La industria del software argentina procurará definir su perfil de desarrollo

El sector es uno de los más valorados por el Gobierno nacional, “por llevar los problemas pero también las soluciones”, según había dicho oportunamente la presidenta Cristina Fernández.
Hasta el momento 95% de las exportaciones de empresas del área se identifican con el “manpower” (horas hombre), modelo que a la India le reporta ingresos anuales por 32 mil millones de dólares.
“Ese modelo no le conviene a la Argentina, ni por escala ni por costo ni por cultura”, consideró Miguel Calelo, titular de la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos (Cessi).
Un ejemplo de la diferencia cultural pasa por lo que están dispuestos a cobrar por hora de trabajo un programador de la Argentina y uno de India.
En ese nivel de servicios, las horas hombre tienen un valor internacional de entre 10 y 20 dólares, un precio por debajo de lo que aceptan hoy en la Argentina los técnicos y especialistas.
“Es cierto que muchas empresas nacionales aún están en esa escala del negocio, pero también es cierto que están trabajando por debajo de los costos”, apuntó Calello.
Hasta hace cinco años, las firmas locales del sector sostenían que no se podía competir con India “por una cuestión de volumen”, pero hoy, con un dólar más cerca de los 3 pesos que los 3,20 de hace dos meses atrás, vuelven a aparecer las señales de alerta.
Pero además, sostuvo Calello, “el talento volvió a ser la moneda internacional que pesa”, y dejar a los profesionales de la Argentina trabajando en esta rama del negocio es “un desperdicio”.
Así, los modelos más adecuados para comparar a la Argentina son los de Israel e Irlanda, donde el foco en el desarrollo de la industria local y las exportaciones de valor agregado lograron elevar a 80% las ventas al exterior.
Israel exportó el año pasado 3.600 millones de dólares e Irlanda por aproximadamente 5.000 millones.
En ambos países, recordó Calello, el sector público apuntaló la industria local, no sólo con promociones sino con la creación de fondos de riesgo para financiar a las empresas.
“Y cuando el sector privado se sumó a esos fondos de riesgo, el Estado se retiró y quedaron en manos de privados”, añadió.
Aquí, “sin esos capitales de riesgo el crecimiento será vegetativo”, ya que al menos las PyME del sector -la gran mayoría de las de capital nacional- reinvierte 80% de sus ingresos.
“Si se incrementan los costos pasamos a no ser competitivos, y si no tenemos utilidades no podemos reinvertir”, agregó.
Calello señaló por último que para el sector privado el desafío es “la asociatividad dura”, la conformación de conglomerados de empresas, que afronten juntas por ejemplo la tarea de posicionar el software argentino en el exterior.

 

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