Murió un jubilado que había sufrido un infarto al ser asaltado en su casa

Según se informó hoy, el deceso del jubilado, de 65 años, se produjo el domingo último por la noche, casi dos meses después de haber sido asaltado, el pasado 10 de mayo, en su casa del barrio platense de La Loma. La víctima fue identificada como Enrique Eduardo Muñoz, un ingeniero jubilado, quien permanecía internado en grave estado, luego de haber sufrido un asalto a mano armada en su domicilio de la calle 18, entre 44 y 45, cuando descansaba junto a su mujer y dos de sus nietos, que dormían en otra habitación.
Al parecer, Muñoz había tenido en su momento una leve recuperación en el Instituto del Diagnóstico de esta ciudad, aunque su cuadro de acuerdo a lo dicho por los expertos, siempre se había mostrado prácticamente irrecuperable. El estado de salud de la víctima se había complicado el domingo 29 de junio, cuando sufrió un paro cardiorrespiratorio que provocó más lesiones, a la postre determinantes.
“Luego de aquel paro cardíaco todo fue empeorando hasta que el domingo pasado falleció” en la Unidad de Terapia Intensiva del Diagnóstico, señaló uno de los médicos que lo atendieron, en declaraciones citadas hoy por el diario El Día de esta ciudad. Muñoz había sufrido un infarto en medio de un asalto a mano armada, cuando dos delincuentes ingresaron en su domicilio y lo amenazaron con secuestrarle a sus nietos que dormían en una habitación contigua a la del matrimonio dueño de la vivienda.
Días más tarde, dos hombres fueron detenidos acusados de haber sido los autores del ilícito ocurrido en la casa donde vivía Muñoz. El acento paraguayo de los asaltantes, habían explicado en su momento los investigadores del caso, resultó clave para detenerlos.
De acuerdo con el informe preliminar, tras un relevamiento por la zona del ataque a la casa de Muñoz, se determinó que el ingreso de los ladrones podría haber sido desde una obra en construcción próxima a la plaza Alberdi. Finalmente, por allí se confirmó que ingresaron los ladrones, luego de detener a quienes trabajaban y habían vigilado los movimientos de las víctimas.

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