Los alumnos del IPAT presentarán una colección de 40 libros álbum de autoedición

Esta tarde comienza la Feria del Libro y las opciones, además de la tradicional recorrida de los stands de exposición, son amplias y variadas: charlas, presentaciones y talleres, libros para grandes y chicos, autores locales e invitados, producciones de editoriales de renombre y trabajos artesanales. Dentro de este último rubro, el viernes a las 18 en la Sala B del Centro Cultural Universitario, los alumnos del Taller de Texto de las carreras de Ilustración, Diseño Gráfico y Fotografía del IPAT 4 coordinados por la docente Carolina Cordi, presentarán una colección de casi 40 libros álbum de autoedición que ellos mismos crearon, escribieron y diseñaron y que serán donados para formar parte del acervo de la Biblioteca Sarmiento del Barrio Villa Italia.

Los libros álbum son libros en donde el texto y la imagen funcionan de manera inseparable construyendo una historia. En esta oportunidad los lectores encontrarán historias de amistad, con animales, dificultades por enfrentar, pruebas de vida, fiestas, peligros, sueños, tierras lejanas, humor, risas, preguntas y respuestas, entre muchos otros temas que abordaron los alumnos del IPAT. Carolina Cordi y las alumnas Sandra Bruno y Estefanía Rodríguez charlaron con El Eco de Tandil sobre la experiencia.

-¿Cómo definirían la experiencia de editar un libro álbum?
Sandra Bruno: -Fue muy enriquecedora, y siendo la primera vez que lo realizaba, comprendí que lo que se lee junto al soporte gráfico permite generar una dupla de incentivadora-deductora.
Estefanía Rodríguez: -Para nosotros fue una experiencia única. Entendemos que es parte del diseñador el uso de imágenes y textos para comunicar un mensaje y, al ser nuestra primera vez, lo realizamos con mucho esfuerzo y entusiasmo. Tuvimos que pensar desde el más pequeño detalle hasta lo más grande, desde lo simple a lo complejo. Constantemente fuimos intercambiando ideas entre todos los alumnos y, en paralelo, con nuestra profesora Carolina Cordi, quien fue guía en todo este proceso que, sin duda, nos gustaría volver a repetir.
-¿Qué va a encontrar el lector en la colección?
Sandra Bruno: -Hay varias propuestas, que van dirigidas desde los más pequeños hasta adolescentes. Cada alumno desarrolló la edición de manera diferente, algunos con ayuda digital y otros de forma artesanal. Quedó una colección muy variada y motivadora.
Estefanía Rodríguez: -El lector va a sumergirse en un mundo de colores y sensaciones, repleto de animales y situaciones por las cuales tendrán que atravesar. Los libros álbum relatan diferentes historias que abarcan la amistad, el amor y la confianza. Algunos de ellos tienen moralejas, otros que hablan más desde lo visual a través de las imágenes, otros se enfocaron más en el texto. Pero, sin lugar a duda, ninguno es parecido a otro.
-¿El hecho de combinar texto e imagen fue determinante al momento de elegir un tema?
Sandra Bruno: -No, porque si bien teníamos algunos fragmentos e imágenes para elegir, cada uno elaboró el tema de diferente manera. Te dejaba trabajar libremente en la historia siguiendo el hilo conductor, pudiendo coordinar trama e imagen sin adelantar situaciones.
Estefanía Rodríguez: -Como dijimos anteriormente, tanto el texto como la imagen son fundamentales a la hora de transmitir y comunicar mensajes. Son una combinación explosiva de la cual se puede sacar mucho provecho y se le puede proveer al lector de todo un sinfín de información. En la etapa de la elección del tema lo que hicimos fue no pensarlo independientemente de todos nuestros recursos disponibles, sino abarcar cada detalle en un todo, para así lograr que tanto texto, imagen y tema lograsen coherencia y armonía.
-¿Qué parte del proceso fue la que más les gustó?, ¿y la más difícil?
Sandra Bruno: -En realidad fue complementario. Lo que más me gustó fue darle diseño al libro, dado que estudio Diseño Gráfico. No obstante fue un desafío todo el proceso que nos planteó la profesora ya que los dibujos tenían que mostrar una continuidad u otra parte de la historia y no reflejar lo escrito y, por ende, el proceso de resolver diagramación y texto literario coordinados me implicó tener la mente proactiva para lograr un lector más participante.
Estefanía Rodríguez: -La parte que más nos gustó fue la del armado del libro en general. No sólo de pensar en la imagen y el texto, sino también de tener la libertad de elegir los formatos de texto que quisiéramos, la tipografía, la enumeración, la tapa y contratapa, las guardas, los tipos de colores, el estilo de dibujo, el recurso mediante el cual podíamos dibujar, ya que algunos están diseñados en computadora y otros manualmente. Todos estos detalles hicieron que nuestros libros sean un fiel reflejo de cada uno de nosotros.
La más difícil fue la idea de pensar qué era realmente lo que queríamos comunicar con el libro y de qué forma queríamos hacerlo. Teniendo tanta libertad a la hora de armarlo, cada uno tuvo que pensar y bocetear previamente qué es lo que quería hacer, pero no solamente en lo visual, también le dimos mucha importancia al mensaje a transmitir.

“Imaginar que algún niño va a leer
sus libros es una gran satisfacción”

-¿Cómo surgió el proyecto de hacer los libros?
-Carolina Cordi: La idea surgió en el marco de un trabajo práctico donde leímos libros álbum. En primera instancia, abordamos alrededor de seis o siete textos, a través de los cuales los alumnos pudieron comprender de qué se trataba este género tan peculiar. Luego, les repartí unas imágenes del libro “La balada del rey y la muerte”, de Koos Meinderts y Harrie Jekkers, donde había unos personajes bastante extraños y les dicté algunas frases del cuento, que sirvieron como disparadores para comenzar a escribir. La única restricción que les indiqué fue que debían pensar en niños como destinatarios de sus historias, incluir esas frases en el relato y que tres de los personajes que aparecían en las imágenes, debían estar en su cuento.
Surgieron historias tan interesantes que, pensando en que son alumnos de ilustración, diseño gráfico y fotografía, seguramente serían capaces de poder transformar esos cuentos en libros álbum. A partir de allí les propuse el desafío de contar esa historia a través de imágenes, que permitieran otras lecturas posibles. Así, los chicos de primer año de ilustración pudieron hacer sus propios dibujos, los alumnos de primer año de diseño gráfico se lanzaron a explorar las herramientas de diagramación y los estudiantes de tercer año de fotografía, usaron sus conocimientos para ilustrar las historias. Fue un arduo trabajo de escritura, corrección, diseño, ilustración y armado que finalizó en el ensamblaje de cada cuento.
-¿Qué fue lo que más le sorprendió del trabajo de los chicos?
-La predisposición que tuvieron para corregir sus textos tantas veces como fuera necesario, la creatividad con que abordaron los temas, el tratamiento que le dieron a la imagen, el cuidado y dedicación que le pusieron a sus producciones, la receptividad con que tomaron toda esta experiencia, aun antes de saber que los libros serían donados a una biblioteca popular, lo que enriqueció la propuesta en general, porque les permitió poner en valor su saber y compartir la experiencia con otra institución de Tandil. Creo que imaginar que algún niño va a leer sus libros es una gran satisfacción para estos alumnos y una buena instancia de aprendizaje.
-¿Por qué la elección de trabajar y editar libros en papel con una generación tan tecnológica?
-Porque creo que la experiencia con el papel no se compara a la lectura del e-book. Considero que debemos valorizar las prácticas lectoras que le permiten a un niño abrir un libro, tocar su textura, ver las ilustraciones en carbonilla, crayones, temperas u óleos. Creo que, sin desmerecer las posibilidades que nos dan las nuevas tecnologías, esto no se parece en nada a la lectura digital.

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