Los testimonios del horror en Bombay

“No puedo creer lo que vi en las últimas 36 horas. Muertos y sangre por todas partes y sólo escuché disparos de armas de fuego”, contó Muneer Al Mahaj, evacuado sano y salvo el viernes del lujoso hotel Oberoi/Trident. Mahaj, una de las 93 personas rescatadas de ese establecimiento situado frente al mar, estaba sin embargo acostumbrado a la violencia.
Reside en Basora, en el sur de Irak. “No he tenido comida propiamente dicha desde hace 36 horas. He sobrevivido con galletas, y hasta se me terminaron. Anoche (jueves) me quedé también sin agua”, explicó a la prensa este empresario. En el sector de salidas del aeropuerto internacional de Bombay, Greg Campbell, un abogado australiano, sigue con la misma ropa que llevaba cuando escapó del Oberoi/Trident, el miércoles de noche. “Llegamos a un pasillo en el que habían matado a alguien.
Había sangre por todas partes. Entonces tomamos un taxi y dijimos al conductor: llévenos al Taj (Mahal)”, el otro hotel asaltado por los islamistas, contó Campbell. “Afortunadamente, nos lo desaconsejó”, dice.
Un guardia de seguridad sudafricano, Faisul Nagel, estaba cenando con unos compañeros en el restaurante del Taj Mahal cuando se produjo el asalto. En ese momento empujaron a toda la gente hacia las cocinas. “Apagamos las luces en el restaurante para crear un elemento de sorpresa. Nos armamos con cuchillos de cocina y con picadoras de carne”, contó por teléfono a la AFP. Nagel y sus compañeros ayudaron a escapar a 120 personas, entre ellas una mujer de 90 años a la que tuvieron que bajar 25 plantas, sentada en su silla y por las escaleras. Cuando los clientes lograron salir, no podían creer lo ocurrido.
“Fuera de ese magnífico hotel, sólo había humo”, dijo Paul Guest, un juez jubilado, a una radio australiana. “Había sangre por todo el suelo y trozos de cuerpos”, añadió. Johana, una turista francesa de 24 años que viajaba con su primo, estaba cenando en el restaurante Leopold cuando varios jóvenes irrumpieron. “Sacaron armas de sus mochilas, lanzaron tres granadas y empezaron a disparar contra todo lo que se movía. Hubo muchos muertos”, contó a la AFP a su llegada a París.
“La gente corría por el restaurante, y algunos, como nosotros, se lanzaron bajo las mesas. Otros intentaron refugiarse en las cocinas, pero no lo consiguieron”, añadió con la voz temblorosa. Muchos extranjeros han descartado quedarse en Bombay, al menos a corto plazo.
“Es hora de ir a un sitio en el que uno se sienta seguro”, dijo un directivo británico de un banco europeo, antes de embarcar con su familia en el aeropuerto de Bombay rumbo a Singapur. “Necesitamos alejarnos del caos”, subrayó.

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