?Me siento debutando a los 72?

-¿Habló con historiadores locales cuando se decidió a escribir?
-Sí, con Néstor Dipaola, Daniel Pérez, Tony Ferrer, entre otros, y recogí mucha información en la Biblioteca Rivadavia.
-¿Qué le dijeron cuando les planteó esta idea de relatar la historia económica de Tandil?
-Ese fue el argumento que más me alentó porque cuando decidí introducirme en un medio que no era el mío,  me hicieron sentir uno más ya que saben  que estoy en el tema de la economía de toda la vida y que era un tema interesante pendiente en Tandil. Lo que me pasó es que  después que la encaré es que  me hubiese gustado hablar sobre la economía industrial que es mi fuerte. Me encontré con todo un período donde la industria estaba totalmente postergada. Si hoy todavía somos un país productor de materia prima, en aquella época era total. Entonces no encuentro ámbito industrial, no puedo hablar sobre ella. Sí menciono la revolución industrial que se daba en los países que nos mandaban las manufacturas y el porqué nosotros no fuimos un país industrial como lo deberíamos haber sido.
También tengo que reconocer que tuve que incursionar mucho en la historia y cada vez me sentía más complicado con los “colegas” –ahora los llamo así, dice sonriendo.
Me sirvió mucho una charla que tuve con Andrea Reguera que va a ser mi presentadora (N.R. Autora de “Patrón de estancia” y una profesora muy destacada de la Unicén). Estoy muy entusiasmado que haya aceptado y me quedé muy intrigado porque cómo era posible, esto lo digo después de leer “Patrón…” que una chica desde la historia haya escrito tanto sobre economía,  principalmente de la familia Santamarina. Me contó que debía escribirlo porque tenía muchos datos, información de cómo se administraban los campos en aquella época, pero realmente me sorprendió.
-Se destaca en uno de los capítulos El Eco de Tandil, ¿qué nos puede contar?
-En el capítulo que abarca 1880-1889, hay una referencia al Diario porque era un hecho social, económico y político. Y señalo en la página 84: “El Eco de Tandil fue fundado el 30 de julio de 1882 cuando los vecinos Jaca y Carpy tomaron la posta de todos los cronistas ancestrales para lanzarse a la aventura de fundar este diario, transformándose en uno de los primeros del país. Juan Jaca era español. Leopoldo Carpy, uruguayo. La vieja imprenta en los años de Amespil, funcionó en la esquina de 9 de Julio y Belgrano y sus páginas ya rescataban crónicas y relatos de viajeros”.

¿Y el industrialismo?
-Hace referencia también a la cultura del trabajo.
-Nosotros en alguna época política de Tandil hemos hablado, justamente, de la cultura del trabajo y lo que sorprendentemente me encuentro es que la historia de la era industrial del 1700, de Francia  e Inglaterra, el industrialismo fue una religión para la independencia de las monarquías. Pero acá no se dio.
-¿Es asiduo lector de libros de historia?
-Soy lector de historiadores como Felipe Pigna, Abelardo Ramos, Eduardo Galeano con “Las venas abiertas de América Latina” y esa preocupación suya acerca de que nuestra vaca, oro y plata sea la maldición de no producir el industrialismo.
-¿Lo ve así?
-Lo veo un poco exagerado y a veces me pregunto qué tendría que haber pasado.
-¿Qué cree?
-Sí, tendría que haber venido el industrialismo.
Espero la crítica
constructiva
-¿Es su primer libro?
-Sí. Tuve tres hijos y planté unos cuantos árboles (risas).
-¿Cómo se siente con un tipo de exposición diferente a la que está acostumbrado?
-Estuve en una presentación hace muchos años y me sorprendió que la escritora que era madre de familia y tenía cuatro chicos, comentara que haber escrito el libro era como tener un hijo más. Me dije que si lo aseguraba una madre algo de eso debía haber. No quiero copiar ni exagerar pero la verdad es que me siento debutando a los 72 años. Es algo muy distinto a todo lo que he hecho y muy lindo porque hice diez bocetos del arte de tapa y se lo di a amigos e historiadores para que me brindaran  su opinión y recibí una muy buena devolución y allí comenzó a ser un libro ya no mío sino de la gente. Le cuento a mi familia, a mis amigos más cercanos que me da más satisfacciones que la política.
-Se lo ve con todas las pilas puestas.
-Es que en la calle me dicen que están esperando el viernes… claro después que lo lean veremos porque seguro que vendrán críticas, objeciones sobre algunos términos que utilizo, pero claro son las reglas del juego.
-Investigó mucho
-Claro, había que hacerlo. Aunque trataba de buscar los datos más importantes relacionados con la economía, me faltaba algo y veía que estas familias –los Vela, Gómez, Santamarina- le daban al libro un poco de profundidad en el juego económico como propietarios de campo, que era la principal economía de la ciudad. Entonces, si eran los principales dueños de campos de 60 mil hectáreas que se dividieron entre siete hijos les quedaba 7 mil hectáreas a cada uno y lo mismo pasaba con los Vela, anterior a los Gómez, la economía pasaba por allí. Y son familias que siguieron estando acá y tuvieron mucho peso.
Para tener en cuenta
La presentación es este viernes a las 19 en la extensión áulica de la Unicén que a través de un convenio con la Anses tiene en el club Ferrocarril Sud, dependiente de la Facultad de Adultos Mayores.
Hombre agradecido
“Quiero mencionar con mucho agradecimiento a mi sobrina Melina que es la que me ayudó con toda la redacción del libro y en el arte de tapa “Composición de indio Pampa, soldado criollo y estanciero porteño” a Andrés. A la familia Zamora-Bossio. La primera está muy vinculada a nosotros por contactos con Talleres Tandil y Fundalum. Bossio es un apellido más conocido en la actualidad, ambos me han dado una gran mano.
Perfil
Nació en el barrio de la Estación. Luego se trasladó a la loma de Villa Italia donde conoció a Pochi, compañera de su vida con la que está cumpliendo cincuenta años de casados. En la Villa desarrolló su vocación emprendedora, creando en 1964 Talleres Tandil a la cual se anexa luego Fundalum, empresas metalúrgicas pyme. Presidió el club Ferrocarril Sud, la Asociación de la Pequeña y Mediana Industria, la cooperadora de la Escuela Fábrica, la Usina Popular. Desde siempre estuvo ligado al peronismo. Desarrolló tareas políticas como secretario de Promoción y Desarrollo.
Tiene tres hijos varones que dan continuidad al apellido, Gustavo, Marcelo y Adrián y seis nietos, todos tandilenses, consolidan el arraigo de este hombre con capacidad para articular ideas y desarrollo de gestión para llevarlas a la práctica. El dice: “Cuando una idea no se puede llevar a la práctica, no es ni siquiera una idea. El amor entre los hombres ha conseguido mejores frutos en menos tiempo”.

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