Las salas del Mumbat trajeron nuevas miradas que vincularon la multiplicidad de lenguajes

Cada año el Museo se arriesga a más convocando a excelentes artistas con una sorprendente calidad de trabajos, siempre pensando en la comunicación que surgirá entre los diversos lenguajes artísticos. Con ese enfoque cultural, el Museo vistió sus salas alternando arte con literatura, instalaciones sonoras y visuales, y performance.

Las letras y las puestas visuales

Si bien el espacio siempre abrió sus puertas a las presentaciones de libros, tanto de autores locales como nacionales, durante el 2015 -por ejemplo- expusieron entre otros Yolanda Laurentti de nuestra ciudad, Elda Durán de Córdoba, el ilustrador Rep de Ciudad de Buenos Aires, Néstor Tirri, por citar algunos.
En otras ocasiones dichas presentaciones formaron parte del fundamento conceptual de las muestras de artistas. Fue el caso de “Intimar con la materia” de Osvaldo Decastelli, quien tuvo un encuentro con el cartón corrugado hace más de treinta años atrás, reparando que era un material novedoso, el cual convertiría en su eje primordial durante toda su carrera. Y no sólo eso, sino que supo trabajar fusionándolo con los sonidos del cartón en una instalación que sorprendió por sus tamaños y formas como así también por los sonidos emitidos. La obra tuvo una fuerte resonancia escenográfica, que se fue descubriendo con el espacio y la iluminación adecuados. Y en una continua búsqueda sometió el material a la luz-rayos X, y con una de las imágenes realizó un video “halito”, así la materia inanimada comenzó a tener presencia vívida, la que se complementó con sonidos propios del corrugado. En el marco de increíble muestra Osvaldo Decastelli presentó -junto a la autora local Patricia Ratto- su libro biográfico. Aquí se combinaron las instalaciones sonoras y visuales con la literatura generando una propuesta dinámica y de retroalimentación.

El espacio como obra

Si de magnitud e invasión del espacio hablamos, hay que mencionar a Guillermo Vezzosi. El artista comenta: “La necesidad de romper el soporte (como lo he denominado desde el principio) surge a principios de mis desarrollos y búsquedas dentro del arte. Siempre me fue incómodo tener que abordar una obra (por ejemplo un dibujo) y tener que subordinarlo a los límites de lo establecido. Fue así como sentí que el dibujo debía ser autónomo, libre, sin límites. De esa forma surgió una primera realización que trasladó los dibujos de líneas a la pared, pero en vez de utilizar trazos realizados con tinta aparecieron trazos generados con alambre de aluminio anodizado y en vez de papel, la pared pasó a ser el soporte sobre el cual intervenir. (…)”. De manera clara el artista definió su obra, lo que proyectó en el Auditorio del Mumbat.
Por su parte, Mario Quinteros en “Paisaje Dorsal” también nos permitió observar los alcances de la línea y el gesto de su trazo en esta oportunidad la obra osciló entre la instalación, la escultura y el objeto. Básicamente es un dibujo pero que saltó al espacio estratégicamente.

El sonido como protagonista

De manera diferente, aunque tratándose también de una instalación, Pablo Bas con “Elipsis” permitió la interacción del público con su obra sonora, ocupando físicamente y acústicamente un espacio tridimensional. Elipsis se estructuró a partir de una composición acusmática, del tipo sonomontaje, que sonó en forma permanente por altavoces instalados en la sala y que estuvo realizada principalmente a partir de sonidos y paisajes sonoros de los que graba en forma habitual. Interpeló al público para que participe y complete con sus acciones la construcción de la obra generando sonidos que dialogaron en simultáneo con el movimiento de los cuerpos y de las luces.

Acciones performáticas

Buscando nuevos formatos de interacción con el espectador, el Mumbat invitó a artistas performáticos que se vincularon artísticamente con las muestras en sala. Zulema Maza incorporó nuevas tecnologías desde 1998 a través de la posproducción digital de imágenes fotográficas manifestadas en sus enaltecedoras obras como ocurrió en la exposición “Tres Fronteras”, donde se disfrutó de la performance del grupo Las Pasto Verde, quienes a través del arte del movimiento crearon nuevos climas de participación. Esta misma sensación fue transmitida por María Celia Paniagua en la obra performática Isla Blanca dentro del marco de la muestra de Jorge González Perrín. La actriz comunicó desde el lirismo y el discurso la columna vertebral del texto que es un largo fragmento del poema “El Maestro”, dedicado a Sigmund Freíd. Abrió desde el tributo amoroso un debate: la mujer es perfecta. La resonancia de esas palabras cada vez, en la actriz y los espectadores, invitando a la reflexión. Isla Blanca pretendió transmitir con lealtad el imaginario de la gran poeta norteamericana Hilda Doolittle diciendo los poemas en argentino, desde las traducciones de las poetas Mirta Rosenberg, Diana Bellesi y María Negroni.

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