Necrológicas

ANDRES RUBEN LESCANO
Con pesar y tristeza fue recibida la noticia del fallecimiento de Andrés Rubén Lescano, un querido y respetado hombre que contaba con 61 años de edad.
Rubén nació en Rauch el 14 de agosto de 1950; pero desde muy chico se vino con su papá, su mamá y hermana a vivir a esta ciudad.
En su juventud conformó su familia, con hijos, nietos, bisnietos y sobrinos.
“Tío: emprendiste un gran viaje a un paraíso hermoso lleno de luz. Es hora de descansar, después de luchar tanto por esas ansias de vivir.  Nunca te vamos a olvidar.
Tus seres queridos: Fredes, Claudia, Fredy, Germán, Angel, Samanta, Karina, Darío, Kevin, León, Andrea, Lorena, Benjamín y Juan Martín !estarás siempre en nuestro corazón!”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.

MARIO ALEJANDRO CABALLERO

“Marito: lamentamos tu partida tan inesperada. Siempre vas a estar presente en nuestro corazón. Nunca te olvidaremos.
Graciela, Fabio, María, Miguel, Mariano, Milagros, Giuliana, Brenda, Joaquín; tus hermanas políticas Josefina, Cora y tu sobrina Jazmín; tus tíos del corazón Sandro, Mario, Miriam, María Luisa: tus tíos Carlos, Roxana, Patricia, Lorena, amigos y demás familiares nunca te olvidarán”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Dedicatoria:
“Marito, sentimos mucho tu partida, siempre vas a estar en nuestro corazón y en nuestros pensamientos ¡te extrañamos mucho!
(Tus tíos Lore, Marce y primos).

TEOFILO SZPIGA
 
“En el año 1966 un joven pastor nacido en la provincia del Chaco y con apenas 24 años es enviado a  Tandil a hacerse cargo de la obra en esta ciudad. Su nombre Teófilo Szpiga, su vocación servir con excelencia al  Señor. El saloncito en el cual se congregaban estaba ubicado en la calle Machado 220.
En el año 1967 el pastor contrajo enlace con una hermosa joven llamada Etelvina y ahora con su ayuda idónea comenzó una nueva y ardua etapa de servicio.
Aquel primitivo salón era pequeño y sus condiciones edilicias bastante precarias. La puerta de entrada era una antigua puerta de almacén ya jubilada con sus vidrios característicos y grandes postigones pero que cumplía muy bien con sus funciones.                                                                                                                      En aquellas épocas la calle era de tierra y el salón se encontraba sobre una loma por lo que el pastor munido de una filosa pala angosta esculpía en el terreno la escalera de tierra para facilitar el acceso  al templo. Ahora el problema era que cada vez que llovía la escalera se borraba y al otro día nuevamente el pastor artesano le tenía que dar forma a una nueva escalinata.
La tarea fue ardua pero se consiguió. Fue Teófilo asesorado por un vecino del barrio el que diseñó y construyó ese frente tan especial que tiene el templo. Así también fueron llegando los servicios esenciales al barrio como el asfalto, el agua corriente y el gas. 
El templo de Machado tenía una capacidad de aproximadamente 200 personas. Es así que la iglesia intenta adquirir un terreno lindero al que tenía para ampliar el mismo templo y todo se había arreglado para concretar la operación, pero cuando se va a firmar el boleto de compra, el escribano Zubiaurre detecta algunas irregularidades en la escritura, y desaconseja hacer la operación.
Al fallar en este intento, se comienza a buscar un lugar más amplio que pueda cobijar a la creciente congregación.
Ese mismo año, el pastor Teófilo Szpiga presenta un proyecto por el que estaba orando y lo que creía firmemente que era el sueño de Dios, la visión de Dios para la iglesia, tener una manzana entera de tierra completa y en un lugar privilegiado que permitiera realizar un amplio desarrollo edilicio con muchas construcciones y cuya obra central sería construir un templo que pudiera albergar unas 2000 personas. Ese pensamiento por aquel entonces sonaba hasta un poco ridículo por lo ambicioso ya que no cabía en la imaginación de muchos dadas las circunstancias que los rodeaban.
En 1988 se despertó la curiosidad  por una manzana de tierra ubicada sobre calle Franklin al 1300. Llamaba la atención que todas las manzanas linderas estaban con construcciones, pero esa había quedado totalmente desocupada y frente a ella un hermoso boulevard que se había formado por donde antes estaban ubicadas las vías férreas que llegaban hasta la cantera Albión en el Cerro de las Animas.
Una vez más, se recurre al escribano Zubiaurre y por medio de un hábil comisionista, luego de varios intentos en la ciudad de La Plata, se logra ubicar una escritura manuscrita, casi ilegible, que databa del año 1946.
Para sorpresa general, los dueños del predio eran personas conocidas, y no solo esto, sino que había cierto grado de parentesco con miembros de la congregación, que ignoraban totalmente esta circunstancia.
Al conocer esta situación en la iglesia quedan totalmente sorprendidos y luego de reunirse con los propietarios éstos deciden  no vender dicha propiedad sino que proponen donar todos los derechos de herencia y posesión a la iglesia.
En el año 1990 se toma posesión del terreno y se dispone el lugar para poder tener una campaña organizada por el Consejo Pastoral nada más y nada menos que con el evangelista Carlos Annacondia,
La iglesia siguió creciendo, y como su capacidad estaba colmada hubo,  de alguna manera, que ampliar el templo de Machado. Para ello se procedió a demoler una pared que daba a un salón social, logrando de esta manera que pudieran entrar unas 100 personas más.
La gran experiencia en este caso de la ampliación fue para el pastor Teófilo ya que tenía que predicar de una manera no muy ortodoxa ubicándose en el medio del salón con el púlpito ubicado sobre una pared lateral y mirando hacia ambos lados mientras daba su mensaje.
Más adelante se logra  alquilar las instalaciones  de un cine en funcionamiento, uno de los mejores de la ciudad, el Alfa, ubicado en lo que en ese entonces era la sede social del club Santamarina.
Fue esta también una experiencia tremenda por el movimiento que generaba ya que la iglesia debía trasladar cada domingo  todo el equipo de iluminación y sonido, así y gracias a la voluntad y el esfuerzo de muchos hermanos cada domingo por la mañana se llevaba todo el equipamiento a ese lugar y al mediodía, al terminar la reunión, se desarmaba todo y se lo llevaba al templo, ya que el cine debía quedar listo para la exhibición de películas ese mismo día y la iglesia debía ser preparada para la reunión del miércoles..
Luego de unos meses de reuniones a sala llena, se decide volver al templo de Machado y hacer en vez de una dos reuniones los domingos, una a la mañana y otra por la tarde. Pero seguía siendo cada vez más apremiante la necesidad de tener un lugar más grande.
Fue en ese tiempo que José Battaglia dona a la congregación una propiedad con usufructo.
De esta manera en 1992 se vende esta propiedad y con el dinero obtenido se comienza la construcción del templo en la calle Franklin,  aunque todavía no se había podido lograr la escritura de la propiedad
 El 9 de julio 1993, en el aniversario de la iglesia, con solamente construido el edificio de lo que  hoy es la radio y que en ese tiempo se usaba para guardar materiales y herramientas, se hace una reunión muy especial al aire libre, una reunión que marcaba un hito muy especial en la historia de la iglesia, ya que en  ese evento fue colocada la piedra fundamental                                                               
El esfuerzo por lograr avanzar en la construcción se extendió por varios años, donde todos los sábados, desde la mañana y hasta la tarde, un grupo de alrededor de 40 personas trabajaban arduamente en distintas tareas.
Y los muros se levantaban y fue este realmente un tiempo de gran bendición para la congregación ya que se generó en ese equipo de trabajo una comunión muy especial ya que se generaron profundos lazos de amistad que fortalecieron la tarea y el sentido de pertenencia a la congregación.
Y Dios seguía sorprendiendo con sus aportes y fue así que la empresa Loimar, a través de su propietario el  Ing. Juan Loitegui, donó a la iglesia absolutamente todos los ladrillos que se necesitaban, y más tarde cuando la construcción estaba avanzada donaría también los pisos.
 También simpatizantes  y creyentes de la iglesia hacían viajes con camiones hasta la fábrica para cargar los ladrillos y los traían al terreno para ser utilizados.
Techado el lugar, en el verano de 1996, comenzamos a congregarnos en el nuevo templo, usando en forma precaria partes del mismo, según la congregación crecía.
Cada tarea que se hacía, cada avance en la construcción requería del esfuerzo y sacrificio de los creyentes, pero de a poco y paso a paso, el nuevo templo comenzó a tomar forma, y ya dejó de ser visto simplemente como el galpón grande de la calle Franklin, para convertirse en uno de los salones más grandes y elegantes de la ciudad.
Hoy, a 22   años de tomar posesión de este lugar y a 19   años de la piedra fundamental, podemos realmente afirmar que  ¡Dios ha sido muy bueno! y nos ha permitido que en pocos años  pudiéramos cumplir una misión catalogada por muchos de  imposible y  así poder terminar cada detalle para dedicarle al  Señor este hermoso templo que El nos regalara.
Todo esto se ha logrado primeramente con la ayuda y dirección de nuestro soberano Dios y junto a ello el compartir de la visión que generó el aporte y esfuerzo desinteresado de la congregación y de muchas personas y empresas que no estaban  relacionadas con la iglesia, pero al ver el esfuerzo y visión se sumaron con su  aporte sin mediar intereses personales y eso hoy los hace parte del agradecimiento de este sueño cumplido.

EMILIO ERNESTO DURET
 
El pasado jueves 26 de julio partió a la presencia de Dios, el señor Emilio Ernesto Duret, una querida persona que contaba con 73 años de edad. Su familia lo recuerda así:
“Tenemos la esperanza de que muy pronto nos volveremos a ver. Fuiste un ejemplo de hombre y estuviste siempre cuando te necesitamos, y aunque Dios no te dio hijos, nos tuviste a nosotros, tus sobrinos, para los cuales representaste a nuestro segundo papá.
Te queremos y te extrañaremos mucho. Tu hermana Lidia, tu hermana política Nené y todos tus sobrinos”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.

MANUEL OSCAR PAZ
 
Cuando contaba con 75 años de edad, el pasado  sábado 21 de julio falleció Manuel Oscar Paz, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos.
Manuel nació en Buenos Aires el 15 de noviembre de 1936, era hijo de inmigrantes españoles; cursó el primario en el Colegio Carlos Pellegrini, a los 13 años viajó a España y estudió en el Colegio Paso do Monte (LUOU).
Luego regresó junto a sus padres, hizo el secundario y trabajó como gastronómico e ingresó a la Universidad de Buenos Aires donde recibió el título de odontólogo y después  desempeñó su vocación en el Ejército Argentino, donde se retiró con el grado de coronel.
También fue profesor adjunto de la UBA, presidente del Círculo Odontológico de Tandil y jefe del Servicio de Odontología de la BAL Tandil.
Junto a su esposa Lidia transcurrieron cincuenta años de matrimonio, junto a sus hijos Verónica Andrea y Pablo Marcos Daniel, viviendo por distintos lugares del país, como Alta Gracia (Córdoba), Santa Cruz, y esta ciudad, donde cosechó innumerables amistades.
Además, dejó enseñanzas en sus hijos políticos Elva Amelia Gauto y Carlos Javier Kessler, disfrutando del cariño de su nieta Milagros Camila.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.

DARDO JESUS GUILLENEA
A los 82 años de edad, el pasado sábado 28 de julio, se apagó inesperadamente la vida de Dardo Jesús Guillenea, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amigos.
“Fuiste y serás un hombre, esposo, padre y abuelo ejemplar. Aunque hoy no estés a nuestro lado, te llevaremos siempre en nuestro corazón y estarás en nuestros recuerdos. ¡Hasta siempre!”.
(Tu esposa María Esther, tus hijas Silvina y Marcela, tus apreciados nietos Matías, Nicolás y Guadalupe y tus yernos Gabriel y Fernando).
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.

LUIS MARIA FRAPPAMBINA
Pesar y tristeza ha producido la noticia del fallecimiento de Luis María Frappambina, que contaba con 77 años de edad.
“Lucho” nació en esta ciudad el 28 de diciembre de 1934; en su juventud disfrutaba de paseo al aire libre, supo ir al sur a cazar jabalíes, eran hincha de Santamarina, fue integrante de la Barra del Bombo y el Muñeco acompañando al conjunto aurinegro en largos viajes y también era fanático de River Plate.
Trabajó desde muy joven siempre vinculado con la construcción; fue un caminante incansable, y últimamente se lo veía en algún banco de la plaza conversando con sus amigos y siempre con una sonrisa.
Fue un amigo de ley y se caracterizó por ser una persona honrada y honesta. Formó parte de una familia muy unida.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.

OLGA OFELIA GELABERT de SETZES
A los 83 años de edad, el pasado martes 31 de julio se apagó la vida de Olga Ofelia Gelabert de Setzes y sus seres queridos escribieron en su recuerdo:
“Se fue un ángel al Cielo y sé que allí están contentos, pero aquí en la tierra no sabes cuánto te he hecho de menos.
Porque los ángeles solo están en el Cielo, y sé que cada noche estás en una estrella mirándome y sonriendo. Nunca te olvidaré, siempre estarás en mi corazón, allá donde estés mamita querida”.
Graciela Mabel Setzes y familia.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque El Paraíso.

MARIA CELESTINA KELLY
En Indio Rico, partido de Coronel Pringles, falleció María Celestina Kelly, una querida mujer que pasó gran parte de su vida en esta ciudad, sabiéndose ganar el cariño y respeto de todo aquel que tuvo la dicha de conocerla.
“Mari”, fue la única hija del matrimonio conformado por Eduardo Kelly y María Centeno, nació en Tandil el 13 de febrero de 1931 y pasó gran parte de su vida en el barrio La Movediza,  donde se la vio crecer y educarse.
Cursó sus estudios en la vieja y querida Escuela Normal, donde hizo el primario y el secundario; luego se recibió de maestra, profesión que amó pero que solamente pudo ejercer hasta que se casó y a partir de ese momento se dedicó a su hogar.
Por mediados de la década del cincuenta se casó con Ernesto Etchegaray, con quien tuvo cuatro hijos: María, Ernesto, José María y Nicolás. Todos ellos fueron el amor de su vida y a quienes les dedicó su vida.
Ya con su hogar conformado se mudó al barrio El Tropezón, aunque ella siempre decía que vivía en La Movediza, porque sostenía que todos pertenecían al mismo barrio. Ahí continuó criando a sus hijos en compañía de su compañero de vida.
En 1979 la vida le dio un duro golpe cuando falleció su esposo como consecuencia de un accidente laboral. Si bien le costó levantarse, lo hizo y siguió siendo un ejemplo para sus hijos y sus nietos que vendrían un tiempo después.
Por cuestiones de la vida, hace un par de años se tuvo que mudar de nuestra ciudad, hasta que la muerte la encontró en la vecina localidad de Indio Rico. Hoy sus seres queridos la recuerdan más que como una tandilense, como una persona que amó su barrio de la “Move”: “en donde estés Mari te queremos decir que te amamos y el mejor homenaje que podemos hacerte es seguir aplicando en nuestras vida todas tus enseñanzas”.
Tu familia.

HUGO GUSTAVO CABRAL
Cuando nada lo hacía suponer, partió hacia el reino de los cielos Hugo Gustavo Cabral, un querido y respetado vecino de nuestra ciudad que si bien ya no tenía familia, dejó su legado entre los tandilenses.
Gustavo fue hijo de un matrimonio de inmigrantes españoles que llegó a nuestra tierra escapando de la Guerra Civil. Primero llegó su papá quien luego de instalarse en Tandil mandó a buscar a su esposa y a Gustavo. Según contaba él mismo, en España habían quedado algunos familiares, pero el paso del tiempo había roto todo vínculo a tal punto que él decía que su familia estaba en Tandil y que eran sus amigos.
Trabajó muchos años en la zona rural en donde conoció a Nicolasa, con quien convivió durante muchos años. Si asignatura pendiente era el casamiento, algo que siempre sostuvo que se lo iba a regalar al amor de su vida. Sin embargo, por esas cuestiones de la vida fue dejando pasar el tiempo hasta que fue demasiado tarde.
Hoy sus amigos del barrio y del campo, lo recuerdan como la persona que “siempre le estaba levantando el ánimo a todo”.
Si bien no tuvo hijos ni sobrinos, él sostenía que los hijos de sus amigos eran como propios con la diferencia “los podía malcriar sin culpa”. Fue por eso que cada vez que podía les compraba algo o se los llevaba de paseo.
Hoy a Gustavo se lo recuerda como un ser “excepcional” que no tuvo familia de sangre pero sí logró conformar “una familia ejemplar del corazón”.
Sus seres queridos ruegan una oración en su memoria y piden que siempre se lo recuerden como la persona que fue: “siempre sonriendo y ayudando a los demás”.  

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