Llega “La casa de la muerta”, una obra distinta

Tres obras cortas, de suspenso y con finales inesperados. Una pieza que las contiene, las engloba y le agrega un poco más de terror. Una oferta teatral distinta para los amantes de este género. Este domingo a las 20 llega al Club de Teatro “La casa de la muerta”: tres historias trágicas y violentas que ocurrieron en una misma casa en donde su primera dueña continúa habitando allí.

“Vivian, la niñera”, sucede en el año 1986. Durante la trama, una niñera siniestra no permitirá que la separen de la niña que cuida. Diez años después llega “Ojos color sangre”: un muchacho ciego de nacimiento y enamorado de su empleada “lazarillo” recobra la visión al someterse a una operación quirúrgica. Su desconsuelo y angustia se disparan ante la desaparición misteriosa de su enamorada. Por último, “Marido asesinado”: durante el 2016, una mujer víctima de la violencia psicológica y física de su marido pondrá fin a esa situación.

Escrita por la abogada Leticia Pey, quien codirige junto a Gabriela Falivene​ y juntas actúan con Chabela Coronel Ruiz, Matías Franze, Silvia Maillo y Rosa Díaz, “La casa de la muerta” busca generar una sensación distinta a lo conocido en el espectador. “Queremos que el espectador sienta algo diferente, que se les erice un poquito la piel”, contó Leticia antes del reestreno en diálogo con El Eco de Tandil.

-¿Que busca contar “La casa de la muerta”?

-En primer lugar, “La casa de la muerta” es de suspenso, rozando el terror, un género que no estamos acostumbrados a ver, por lo menos en Tandil. Yo, que soy público de teatro y voy todos los fines de semana a ver obras, no lo he visto. Y soy fanática de ese género. Por eso se me ocurrió escribir una obra de suspenso que, además, toca temas importantes y de mucha actualidad como lo son la violencia de género, la violencia infantil y los crímenes pasionales, muchos relacionados también con la discriminación por el aspecto físico o por las clases sociales. En la obra trato de mechar temas de trascendencia, actuales, rodeados de este género de suspenso.

-¿Por qué decidiste escribir una obra?

-De chica escribía cuentos breves con final inesperado, y me gustaba el teatro. Cuando me recibí y vine a Tandil comencé a hacer talleres. Empecé en El Club de Teatro y me di cuenta que me encantaba. Yo lo sabía, pero los mandatos de “tenés que estudiar una carrera” o “no vas a poder vivir del teatro” hicieron que estudie abogacía. Ni bien terminé, empecé a trabajar y arranqué con los talleres de teatro. Ahí me di cuenta que eso era lo mío, que me encantaba. Por cuestiones de la vida, maternidad, casamiento, no tuve tiempo, hasta que mi hija fue más grande y retomé, pero lo hice desde el lado de la escritura, desde el lado de la dramaturgia. Tomé unos cursos con Catalina Landivar.

¿Cómo fue el paso del cuento a la obra?

-Es distinto escribir un cuento a escribir una obra de teatro, donde tenes que crear personajes, situaciones entre ellos… Me di cuenta que era mucho más divertido porque estas creando vidas. Creas un personaje que se va a relacionar con otro, que va a interactuar… y llega un momento en el que ya los personajes hablan por sí mismos, vos escribís lo que ellos dicen. Es al revés. Vos no le ponés el texto a ellos, ellos te lo mandan. Es fantástico lo que ocurre con la dramaturgia.

-¿Cuánto hay en la obra de tu mirada como abogada?

-Sobre todo en la obra de violencia de género trato de tocar algunos temas, pero sin ir a lo jurídico. Yo uso el teatro como un bálsamo de lo que es mi profesión. La profesión de abogada te limita mucho a la escritura. Uno está acostumbrado a escribir lo mínimo indispensable, no poner una palabra de más, pensar todo mucho, y tener que empezar a describir situaciones, personajes…Al principio me costó porque yo venía con toda esa formación de lo jurídico. Ahora trato de que eso no empañe mis obras, aunque sí mecho cosas. Si es un tema que está relacionado con lo jurídico me gusta contarlo bien, y que coincida con la realidad jurídica, no mandar cualquier disparate.

-¿Cómo surgieron las tres historias de “La casa de la muerta”?

-Son tres obras cortas con finales inesperados, como cuando escribía cuentos. No me daba para hacer una sola obra porque eran muy cortas, entonces junté tres que tocan el tema de violencia. Cada una de esas obras tiene un título, entonces en los hechos, en los ensayos, fui armando una obra madre, que es “La casa de la muerta”. Esta obra une a esas tres historias. Trata de “la muerta”, una persona que murió hace décadas atrás de manera trágica en su casa y se resiste a irse. A través del tiempo la casa se va vendiendo, la compran nuevos ocupantes y esa persona sigue estando ahí, y siguen ocurriendo situaciones trágicas. Esa persona no se va a ir nunca de la casa, y la casa actualmente está en venta. Hay que ver quien la quiere comprar. Esta a muy bajo precio. Y lo interesante es que somos seis actores en el elenco y los seis tenemos varios papeles para hacer. Es todo un desafío.

-¿Es tu primera obra?

-Es la primera obra que monto, así que estoy súper agradecida al Club de Teatro que me dio la posibilidad. Es todo un desafío: la puesta es diferente, los actores actuamos en distintas situaciones, y queremos generar ese suspenso, ese miedo… queremos que la gente se vaya con una sensación rara. Así como cuando uno va a ver una comedia se va divertido, o cuando va a ver un drama sale llorando… bueno, acá queremos que la gente quede con una sensación. Y lo hemos logrado porque este no es el debut. Probamos hace un mes atrás, cuando El Club también nos dio la posibilidad de hacer dos funciones, y nos sirvió mucho para probar qué siente la gente. Con esa base este mes estuvimos trabajando mucho.

-La última historia tiene que ver con la violencia de género, ¿qué buscaste con esa obra?

-Lo que yo pienso es que la violencia genera más violencia. En este caso, esta mujer que es víctima de violencia por parte de su marido, y la única manera que encuentra de parar con esa violencia es generando más violencia. Se hace un círculo vicioso. Están enfermos los dos, la violencia enferma a los dos. Y esta pobre mujer encuentra recurrir a la violencia para frenar con esa violencia. Está muy relacionado con lo que pasa ahora.

-¿Elegiste esa historia por el contexto social?

-No. Es un tema que siempre me interesó, porque había escuchado mujeres víctimas de violencia que decían, “te dan ganas de matarlo, de parar con todo esto matándolo”. Lo odias tanto que querés que muera. Entonces eso siempre me quedó grabado, como algunas mujeres no se animan a hacer la denuncia… Es tanto lo que te enferma un tipo así que no pensás racionalmente, entonces estás atrapada en ese mundo violento, y no te queda otra arma que la violencia para parar con eso. Lo mismo me pasó con la violencia infantil, con la discriminación… Son temas que siempre me han preocupado, que me han llamado la atención. En dramaturgia hablamos de disparadores, algo que te dispara, y ahí entrás a crear la situación y a los personajes. Y empiezan a interactuar. Todo esto dentro de este halo de suspenso y terror para crear más estímulo.

-¿Qué va a encontrar el público en El Club de Teatro mañana?

-Algo diferente. Todos los que la vieron me dijeron que es algo diferente. Y lo diferente esta bueno recibirlo. Queremos brindarle a la comunidad algo distinto, porque se dan mucha comedias, dramas u obras costumbristas… esto es para que sientan algo diferente, para que se les erice un poquito la piel. De hecho, se siente en el público en determinados momentos un “Ohhh”. Eso nos gratifica muchísimo. Buscamos que el público se vaya con algo, que en algún punto les haya pegado.

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