Llega “Jamás me levantó la mano”, una radiografía de la relación amor-odio entre una madre y su hija

Fátima, una madre sola, y Naiara, su hija adolescente, viven en Villa Seca, un pequeño pueblo con pocos recursos y sobreviven como pueden, una historia repleta de desencuentros y soledades. En el mundo de “Jamás me levantó la mano” Fátima y Naiara están al límite: nada es como mamá planea, nada es como a Naiara le gustaría que fuera, y todo queda al descubierto por un concurso de baile. Protagonizada por Claudia Gayo y Verónica Fernández, esta pieza teatral escrita por Marcos Casanova y dirigida por Alejandra Casanova y el propio autor promete llevar al espectador por el mismo camino que transitan las mujeres que le ponen el cuerpo: del amor al odio, de la ternura a la rabia y de la risa al nudo en la garganta. Antes del estreno, el sábado a las 21 en el Club del Teatro, el equipo charló con El Eco de Tandil.

-¿Cómo surgió la historia?

Marcos Casanova: -La historia surgió un día haciendo zapping, mirando el “Bailando” y viendo la jungla que existe, que es bastante extraña. Se me ocurrió trasladar esa jungla a gente normal y extraña a ese mundo. A raíz de esa anécdota se fueron disparando otras cuestiones como la relación de una madre y una hija. Armé el baile en otro lugar, en un pueblito inventado. Ya van dos veces que invento un pueblo, ¡veo el mapa y existen! Ahí empezaron a surgir cuestiones intrafamiliares, o relaciones familiares, que son como mi metié, donde mas cómodo me siento. Empecé a jugar ahí y surgió lo que surgió.
-La obra habla del vínculo madre-hija, con todo lo que eso implica. ¿Cómo es retratar una relación tan femenina?
Marcos Casanova: – Tengo dos hermanas mujeres, una madre, y de chicos también vivimos con una tía. Y tengo tres hijas. Me he criado entre mujeres. Y la relación entre una madre y una hija que es absolutamente bipolar: vos te metés a frenar una discusión, donde parece que se están por matar, y te diste vuelta y están a los besos. Eso ocurre únicamente entre madres e hijas. Es una relación en la que se matan y a la vez hay un amor… también hay competencia, me parece. Como me he criado entre esas relaciones aprendí… Una de las lecciones es no meterme. Y como no me meto, observo.
Alejandra Casanova: -¡Yo soy una de las causantes de la psicosis! Al principio Marcos me iba mandando los borradores, como hace siempre, con la idea… Y luego me sumé al proyecto desde la dirección. Estoy muy entusiasmada, porque ¡hay tantos vericuetos en una relación madre e hija! ¡Se puede sacar tanto! Y más trabajando con actrices tan versátiles y moldeables como son Claudia y Verónica. La obra transita por muchísimos momentos: en las historia de cada una, lo que le pesa a la madre, lo que le pesa a la hija, el futuro de la hija que se siente responsable la madre. Los amores, las rabias. Los odios. Las cosas de familia que nunca se dijeron. Trato de trabajar mucho la relación de ellas y la verdad es que es un placer.
-Una relación que durante la obra cambia rápidamente y va de un lado a otro.
Marcos Casanova: -Y a veces el amor y el odio van en el mismo carril y al mismo tiempo.
Alejandra Casanova: -También es fundamental en esa relación el saber que se tienen la una a la otra más allá de lo que pase. La obra es muy intensa todo el tiempo. En un momento te conmueve, luego ves una relación tirante que te hace ruido y hasta te hace mal por cómo se tratan y al ratito volvés a la emoción con una imagen, una mirada o un gesto que cambia todo de nuevo.
-Varía muy rápido.
Marcos Casanova: -Instantáneamente. Y ahí también reside la dificultad de la puesta.
-¿Cómo es interpretar a estas dos mujeres tan fuertes?
Verónica Fernández: -Son personajes muy complejos, y con estos cambios tan rápidos inclusive de emociones, es muy difícil trabajar, pero está bueno. Y también creo que muchas madres y muchas hijas se van a sentir muy identificadas.
-¿Indagaron en su propia historia para componer los personajes?
Verónica Fernández: -Sí.
Claudia Gayo: Sí, pero además, digamos, yo no tengo hijos y el tema es que tampoco es necesario tenerlos para ubicarse en el personaje: reacciono frente a lo que me propone Verónica, que tiene una intensidad tremenda. Entonces, lo más importante es la relación entre nosotras más que lo que pasa, que también es recontra interesante. Y lo que no se dice en el caso de la madre, las frustraciones que tiene, lo que no ha dicho nunca. Ella dice que es como un amortiguador por estar en el medio. Eso es el rol femenino muchas veces en la familia, el de conservar secretos para que uno no se ofenda, para que el otro no se entere, e ir acumulando esa bronca que en algún momento estalla. Que tiene que estallar.
-Además, pone todas las expectativas en su hija.
Claudia Gayo: -Las frustraciones propias, claro. Y por otro lado ve que no da pie con bola, porque realmente es una nena bastante desorejada: no me estudia, está todo el día con el telefonito, entonces…
Marcos Casanova: -Es el pensar de la madre de “a mí no me fue bien, por lo tanto le tiene que ir bien a ella”. Y entonces todo lo que yo no supe o pude hacer, lo tenés que hacer porque sos el único vestigio que tengo de triunfo de algo. Porque yo ya no puedo.
Claudia Gayo: -Presiona con cosas además que a la chica no le interesan.
-¿Cómo fue la preparación de la obra?
Alejandra Casanova: -Tenemos un muy buen equipo de gente. Estamos trabajando hace bastante tiempo. Yo a los actores les doy tiempo, porque le tienen que pasar las cosas por el cuerpo. Está bueno esto de que fueron encontrando un montón de cosas y siguen proponiendo cosas nuevas. Me parece que “Jamás me levantó la mano” una obra muy entretenida donde, como las actrices, el espectador va a pasar por estos mismos estados: de golpe se va matar de risa de algo, y por momentos no va a estar tan bueno, o se va a emocionar. A mí me pasa.
-¿Incomodidad?
Alejandra Casanova: -Y… pasa de pensar “qué fuerte lo que dijo”. Cosas que hacen ruido. Me parece que es muy linda propuesta.
-¿Cómo es hacer humor con temas complicados?
Alejandra Casanova: -Sino todo se transforma en tragedia. Yo soy una defensora del humor. Me parece que desde ese lugar se pueden tocar todos los grandes temas de los seres humanos. Y es tan difícil, tan chiquitito el límite… Hay que tener un tiempo especial para el humor. Es en el momento justo o no es. Requiere mucho trabajo.
-¿Es lo más difícil de lograr?
Alejandra Casanova: -Sí. Hay muchas variables, pero el humor puede venir desde un silencio hasta de una palabra que va justo después de la otra. Si va dos segundos más atrás, se fue el momento. Esos son efectos. Y es difícil trabajarlo. Uno tiene que estar muy seguro, y tiene que haber mucho ensayo. La intención de esta obra es que sea una comedia dramática, que el espectador pueda convivir con esta relación de madre e hija y pase por los momentos que tenga que pasar.
Marcos Casanova: -En algún punto es divertida, en algún punto te emociona, en algún punto te golpea, y al rato te vas a divertir de vuelta.
Alejandra Casanova: -¡Y también tenemos a la chica, que baila!, porque es un certamen de baile.
-¿Por qué le recomiendan al público ir a ver “Jamás me levantó la mano”?
Verónica Fernández: -Porque esta buenísima, porque hicimos un re laburo de muchos meses, para que se diviertan y para que también puedan pasar por todas estas emociones que todos pasamos en algún momento de la vida. Esta bueno para identificarse o hasta, en algún punto, para hacer una catarsis.
Alejandra Casanova: -Queremos agradecer también a la gente que estuvo trabajando en el proyecto: Eugenia Vargas que hace la realización escenográfica; Nacho Claret, que estuvo con la coreografía; Luis Gaiada con la voz y locución en off; Fernando Segura a cargo del sonido y grabación y Adrián Botella en fotografía y Agustín Medina en diseño e imagen.
Marcos Casanova: -Y a las empresas que nos ayudan y apoyan, y creen en el trabajo que hacemos.

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