operación.
-¿Me está diciendo la verdad?
-¿Qué motivo tendría para mentirle? Tenía fractura doble de cadera y la rótula destrozada pero no permití ni una operación ni las permito tampoco, estoy como Dios me trajo al mundo, no tengo ni un tajito que indique alguna operación.
-¿Por qué no quiso que lo intervinieran?
-Si me operaban sabía que corría riesgo, imagínese una intervención de cadera? me tenían que poner un cuerpo extraño, entonces hubiera caminado con la idea de que tenía algo allí que no era normal. Por lo tanto me hice a la idea de decir ?no? y me convencí de que iba a volver a caminar derecho, aunque no tuviera rótula? les decía a los médicos ?si necesito hacer gimnasia para poder crear un músculo allí donde tenía un hueso lo haré, voy a quedarme haciendo gimnasia durante un par de años hasta que pueda caminar normalmente?.

Luces y sombras
de un trapecista

-¿Cuánto tardó en recuperarse?
-Seis meses
-¿Nada más? Es casi un milagro? estaba hecho pedazos
(Risas) ?Así es, pero me recuperé y a los seis meses me echaron del circo? porque para salir de la clínica de La Carlota tuve que firmar una responsabilidad civil, ya que al no permitir la operación ni hasta que me recuperara me dijeron que quedaba para silla de ruedas y que con mucha suerte iba a caminar con muletas.
Lo tomé como un desafío y les contesté: ?me voy a recuperar totalmente, porque quiero caminar salir con mi mujer e hijas, de modo que voy a volver a caminar?.
-Cuándo salió de la clínica ¿cómo fue su programa de rehabilitación?
-Me hice una cama, con una caladura en el medio para no ensuciarme, separé a mi señora de mi parte y me construí una especie de ataúd, es fea la comparación, pero era algo bastante parecido.
Hice un tratamiento propio y allí permanecí prácticamente dos meses y medio, mi señora me daba de comer, me abrigaba o desabrigaba, me ponía talco pero siempre rígido en una posición normal pero como si fuese un muerto en vida ?hasta que sentí que mis huesos comenzaban a unirse. Después de ese tiempo, que para mi fue un calvario, porque llegaba la hora de la función y escuchaba la música de los trapecios y sabía que arriba estaba mi familia, mi señora, mis hijas y me daba una gran desesperación por no estar también.
-¿Cómo calmaba esa ansiedad?
-En esos momentos que ellas estaban actuando lo aprovechaba para hacer gimnasia, abría y cerraba las manos, levantaba un brazo, el otro? después empecé con la pierna afectada porque había quedado con una especie de hemiplejia. Me ejercitaba en esos momentos para ir buscando la movilidad y así estuve cinco meses, después de ese tiempo mi señora entraba a la casilla rodante y dos por tres me encontraba tirado en el suelo, porque trataba de ponerme de pie, dar dos pasos y no podía, entonces me volvía a mi lugar diciéndome ?así no te vas a curar más?.
-Me imagino que siguió insistiendo.
-Obviamente, y no sabe lo que fue cuando pude dar los dos primeros pasos, nadie lo supo. Pero me sentí tan feliz, tan feliz? lo había logrado. Sabía que había salido adelante, que se podía, volvía a vivir, me había ayudado el médico que todos llevamos adentro. Y a los seis meses caminaba?
Y una noche, estábamos en el Circo Australiano en Córdoba, fui a la carpa y el dueño que era el que conocía toda mi historia entró en desesperación? no podía creer que estuviera parado y con la malla puesta y subiendo al trapecio. Parece mentira, ¿no es cierto?, pero fue real.
-¿Qué siguió después?
-Lo recuerdo claramente: subí, hice un salto mortal simple fui a las manos de otro compañero que me decía ?no puede ser? mientras yo le pedía que por favor no me soltara porque sino me volvía a romper todo. Cuando saludé y me bajé me dolía desde la cabeza a los pies.
-¿Qué sintió en ese momento, más allá del dolor?
-Había vencido, había dado por el suelo con todos los diagnósticos médicos. Me dolía todo, pero si lo había hecho una vez podía seguir? pero cuando bajé me estaba esperando el dueño del circo y me dijo ?acá terminaste, te vas a tu casa, porque si algo te pasa el responsable soy yo?.
-¿Quedaron en la calle?
-No, porque mi familia siguió trabajando ?pero vos te vas a tu casa?, dijo. Me pusieron en un auto y a Buenos Aires y me quedé en la casa de mi cuñada hasta que me recuperé totalmente que me llevó poco más de un año. Y me trajeron de vuelta al Circo Australiano.
Y tengo una anécdota que no quiero dejar de contársela, con ese circo, a los dos años del accidente volvimos a La Carlota ?mi expediente clínico está en la clínica de esa ciudad, donde estaban los tres médicos que me atendieron- y hay un póster mío en el lugar porque ellos fueron los que prácticamente me desahuciaron: ?del trapecio ni se acuerde? eso no existe más para usted?? Y como le contaba cuando volvimos con el circo les regalé un palco para que fueran a ver el mismo truco con el que me había caído años antes. Les dediqué un triple salto mortal a mis grandes amigos, esos tres médicos que fueron los que pusieron en la clínica un póster mío que dice ?la sombra de un trapecista que hoy vuelve a la luz?.

Morir en su ley
-¿Piensa, a veces, en el retiro?
-Claro que sí? no sé cuando llegará ese día, lo espero pero será cuando escuche el último aplauso. Mientras pueda volar estaré allí arriba, mientras pueda percibir algo, una sombra, una silueta allí estaré. Es verdad que ya no veo bien, son los años, tengo la vista prácticamente quemada pero sigo volando, haciendo mis trucos, los triples saltos mortales y todo -prácticamente lo hago- con la computadora que es mi cabeza.
Además siempre que uno deseé hacer algo podrá, pero si se deja estar olvídese de todo, hasta de intentarlo. Pero también para salir adelante se necesita de la fuerza del amor, del cariño.
-¿No teme por sus hijas, sus nietas que corren riesgos en las alturas?
-Sí, por eso estoy arriba, cuidándolos a todos. Hace un tiempo una de mis hijas tuvo un error, dice que se le hizo una laguna y cayó en la red de espaldas y aplastó un banco. Uno desde arriba se siente tan impotente? la veía caer y sabía que no podía llegar y le gritaba a los asistentes? pero fue tarde. De todos modos y, felizmente, ahora está bien.
-¿Por qué se juegan la vida?
-Porque está en nosotros. Yo perdí varios compañeros? cuando Las Aguilas Humanas salimos de gira éramos veinte ¿sabe cuántos volvimos?
-No.
-17. Tres se mataron en una gira que duró dos meses? una o dos semanas en cada país, se mataron en plena función, delante del público.
Algo parecido le sucedió a otro compañero nuestro, un payaso reviviendo lo que cuenta la historia. Se cortó la luz cuando iba a entrar y regresó a la casilla teniendo un ataque al corazón y se murió en el hospital.
-¿Por qué dice ?lo que cuenta la historia??
-Dice: ?de un ataque al corazón, anoche murió un payaso? lo divertido del caso es que mientras su cuerpo está muerto la misma gente aplaudía y pedía que repitiese de muerto?. Y a él casi le pasa lo mismo?
-¿Eso sería morir en su ley?
-¡Claro! Y es lo que quiero yo, lo que queremos todos. No quisiera que me atropellara un auto o caerme en la calle o pisar un cable de luz que es muy común en un circo porque hay cables pelados por todos lados? pero me gustaría quedarme acá, en la pista, por lo que lucho y arriesgo día a día.
-¿Cuál es la misión de un artista de circo?
-¿Usted cuál cree que es?
-¿Lograr el aplauso?
-No, no? cada uno de nosotros, de los que trabajamos en el circo, desde el electricista hasta el portero, el payaso, todos queremos que la gente se olvide por un par de horas del estrés del trabajo, de los problemas familiares? de todo lo que le hace mal y que se ría con ganas, el aplauso viene después es como un agradecimiento por haberlo sacado de su rutina.
El circo es una terapia, y nosotros, cada uno de los que trabajamos acá, somos los médicos del corazón que intentamos ?al menos temporariamente- curar del aburrimiento y la rutina a todos los que llegan a la carpa. Y le aseguro que lo conseguimos, porque le brindamos un mundo de alegría, de color, de esperanza, porque a la gente de la tercera edad que viene a verme le digo ?tengo 77 años, estuve todo roto y acá me ven arriba de un trapecio?. Entonces, puede que le haga pensar que debe empezar a moverse porque todavía no le llegó la hora de quedarse quieto para siempre.
-¿Cómo cerraría la nota?
-Diciendo que nosotros no hacemos de la vida un circo? lo vivimos

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