Merkel se quejó por los modos ?demasiado amigables? de Sarkozy

Según el diario suizo ?Le Matin?, Merkel detesta que la toquen y quiere que en El Elíseo se enteren. Su mano en el hombro, su palmada amistosa en la espalda, su brazo rodeándole el cuello… No lo soporta. A la alemana no le gusta las muestras de cariño del líder francés; incluso las considera una falta de educación. Y no se trata de algo personal, sino de diferencias culturales entre ambos dirigentes.
“Tocarse no forma parte de la cultura alemana, y aún menos de la cultura del este de Alemania”, explica Dorothea Hahn, corresponsal en París del diario berlinés ?Die Tageszeitung?. Además, a esto hay que añadir que Merkel es protestante, lo que supone mantener una cierta distancia entre los individuos, rigor, y austeridad tanto interior como exterior. En definitiva, las muestras físicas no son un asunto alemán.
Según El Mundo, no hay nada en común entre Angela, la puritana, y ?Gigi Sarko?; nada que ver entre un concierto de la orquesta de Bradenburgo y el rock de Johnny; entre la blanquecina piel de la alemana y el maquillaje del galo.
El psiquiatra y sexólogo Willy Pasini, citando trabajos del antropólogo estadounidense Edward T., distingue cuatro “distancias” que rigen las relaciones entre las personas en Occidente, de la más estrecha a la más distante. Angela Merkel, en sus relaciones laborales, prefiere mantenerse en la distancia, y sólo admite el protocolario apretón de manos. Para ella, algo más próximo es inconcebible.
Por su parte, Nicolas Sarkozy prefiere las relaciones más cercanas, algo más común entre los países mediterráneos. “Nosotros, los alemanes, -repite Hahn- preferimos un apretón de manos y una intensa mirada, mientras que los franceses son más partidarios de los besitos”.
Y es que el mandatario galo ya ha demostrado en más de una ocasión el ?cariño? que siente por la germana. ?Si digo que amo a Angela Merkel, por ejemplo, quiero decir que he aprendido mucho de ella y de su experiencia”, bromeó Sarkozy hace unos meses en la entrega del premio Carlomagno a la líder alemana.
En aquella ocasión, Sarkozy fue mucho más allá al referirse a algunos titulares de prensa sobre la supuesta “relación de amor” que existe entre Merkel y al asegurar al esposo de la canciller, el catedrático de Química Joachim Sauer, presente en la sala, que “no se lo crea”.

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