La obra de los Magaró, en la Capilla de Loreto, comienza a verse desbordada por la demanda

Aunque su mirada suele ser optimista, esta vez uno de los referentes del barrio La Movediza, Carlos Magaró, reconoció que la coyuntura económica vuelve a golpear a la puerta de los más débiles y que, en ese contexto, ha comenzado a aumentar la demanda que, desde los primeros días del año, se ha visto triplicada y que se les hace muy difícil dar contención y esperanzas a todos aquellos que apuntan a la Capilla Nuestra Señora de Loreto, en busca de un paliativo a sus necesidades más urgentes.
Por convicción y porque la necesidad de ayuda social había descendido en un gran porcentaje, Carlos Magaró, junto a su esposa Chiquita, había logrado cerrar el comedor comunitario bajo la premisa de ?que la familia debe comer en casa, reunida alrededor de la mesa, no en un comedor comunitario?.
De todos modos, continuaron con la asistencia de los que aún la necesitaban y desarrollaron un plan de viandas, que había descendido a 25 el número de familias que la recibían, logrando así que además fuera la madre o en su defecto, el grupo familiar, el encargado de preparar la ración diaria de alimentos y retomar la costumbre, sana, de la familia reunida para el almuerzo y la cena.

 

?Parece mentira?
Hoy, Carlos Magaró se muestra preocupado (y ocupado) al reconocer que ese número ya ha aumentado a 70. Mientras asistía a la presentación de El Social, el nuevo colectivo que desde Desarrollo Social será una herramienta para la inclusión, dijo que ?esto es muy importante porque hay chicos que, además de tener carencias económicas, por lo tanto carencias de alimentos, también las tienen en otro sentido, que es no conocer a su propia ciudad y esto es muy importante para su inserción en la sociedad, parece  mentira pero hay chicos que no conocen el centro, el lago?.
Agregó que es ?importante por que les abre la mirada del mundo y pueden ver otras cosas, estar en contacto con otras posibilidades y eso es, justamente, lo que hay que hacer, es mostrarle a los chicos otras cosas, que vean y estimularlos para mantenerlos ocupados y no que deambulen por el barrio sin nada para hacer con los peligros que ya todos conocemos?.

 

Los dos Tandil
La pregunta para Magaró fue si todavía existen los dos Tandil, a lo que respondió que ?sí, existen dos Tandil. Los chicos que normalmente tratamos nosotros son chicos carentes de toda posibilidad, que no tienen sus hogares bien formados, que no tienen la suerte de una madre o un padre responsable, que se encuentran muy desprotegidos. Creo que en eso es en lo que más tenemos que trabajar, tratar de salvar a esos chicos, a esa generación. No es un trabajo de un día pero en algún momento hay que comenzarlo, es un trabajo de largo aliento, que demanda mucho tiempo pero es lo que puede llevarnos a no tener que lamentar chicos que cometen delitos, que caen en la droga, chicos que realmente, lo que necesitan es cobijo, amor y que realmente alguien le muestre las posibilidades?.

 

?Un trabajo de largo aliento?
Sobre el servicio de comedor y viandas que se reparten desde la capilla, Magaró dijo que ?el comedor dejó de funcionar, por suerte habíamos podido cerrarlo cumpliendo, así también, con nuestra premisa de mantener unidad a la familia. Las viandas bajaron a 25 pero, lamentablemente, hoy ya se han elevado a 70 y ya nos empezamos a ver desbordados?.
?Nuestros recursos son limitados -agregó- ya que nuestra obra se basa en las donaciones de la gente, nuestros bolsones son bastante precarios y cada vez se acerca más gente a pedir ayuda, que además, reciben los lunes, miércoles y viernes, pan y otros artículos que podamos agregar?.
Consultado sobre la posibilidad de volver al comedor, dijo que no: ?Me resisto a hacerlo. Debemos volver a trabajar con la familia, en sus casas, la familia debe estar unida, sentada a la mesa, y los chicos, junto a sus hermanos. Hay que volver a valorar a la familia, con todos sus aciertos y con todos su errores?.

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