Nada detiene al culto ricotero, que copó la ciudad y desplegó todo su folclore

Desde la mañana, grupos recorrieron el sector norte de Tandil, los paseos y el centro. Con sus remeras, banderas y cánticos, los fanáticos del Indio Solari transformaron la geografía serrana. La cultura ricotera generó trabajo, quejas y congestionamiento en el tránsito.

 

 Miles de fans del Indio Solari y de la legendaria banda Los Redonditos de Ricota despertaron del letargo a Villa Aguirre y a los barrios ubicados al norte de la Ruta Nacional 226, zona que ayer se convirtió en sede de un fenómeno único dentro de los espectáculos rockeros.
Si la ciudad se perfila al crecimiento, si decide quitarse el sayo de ?pago chico? y probar suerte como urbe referente del interior bonaerense, ayer tuvo un ensayo contundente de lo que implica ser la elegida para un show que presenta características únicas. La cantidad de convocados, su logística y el folclore propio de una masa que se identifica con un mito viviente: el Indio Solari, otrora líder y voz de Los Redonditos de Ricota, ubicarán a este evento en los anales de la historia local.
Desde la madrugada, las potentes luces de decenas de micros rompieron la espesa bruma del ambiente y comenzaron a ubicarse sobre avenida Actis, las calles paralelas y las perpendiculares, hacia el sur del Hipódromo. Sobre el mediodía ya no cabía un colectivo más sobre Actis y los choferes buscaban espacios para permanecer durante toda la jornada cerca del predio, esperando que los pasajeros cumplieran con su ?misa?, la cita prevista por el líder para continuar la gira de ?Porco Rex?.
Las previsiones de los nostálgicos del ?97, cuando Los Redondos hicieron vibrar el estadio San Martín, quedaron totalmente desfasadas por un movimiento que cultiva una mística desatada por el delirio y la pasión.
En palabras del Bebe Contempomi, conductor de ?La viola? (Todo Noticias) y una voz autorizada en la materia, el Indio Solari genera ?una fiesta que supera lo musical?, y se extiende a ?lo social y cultural?. En diálogo con Tandil FM 104.1, el periodista definió al espectáculo como ?un fenómeno sociológico? desatado por la juventud argentina.
Pero la multitud no sólo circuló por Villa Aguirre y sectores aledaños: se mostró en todos los paseos tradicionales y en el centro de la ciudad. A su paso desplegó banderas, cantó loas al Indio y se hizo notar ante la mirada atónita de muchos tandilenses.
También generó congestionamiento en el tránsito, sobre todo, en la zona del Hipódromo.

Veneno paciente

Desde temprano, grupos de jóvenes de las zonas más remotas de la Argentina armaron pequeños campamentos sobre las veredas, espacios verdes, en los frentes de las casas y los comercios de Villa Aguirre.
El barrio se revolucionó y por doquier los fans ricoteros colgaban sus banderas, agitaban sus remeras y abrían las primeras cajas de vino o destapaban las cervezas. Miles de chicos y chicas, adolescentes y jóvenes, sobrevivientes de un viaje en las tinieblas en una noche de escasa visibilidad por acción de una intensa niebla.
Cerca del mediodía, muchos comenzaron a descargar las parrillas, prendieron fuego y largaron los asados, choripanes o hamburguesas, conforme a lo que habilitara la billetera.
Los mil efectivos de seguridad ?800 contratados por la organización y 200 de policía- contemplaban la escena e impedían el acceso, previsto en Darragueira y Actis, que fue abierto a las 15.
Los vecinos del barrio se identificaban para poder entrar y salir de las viviendas que rodean el Hipódromo. Las familias se mezclaban con los fanáticos, observando un cuadro inédito en la zona.
A las 12, los organizadores habilitaron la boletería para todos aquellos que aún no habían adquirido el pase al megaespectáculo. Más tarde, ?el problema son los que no tienen entrada?, adelantó uno de los hombres que custodiaba el acceso por Darragueira. Y es que si bien el Hipódromo no presenta límites de capacidad, esperaban el arribo de fanáticos que no disponen del dinero para la entrada.
Al menos cuatro controles, uno por esquina, hubo que sortear para alcanzar el ingreso al campo. Todo el perímetro estaba cubierto con una gruesa lona blanca para ocultar el movimiento interno. Con buena señalización, en pocas horas guiarían a la masa ansiosa por reencontrarse con el Indio.
Algunos vecinos se incorporaron a la movida montando puestos de venta de comida y bebida en los garajes. Otros sólo observaban desde las veredas, sorprendidos y comentando por lo bajo las sensaciones que les causaba el atípico evento.

Y mientras el sol se muere

Para completar la escenografía y aportando la nota de color a una jornada encaprichada con ofrecer un cielo gris, docenas de vendedores ambulantes colgaron sus remeras con la cita: ?Porco Rex. 5 de julio. Tandil?. Desde las rotondas de Espora y Ruta 226, avanzaron sobre Actis y se ubicaron hasta en la plaza que comienza en Labarden.
Por 25 pesos, los fanáticos adquirieron el souvenir. Completaban el atuendo ricotero, gorras y bufandas. Otros ofrecían banderas, aunque reinaron las pintadas por los seguidores. Las estampas negras y blancas con el rostro del Indio no se flamearon en toda la tarde y quedaron más firmes al absorber una intermitente llovizna fina.
Los vendedores se conocen entre sí. No se pierden los recitales, ?porque con el Indio nunca sobran? las remeras rubricadas con la fecha y ciudad en la que se presenta. Desde Buenos Aires, Córdoba y Rosario parten al destino que les propone una rueda comercial que les permite un ingreso considerable pero esporádico.

Bebamos de las copas lindas

La zona prevista para ?el aguante? fue la plaza de Actis, entre Labarden y Muñiz. Allí la Dirección de Juventud del Municipio montó el escenario del Ludobús, que pasó música de Los Redondos durante gran parte de la mañana, esperando que se concentre la gente.
Entre las 14 y las 17, las bandas locales Garras, Sala 7 y Trifásica acompañaron la previa al show. Promediando la tarde los miles de jóvenes comenzaron a desplazarse hacia Darragueira para empezar a formar la extensa fila que los condujo hasta el corazón del Hipódromo, donde todo estaba listo para el recital. 

Tatuaje

Al paso del equipo periodístico de El Eco de Tandil, los jóvenes pedían a los gritos una foto, quedar plasmados en las páginas dedicadas a un espectáculo histórico del que se sienten verdaderos protagonistas.
-¿De dónde son?
-De José C. Paz, somos quince y vinimos en esa combi. El chofer, una masa…
-¿Van a todos los recitales?
-Sí, a full. Loco, fuimos a Córdoba. Yo estuve en el ?97, en el San Martín, tenía 18 años, era un pibe. El Indio es lo más, no me pierdo uno.
La conversación se repitió una y otra vez, y las respuestas variaban sólo en la procedencia: Córdoba, Neuquén, La Cava, Ciudad Evita, Tartagal, Buenos Aires, Rosario, La Plata… y hasta el más remoto pueblo de la Argentina.
En el final de la recorrida, sobre colectora Macaya, otro pequeño contingente reclamó a gritos una foto, pero esta vez el más insistente de los porteños mostró hasta dónde llega su amor por Los Redondos, se levantó la remera y lució con orgullo el tatuaje que ocupa el 70 por ciento de su espalda… las preguntas, a veces, sobran.* 

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