La psicóloga Lezcano y la niña de la varita mágica

Tal se había anunciado, ayer comenzó el juicio oral y público contra la psicóloga Daniela Lezcano, quien está acusada de los delitos de “Falso testimonio agravado y falsificación de documento privado en concurso ideal”.

A más datos, a Lezcano se le endilga haber manipulado y modificado dibujos de una niña, realizados durante una entrevista, con el fin de efectuar una denuncia contra el papá por presunto abuso sexual.

Allí estaba entonces la señalada. La mujer que puso en aprietos a los actores judiciales con denuncias al por mayor y supo aglutinar a vecinos varios autoconvocados como víctimas del sistema judicial local por formar parte de una presunta larga lista de casos de abusos sexuales a menores no resueltos, formando parte de un engranaje que supo contar con eslabones más allá de las fronteras serranas y muy cercanas a la Casa Rosada, ahora está sometida a un enjuiciamiento en el mismo ámbito que supo combatir desde afuera.

Acompañada por algunos familiares y su abogado defensor, el doctor Carlos Zimerman, Lezcano escucharía los lineamientos acusatorios del fiscal Marcos Eguzquiza ante la mirada atenta del Tribunal integrado por los jueces Guillermo Arecha, Gustavo Agustín Echeverría y Carlos Pocorena (Pablo Galli se excusó).

Los argumentos del ministerio público no hicieron más que repetir la acusación que oportunamente elevó para arribar a esta instancia de juicio, considerando que el accionar de la psicóloga exige un reproche estatal.

Reseñó que en junio de 2009, en la Comisaría de la Mujer y la Familia, la acusada prestó declaración en torno a la investigación por el delito de abuso sexual de una menor y afirmó “falsamente en perjuicio del denunciado, que la menor, en el marco de una entrevista con la profesional, en su consultorio particular, le refirió haber sido obligada a mantener sexo oral, diciendo que la menor había manifestado (…), (se reservan los términos textuales de lo expuesto) y que en el marco de dicha entrevista, había efectuado en su presencia dibujos o gráficos con indicadores de abuso sexual, aportando dibujos realizados parcialmente por la menor en hojas membretadas de la psicóloga, los cuales poseían agregados efectuados por la misma, indicando falsamente en su declaración testimonial al personal policial que los gráficos habían sido realizados en su integridad por la menor, todo con el fin de acreditar que el padre había abusado de su hija y sabiendo que con ello ponía en riesgo al hombre de ser perseguido y condenado por la comisión de un ilícito penal”.

Asimismo, hizo “incurrir, con su declaración parcialmente falsa y con los dibujos falsificados aportados a la policía de los cuales hizo uso, en un error al Ministerio Público Fiscal y al titular del Juzgado de Garantías 1, lo cual originó posteriores diligencias instructorias, peritajes psicológicos a la menor, y la recepción de una declaración a la menor como adelanto extraordinario de prueba, con el consecuente perjuicio que ello conlleva”.

Al turno de la defensa, el abogado anticipó una postura inquieta que iba a sostener a lo largo de la extensa jornada de la primera audiencia. Criticó la intervención del fiscal al considerar que sus lineamientos parecieron más a un alegato que lo que establece el código, para luego anticipar que iba a quedar demostrada la inocencia de su clienta, ya que los elementos recolectados en la causa a ventilarse en el juicio no resultan suficientes para una acusación de este tenor.

 

Ventilando las pruebas

Al tiempo de presentar la prueba de cargo, desfilaron primero frente a los jueces las dos policías que tomaron la denuncia de la madre primero, y la testimonial de Lezcano después, con la entrega de los “famosos” dibujos.

Así fue que las oficiales de la Comisaría, Silvia Runo y Sonia Guerra, recordaron a varios años del episodio cómo se procedió a tomar la denuncia y quién entregó los dibujos. Reconociendo errores en la confección del acta del procedimiento, coincidieron en reseñar que la madre denunciante mostró primero los dibujos originales, pero que luego no los dejó por pedido de la psicóloga, quedando en el expediente, entonces, una copia de dichos manuscritos que aparentemente eran de la presunta niña abusada. Los originales de dichos dibujos serían entregados luego por Lezcano.

Las declaraciones de las policías no resultaban menores al interés del debate, siendo que la defensa cuestiona la validez de dichos dibujos y la posibilidad de haber sido manipulados. Por lo visto y oído, más allá de algunas falencias procedimentales, las uniformadas resultaron creíbles, admitiendo incluso alguna precariedad funcional que llevó a omitir quién entregó aquellas ilustraciones que determinaron, más luego, la imputación de la licenciada.

Relato de madre

El testimonio más trascendente de la jornada lo protagonizaría precisamente la mamá de la menor, que quedó presa de una manipulación judicial por años, hasta desembocar en el sobreseimiento de su papá que, en verdad, nunca había quedado imputado -solo denunciado- porque su propia hija, en cámara gesell, negó los hechos que antes había referido “varita mágica” en mano ante Lezcano, la mamá y la entrevista con la psicóloga del Juzgado de Familia también.

La madre expuso por un par de horas su historia, que la llevó a entrevistarse con la psicóloga que luego terminó denunciando una vez disipadas sus dudas respecto a su hija y la relación con su ex pareja y papá de la niña.

La mujer reseñó que vivió una relación violenta con su ex marido desde que nació la niña y que desembocó en la separación. En dicha virulenta relación, en pleno proceso de descomposición, la niña presentaba signos de violencia en el ámbito educativo, lo que generó el llamado de atención de la escuela, desde donde el gabinete psicopedagógico le aconsejó consultar una terapeuta. En un listado presentado se le ofreció a Lezcano y hacia ella fue la mamá preocupada.

Las entrevistas con Lezcano se repitieron por un año y medio. No sólo su hija sino también ella y el resto del entorno familiar, entre ellos el progenitor de la niña, quien -al decir de la mujer y la abogada del ex denunciado luego- mantuvo una fuerte discusión con la licenciada por razones poco claras. A los días de aquella discusión, Lezcano le anoticiaba a la mamá lo peor: la hija había sido abusada por su papá.

“Lo tenés que denunciar, y si no lo hacés lo hago yo”, le quedó grabado a fuego a la madre sobre aquel episodio que desembocaría en lo que luego sería un derrotero de entrevistas con actores judiciales, con abogados ofreciendo sus servicios (propuestos por la misma psicóloga) y hasta haciéndola partícipe de marchas con otros papás pidiendo justicia, exponiendo a sus hijos incluso con fotos publicadas en los medios.

La mujer no dejó de mencionar que la niña iba dos veces por semana a entrevistarse con Lezcano y en una de esas visitas se cruzó con Mariano Gonzalo (emblemático caso en la ciudad), con quien intercambiaron experiencias sobre lo que les habría pasado. De hecho, el fiscal le preguntó y la mamá respondió enfáticamente acerca del consejo que le había dado Lezcano: “Si la Justicia no te toma la denuncia y no avanza tenés que llevarte a la nena de la ciudad”.

La mujer reconoció que en medio de la conmoción que le provocó aquella confirmación de la psicóloga sobre lo que había pasado su hija, hizo lo que le decían y se sometió al proceso para saber la verdad.

El detalle de la “varita mágica” no resultaba caprichoso. La mamá primero, y la abogada que luego testificaría, subrayaron que Lezcano en cada entrevista la daba una varita mágica para que manipule y juegue en medio de la charla. Incluso se la dio en las puertas de la cámara gesell que se realizó en el juzgado de Menores, donde la psicóloga la dijo a la niña (al decir de las testigos) “acordate de lo que hablamos, tenés que decir la verdad, lo que contaste”.

Pero en la cámara gesell la niña no repetiría lo que antes había expresado varita en mano. Es más, detalló ante el psicólogo perito Adolfo Loreal y el perito de parte Castex, que ella no había terminado aquellos “famosos” dibujos, sino que los completaba “Daniela”.

Lezcano, enterada del resultado de la cámara gesell, le sugirió a la madre apelar el procedimiento, para lo cual le ofreció abogados marplatenses, entre ellos recordó a un tal Maximiliano, quien luego la llamaría telefónicamente ofreciendo sus servicios, propuesta que la mujer desistió.

A preguntas del fiscal, la mamá entre llantos dijo que Lezcano le había “jodido la vida”. “Le entregué a mi hija para que la cure emocionalmente y todo fue peor”, en llanto soltó la consternada mujer frente a los jueces.

Recordó cuando la propia Lezcano la convocó a una movilización y marchó con otros padres pidiendo justicia. “Marché hasta que se me cayó la venda. Era todo una farsa…”, señaló.

En la actualidad, la mamá y su hija ya de 11 años tratan de no hablar mucho de lo que padeció, y mantiene una buena relación con su papá. Cuando sale el tema, la madre contó que su hija le dice que no entiende porqué  Daniela le dijo que dijera eso de su padre…

El defensor repreguntó y buscó aclaraciones sobre algunos de sus dichos pretendiendo poner en crisis los contundentes dichos de la mamá. La mujer, con su padecimiento a cuestas y el agobio de haber testificado por horas, mantuvo un relato que pareció sincero, sin fisuras, dejando en claro que no tenía ninguna animosidad para con quien fuera la psicóloga a la que confió su bien más preciado, su hija.

Después llegaría el comparendo de la abogada Patricia Perelló (ver aparte) y así dar por culminada la primera audiencia, retomando mañana a la espera de más testigos aportados por las partes.

Palabra de abogada

La conocida letrada marplatense Patricia Perelló fue interrogada como testigo, siendo que fue abogada del padre denunciado e intervino en el caso, promoviendo luego que se investigue la posible comisión de delito de la psicóloga en cuestión.

Perelló recordó con énfasis cómo tomó contacto con la causa y que desde un principio notó algunas curiosidades que la llevaron a ahondar en el caso. Más allá de los dichos que supo repetir de lo que le había planteado su cliente, relató sobre el virulento episodio en el juzgado de Menores que sí resultó testigo directo, cuando acudió a la cámara gesell con el papá de la niña y se toparon con la violenta reacción de Lezcano, quien estaba en la sala de espera junto a la mamá, la abuela y la niña presuntamente abusada. Celular en mano gritó “ahí está el violador, ahí está”, lo que generó una densa incomodidad entre los presentes, incluso la propia abuela de la niña tratando de calmar a la psicóloga.

A más reseña, la abogada recordó lo que fue la entrevista bajo cámara gesell de la que ella participó como oyente fuera del recinto, al igual que el resto de la familia, y repitió aquella sugestiva actitud de la licenciada entregándole la varita mágica a la niña para luego indicarle “acordate de lo que hablamos…”.

Luego relató que una vez culminada la audiencia, la niña corrió a los brazos del papá y su tía, y que tenía ganas de irse con ellos, pero la mamá consultó a la psicóloga y ésta la indicó que no era aconsejable.

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