Necrológicas

JOSE SILVERIO POCHETTINO
 Cuando contaba con 85 años, el pasado jueves 16 del corriente dejó de existir José Silverio Pochettino, causando dolor y pesar entre sus familiares y amistades.
Don José nació en Marcos Juárez (Córdoba) el 6 de mayo de 1927; desde muy pequeño supo lo que era el trabajo arduo del campo, ya que una desgracia diezmó a su familia, dejándolo a su padre y a una hermana vivos, por lo cual comenzó a rodar de un lado a otro como boyerito, hasta que en su adolescencia y ávido de experiencia recorría Buenos Aires, Berazategui y el sur, en El Bolsón (Río Negro) y después recaló en Tandil, dedicando su actividad laboral como albañil, oficio en el cual se desempeñó con total responsabilidad y eficacia, y también lo hizo en Mar del Plata, donde vivió cinco años, para luego regresar y afincarse definitivamente en esta ciudad, donde supo granjearse del afecto de muchos amigos, quienes lo respetaban por su voluntad de trabajo, su carácter fuerte y su hombría de bien.
Fue un trabajador incansable, construyendo innumerables viviendas y hasta un edificio en calle San Martín, lo cual a través de los años lo hacía sentir orgulloso.
En su juventud se casó con Ada Esther Martin y tuvieron tres hijos: Jorge Néstor, Olga Esther y Rubén Darío, a quienes educó con rigor y con principios,  inculcándole la honestidad y los valores de la vida.
Tuvo diez nietos y diez bisnietos, quienes hoy lamentan su partida, pero sabiendo que en los recuerdos y ejemplos siempre estará con ellos. ¡Hasta siempre! Tu familia.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.

 
JUAN CARLOS MARTIN
 
Dedicatoria:
“El lunes 20 del corriente, al recibir el diario como siempre, nos encontramos con una lamentable noticia: el viernes 17 por la tarde, a causa de las intensas lluvias y fuertes correntadas, perdió la vida  Juan Carlos Martín “Gallego” como le solíamos decir… una agradable y generosa persona de bien, un vecino muy bueno para mí y mi familia.
Recuerdo hace 22 años atrás, él estaba trabajando en el campo, y mi señora estaba embarazada de mi hija más chica, yo estaba trabajando lejos y al “Gallego” no le importó nada, dejó todo lo que estaba haciendo y salió a buscarme. Luego la llevó a mi esposa al Hospital y se quedó ahí esperando que naciera… es más como tengo un hijo especial, siempre me preguntaba si precisábamos algo.
Cuando me vine a vivir a Tandil, venía seguido a visitarnos. Es por eso que a la familia, su señora y sus hijos, mi más sentido pésame. Que allá donde quiera que esté, siga siendo “El Gallego”… gracias mil en nombre mío y de mi familia.
 Sergio Montes
(El camionero de la zona)
 
MERCEDES OSTOLAZA de PIANZOLA
 
El pasado viernes 17 del corriente se apagó la vida de Mercedes Ostolaza de Pianzola, una querida y apreciada mujer que contaba con 84 años de edad.
Mercedes ha dejado un profundo dolor entre su hija Mercedes, su yerno Daniel, amigos y vecinos.
Nació el 3 de junio de 1928 en María Ignacia (Vela), siendo la mayor de nueve hermanos: Celia, Clotilde, María, Delfina, Elisa, Juan, Fausto y José.
En su época de juventud siempre colaboró con su hogar, siendo un ejemplo para todos sus hermanos y sus padres Elisa y Miguel.
Dio clases de costura en el campo La Sara, donde vivió su adolescencia y al casarse se radicaron en la ciudad y dedicó su vida a su hija Mercedes y a su esposo Orlando Oreste Pianzola, ayudándolo en las tareas de jardinería.
Fue una gran esposa, madre, amiga y ejemplo de persona.
“Mamá: ya estás en compañía de tu esposo, te imaginamos en campos luminosos, perfumados de flores. Feliz de estar junto a Nuestro Supremo Creador”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
 
HAYDEE NOEMI CORSI
A los 93 años de edad, el pasado jueves 16 del corriente falleció Haydeé Noemí Corsi, causando tristeza y dolor entre sus familiares y amistades. 
Noemí nació en esta ciudad  el 30 de noviembre de 1918, era hija de padre ferroviario, en épocas del ciclo de oro de este transporte de pasajeros y de carga.
Sus anécdotas nos enseñaron las virtudes del ferrocarril y el adelanto que fue para la ciudad.
Cursó sus estudios en Tandil, y fue profesora de corte y confección de la gloriosa Universidad de Artes y Oficios que funcionaba en horario vespertino en la Escuela Nº 1, de donde egresaron tantas modistas de renombre. Persona sumamente solidaria, siempre se dedicó a cuidar a su familia. Para sus sobrinas nietas fue la “Abuelita Haydée” y para sus hijos “Abuelita Viejita”.
Su último año vivió en el Hogar “El Arcángel” rodeada del cariño que le dispensó el personal, además del amor y atención de sus sobrinos y nietos. Nació, vivió, trabajó y murió en Tandil, por lo que ya es una parte de la historia de este lugar.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
 
ANTONIO PEREZ 
El pasado jueves 16 del corriente, falleció Antonio Pérez, a la edad de 77 años.
Don Antonio nació en esta ciudad el día 21 de noviembre de 1934, siendo el menor de seis hermanos.
Formó una hermosa familia junto con su esposa María Adela Sansoni con quien tuvo dos hijos: María Adela y Alejandro Antonio; la vida le regaló dos hermosos nietos: Guadalupe Pérez Bernaus e Iñaki Arraztio, y también una bisnieta: Aaliyha Pérez.
Descubrió en su infancia la pasión por la música, realizó estudios de piano que le permitieron integrar orquestas típicas, siendo sus compañeros de ruta Montalto, Norberto Matti, Mario Ekeroth, Vicente Nigro y el maestro Maisano, entre otros.
Tuvo una destacada labor en el campo de los industriales pioneros de esta ciudad, a instancias de don Aurelio Santiago Selvetti, fundó Tahersa junto a Valentín Nardín, Antonio Silvio Colombo y Luis Antonio Rodríguez. Como presidente de la empresa velaba por el progreso de todo su equipo de trabajo a quienes respetaba tal como si fueran sus pares, extendiendo su preocupación más allá de los aspectos laborales.
Hoy descansa en paz, y a pesar del dolor profundo, lo recordamos con mucho amor y admiración; con nuestro corazón lleno de recuerdos y enseñanzas su esencia  quedará viva y nos acompañará en nuestra vida.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Parque Pradera de Paz.
 
BRAULIO FILIBERTO RAUL SILVA
 
En la madrugada del 15 de agosto de 2012, nuestro padre se durmió para siempre.
Llegó al mundo el 28 de mayo del año 1923.   Vivió su infancia y adolescencia en los pagos de Blanca Grande (partido de Olavarría) rodeado del amor de su madre, de su abuela, de sus tías y tíos y de un enjambre de primos y primas, compañeros de juegos y travesuras.  Toda su vida recordó con amor aquel paisaje de infancia, la laguna, el campo, su caballo, los trabajos rurales, el rancho de adobe construido por su abuelo, las viejas costumbres campesinas.
Trabajó desde muy joven, casi niño, primero en la casa familiar y más tarde en distintas estancias de la zona. Conoció muy pronto las injusticias que padecían los trabajadores del campo, sin leyes ni sindicatos que los defendieran de los abusos de los estancieros.
En 1945, una vez cumplido el servicio militar obligatorio en Junín de los Andes, decidió alejarse del campo que tanto amaba, alejarse de tanta injusticia. Quería entrar en el Ferrocarril.  En ese trámite estaba, precisamente en la ciudad de Buenos Aires,  cuando el 17 de octubre de 1945 le tocó ser testigo de la gigantesca movilización que marcó para siempre la historia argentina y también su propia pequeña historia personal: se volvería peronista por el resto de su vida.
Ese mismo año lograba su ingreso al Ferrocarril, siendo su primer destino Olavarría e inmediatamente, como telegrafista en Tedín Uriburu. Allí conoció a la joven  América Marcos del Río, con quien vivió una hermosa historia de amor, que perdura más allá de su muerte.  Fue el de ellos un noviazgo a distancia, porque Braulio andaba de pueblo en pueblo como “relevante” del ferrocarril.  Se casaron en Tandil el 3 de septiembre de 1949 y continuaron juntos de mudanza en mudanza por las estaciones del ya nacionalizado Ferrocarril Roca. Fueron llegando los hijos, Mabel en 1950, María del Carmen en 1957 y Néstor en 1958. La familia se había radicado definitivamente en Tandil a comienzos de 1957, la casa propia en el barrio de Villa Italia, que se venía poblando con numerosas familias ferroviarias.  Y Braulio continuó como “relevante general” sirviendo a “la empresa” y dejando por los pueblos que recorría, su huella de hombre honesto, responsable y capaz en el trabajo, pero a la vez divertido, solidario y buen amigo.  Sus hijos lo esperábamos ansiosos cada fin de semana.  Era una fiesta verlo aparecer en la esquina, la canasta de ferroviario en una mano y la valijita con la máquina de escribir en la otra, avisarle a mamá y correr… correr hasta ese hombre que nos daba en dos días todo el amor que guardó para nosotros durante el tiempo que había estado lejos.
En 1972 decidió quedarse a trabajar en Tandil y, previo examen de admisión, fue designado en la oficina de control de trenes local, donde se desempeñó hasta su jubilación en 1983.
Pensando en mejorar los ingresos familiares para que sus hijos pudiéramos estudiar y vivir mejor,  se dedicó más de una década, junto con nuestra madre, a la venta por mayor y menor de artículos de librería y papelería, kiosco y anexos.
Fue un gran lector, muy interesado en la historia argentina, la historia de los ferrocarriles, poesías gauchescas, letras de tango y tuvo como libro de cabecera a su admirado “Martín Fierro”, libro al que él llamaba “mi biblia”.
Amante del tango, una vez jubilado se propuso tocar el bandoneón.  Con gran empeño aprendió un lenguaje totalmente desconocido para él: el lenguaje musical.  Logró ejecutar tangos, valses y milongas en su bandoneón y hasta se le animó al escenario en audiciones de la Escuela de Música Popular.
Fue hincha apasionado de San Lorenzo y de los hermanos Dante y Torcuato Emiliozzi.
La vida le dio cuatro amados nietos: Manuela, Victoria, Martín y Julieta.
Disfrutó también de la compañía de sus hijos políticos Luis, Dardo y Liliana y de sus nietos políticos Marcos y Christian.
Era feliz reuniéndonos a todos en la mesa familiar a comer un buen asado al asador, que él sabía preparar como nadie.
Supo honrar la vida en todo momento y enfrentar con valentía la dura enfermedad que le tocó padecer  en el final.
Alcanzó a endulzar sus últimos días con la llegada de Camilito, su primer bisnieto, su “preciosura”.
“Gracias papá por todo el amor que nos diste, por tu ejemplo de lucha ante la adversidad, por tus ojos buenos y tu risa franca, por tu rebeldía ante la injusticia y por haber elegido a mamá para compartir tu vida.
Tu querida “viejita” y esta familia que juntos formaron con amor y trabajo, hoy miran con tristeza cómo se aleja tu último tren.  Siempre estarás vivo en nuestros corazones”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
 
INMACULADA MARINO de FEDALTO
 
“El pasado domingo 19 del corriente, Dios se llevó a su reino a “Porota”, una madre y abuela ejemplar que en el transcurso de su vida supo ganarse infinidad de amigos que hoy lloran su partida y no encuentran consuelo para su dolor para tan irreparable pérdida.
Se fue junto a Alberto, su amoroso esposo y compañero de toda la vida, con el que supo construir una hermosa familia llena de hijos y nietos que alegraban y mimaban sus días.
Sólo nos queda un hermoso recuerdo de madre ejemplar y la tranquilidad de saber que te marchaste junto a papá para desde el cielo seguir guiando nuestros pasos.
Querida mamá, descansa en paz, no te olvidaremos jamás”.
Tus hijos.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
 
MICAELA JOSE de PIS
 
A los 88 años de edad, el pasado domingo 19 del corriente se apagó la vida de Micaela José de Pis, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos.
Micaela nació en esta ciudad el 27 de febrero de 1924; era hija de Micaela Mujica y Alejandro José, conformando una familia junto a sus cuatro hermanos y con sus primos y tíos vivieron en la estancia de  Egaña, con su abuela Eulogia.
En su juventud se casó con Abelardo Pis y tuvieron tres hijos: Héctor, Raúl y Haydeé.
“Dedicó su vida a su familia. Sus hijos y numerosos nietos y bisnietos la van a extrañar ¡Descansa en paz”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
 
CARLOS SIMEON OJEDA
 
El pasado domingo 12 del corriente, falleció Carlos Simeón Ojeda, un querido y respetado hombre que contaba con 74 años de edad.
Carlos nació el 16 de marzo de 1938 en Juan N. Fernández, pero vivió casi toda su vida en esta ciudad. Dedicó su existencia al transporte o como a él le gustaba llamarse: camionero.
Se casó en 1964 con Marcela R. Collová, con quien tuvo a sus hijos: Carlos, Marcelo, Sergio, Karina, Paola, César y Diego, de quienes tuvo la dicha de disfrutar de 10 nietos.
“Querido papi: te fuiste sin avisar, sin darnos tiempo para abrazarte y besarte una vez más, nos quedó un vacío difícil de llenar.
Eras tan simple, siempre contento, de buen humor y una tranquilidad que te caracterizaba.
Siempre dispuesto a hacer un asadito para disfrutar en familia o con amigos, por cierto eras muy amiguero, cosa que nosotros heredamos de vos. También nos inspiraste el interés por la lectura y el conocimiento.
Una vez más te fuiste de viaje en tu Leyland, pero esta vez no vas a volver, sufrimos nosotros tu ausencia, ese dolor tan grande que queda y cuesta entender.
Sabemos que te fuiste en paz con Dios y eso nos alivia. Estamos orgullosos de todo lo que nos enseñaste. Te amamos mucho, te vamos a extrañar y siempre vas a estar en nuestro corazón. Toda tu familia”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
 
MARIA RÜCKERT DIETRICH

Con pesar y tristeza fue recibida la noticia del fallecimiento de María Rückert Dietrich, una querida y apreciada mujer que contaba con 83 años de edad.
María nació el 30 de abril de 1929 en Hinojo, partido de Olavarría, viviendo su infancia y adolescencia junto a sus padres y hermanos.
Llegó a Tandil hace más de treinta años y vivió junto a su sobrina Isabel Dietrich (f) y Camilo Wagner (f).
Sus sobrinos y sobrinos nietos lamentan profundamente su desaparición y rezan una oración para que descanse en paz junto a Dios.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque El Paraíso.
 
ALDO JUAN ORSATTI
 
En la ciudad de Neuquén (Capital), dejó de existir Aldo Juan Orsatti, un querido y conocido hombre que  contaba con 54 años de edad.
“Yuyi” Orsatti era nativo de esta ciudad; era hijo de Dora Baquero y de Juan Orsatti. Cursó en Tandil sus estudios primarios en la Escuela N° 11 y los secundarios en la Técnica “Felipe Senillosa”.
Formó su familia en Neuquén junto a Nanci Contreras, sus hijos Néstor y Leandro, sus nueras Silvana y Florencia y su amada nieta Lucía.
Falleció haciendo una de las cosas que más amaba, siendo DT de fútbol.
“Querido Yuyi: no podemos creer estar viviendo éste doloroso momento, no habrá más de las esperadas visitas a tu familia de Tandil (como vos decías), las fiestas de año nuevo ni las vacaciones en febrero. Siempre estuviste con nosotros, en las buenas, las malas y en los momentos más importantes de nuestras vidas, te vamos a extrañar hasta el infinito y más también. Te vamos a llevar por siempre en nuestros mejores recuerdos, te queremos Hugo, Nené, Luis, Karina, Verónica, Mauricio, Andrea, Diego, Lucila y Franco Orsatti, Joaquín y Agustina González Orsatti, tu ahijado Mauro Orsatti, familiares y amigos”.

DOLORES MAGDALENA VILLAR de BEDASCARRASBURE
 
“Ningún vacío, ninguna parte nuestra se marcha ni se desgarra… porque en la paz de tu partida hacia la luz, nuestro dolor fue compensado con el legado que se agiganta en tu ausencia material. Y hoy lo mejor de ti habita en nosotros.
Volverás a llevarnos de la mano en busca de la luna blanca de Federico, ¿recuerdas? La que aquella noche se durmió en la sierra, para traerla y ponerla en nuestra cama. Ella acompañará nuestro sueño y nos elevará a lugares de paz y alegría.
Trataremos de gastar mejor las irrecuperables monedas del tiempo y de amar sin necesidad de poseer… como nos enseñaste con ejemplo y cada domingo iremos juntos en busca de Dios por aquel mismo camino escarpado de sierras que serán ahora más nuestras porque estás en ellas.
Nos ayudarás a buscar en el mejor lugar del corazón tu enseñanza atesorada para transformare en amor los miedos, en fortaleza las flaquezas, en determinación las dudas. Y quizá podamos como vos: un día ser capaces de dar incluso más de los que poseemos.
Verás madre, desde algún lugar del cielo, tu espíritu brillar en nuestras alas desplegadas y en las de tus nietos que contarán ovejas y leerán a sus hijos un cuento con el alma en el texto.
No madre, no es por tu partida el llanto, ni ese nudo en la garganta producto de tu ausencia; porque estás aquí, a nuestro lado, pero quedaron truncas tantas caricias… y tantos ¡te quiero! Y faltaron tantos besos… que ya no podremos darte.
Más habrá hoy y en el futuro tierra fértil donde multiplicar esa maravillosa semilla de amor que sembraste en nuestro corazón y prometemos cultivar con la mayor dedicación y esmero en tu memoria”.

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