Necrológicas

Semblanza de vecinos recientemente fallecidos.

 

OSVALDO ALFREDO VITULLO
El 12 de diciembre pasado los familiares y amigos se despidieron de Osvaldo Alfredo Vitullo, quien había nacido el 11 de diciembre de 1925 y cumplió los 90 años antes de partir.
“Hablar de mi padre es hablar de familia. Las visitas a la casa de mi abuela eran cosa de todos los días. La relación con mis primos y tío, también. Y las reuniones multitudinarias en la calle Garibaldi quedarán en la memoria de todos los que participamos.
Hablar de Osvaldo Vitullo es hablar de amigos. Los tuvo en todos lados, y lo trataron con inmenso cariño y afecto. Recuerdo haberlo acompañado, por ejemplo, a las ferias de La Pastora, donde conocía a los hermanos Harguindeguy, a los hermanos Mendiberry, a los hermanos Islas, al “Chueco” Cuello, al “Negro” Astudillo, y todos se reían con él.
También cosechó amigos en el Movimiento Familiar Cristiano, en la Sociedad Rural, en el club Los 50, en el club Independiente, en el club Hípico y ya jubilado, en la mesa del bar que llora su ausencia.
Hablar de Osvaldo es hablar del colegio San José, del cura Crisóstomo, a quien vi en el campo marcando los pozos de agua con su varilla de rabdomante, y también del cura Pasarelli, que con sus rezos sacaba las plagas de los cultivos.
Es también hablar del colegio Nacional de Bahía Blanca, donde hizo amigos que le duraron toda la vida. Allí lo acompañé a principios de 2014 para festejar los 70 años de egresado. De la promoción quedaban seis, que fueron recibidos por la directora en el edificio original del colegio, donde compartió el claustro con el Nobel César Milstein.
Hablar de Osvaldo es hablar de fortaleza física y espiritual. Recuerdo haberlo acompañado varias noches de hospital, luego de una intervención quirúrgica, y sorprendía a propios y extraños su poder de recuperación. Un día estaba anestesiado y al día siguiente quería irse a su casa. Había que sujetarlo porque salía con los sueros “a la rastra”. Los médicos se sorprendían.
Hablar de Osvaldo es hablar de emprendedores o emprendimientos, inquietud y curiosidad. Tuvo tambos, fábrica de quesos, criadero de cerdos. Vi en los años ‘60, en su tambo, construir el primer “silo puente” para conservar forraje, técnica casi desconocida en esa época. También participé de recorridas al campo con agrónomos que lo asesoraban y aportaban ideas en un afán de emprendedor y de mejorar la producción. En sus últimos años, incursionó en el uso de internet, siempre haciéndole preguntas.
Hablar de Osvaldo es hablar de campo, vacas, remates feria, agricultura. Desde nuestra infancia, mis hermanos y yo lo acompañábamos al campo. En el camino de ida paraba la camioneta en la banquina y nos enseñaba a manejar. En el camino de regreso -‘no siempre’- paraba en Cuatro Esquinas y nos compraba un paquete de masitas “Rumba”, nunca más de uno. Siempre nos enseñó a no derrochar. Su dicho era: ‘Cuida los centavos, que los pesos se cuidan solos’.
En su ambiente y en su compañía, aprendí dos cosas -a mi juicio- muy importantes para cualquier persona: andar a caballo y andar en bicicleta.
Era muy estimado en la zona rural y reconocida su capacidad para manejar la camioneta en el barro, práctica que aprendió de muy joven, cuando trabajaba en el escritorio de hacienda de la firma Sucesores de Brivio.
Hablar de Osvaldo es hablar de fe. Su religiosidad fue una actitud de vida. Desde el colegio San José hasta la iglesia Santa Ana, la practicó con igual intensidad. Esto me lleva a pensar que no tenía temor ante la muerte. Se fue en paz. Tenía certeza del fin y esperanza en el después. Dejó un vacío, un dolor que mengua y un rastro inmenso en mi madre, en sus cinco hijos, 19 nietos, 18 bisnietos y en los que vendrán.

MATILDE ESTELA SPANO
El 12 de diciembre pasado falleció Matilde Estela Spano, una querida mujer que había nacido el 18 de diciembre de 1952. Su familia la recuerda con estas palabras:
“Hoy al cielo te marchaste
ya aquí no vas a estar
y el vacío que dejaste
nadie lo puede llenar.
Fuiste madre, fuiste abuela,
eso no se ha de olvidar
como tampoco se olvida
tu sonrisa y amistad.
Te extrañaremos y recordaremos
por toda la eternidad”.
Sus hijas Laura y Alejandra; su hijo político Mario; sus nietos Demian y Leandro; su hermano Antonio; su cuñada Catalina; sus sobrinas Claudia, Carmen y Victoria; su sobrino político y sobrinos nietos.

LUIS HUMBERTO BRUNI
El 19 de diciembre pasado, a los 70 años, se despidió de este mundo Luis Humberto Bruni, causando gran tristeza entre sus seres queridos.
Había nacido el 30 de mayo de 1945. Su gran pasión era el deporte: automovilismo, River y su Gimnasia de Tandil, donde nació jugando al fútbol. También lo hizo en Racing de Gardey y en la selección durante varios años.
La pérdida de su hijo hace sólo diez meses más su enfermedad, lo hizo entregarse. Decidió no luchar más. Se fue en paz.
Su esposa, hijo, hija política y sus tres nietos lo extrañan y piden una oración en su memoria.
Sus restos fueron inhumados en el Cementerio Municipal.

JULIETA MARIANA PEREZ
El 30 de noviembre dejó de existir Julieta Mariana Pérez, cuando contaba con 35 años de edad.
“Fue necesario que pasaran algunos días para que todos los que te conocimos, obligados, nos acomodáramos a tu cambio de hábitat tan repentino, tan prematuro para nuestros razonamientos humanos, pero seguramente exacto para el plan de Dios. Así de misteriosos son sus caminos, esos que nos igualan en el desconocimiento de lo que no podemos abarcar, esos que de diferentes modos nos conducen, más tarde o más temprano, a la aceptación de sus designios.
Durante este tiempo, te he recordado de muchas maneras y en todas ellas aparece el denominador común de tu sonrisa, tu manera simple de ser feliz, tu confianza en los demás, tus buenas intenciones para con todos, tu pureza de corazón. Y en cada una de esas fotografías y anécdotas que se hacen audibles, me llega la certeza de que pasaste por esta vida aprendiendo lo fundamental, aquello que muchos tardan en entender. Y desde ese razonamiento, aunque cueste, podemos acompañar tu vuelo.
Tu partida nos enseña una vez más a valorar cada momento presente, a no perdernos en planes desmedidos, a entender que lo único que vale la pena es amar como vos lo hiciste: a tu familia de aquí y de allá, a tus amigos, a tus compañeros de trabajo, a los niños para los que tenías especial atracción, a los ancianos, que tanto te conmovían y en especial a Facundo, tu compañero.
Las palabras se tornan escasas a la hora de explicar los milagros. Esos que nos hacen percibir que existen otros lenguajes, otras formas sutiles de comunicación para las que sólo hay que estar atentos y prestar oídos nuevos.

Con amor, tía Griselda (y todos los que tuvieron la fortuna de conocerte y a quienes tocaste, con tu inocente sencillez)
ALBERTO OSVALDO CONFORTI
El pasado 23 de diciembre se produjo el deceso del vecino Alberto Osvaldo Conforti, provocando dolor en sus seres queridos.

Dedicatorias

“Qué difícil se nos hace tu partida. ¡Cuánto duele! Gran persona, de corazón noble y agradecido de la vida. Cuánto aprendimos al lado tuyo: para vos la familia era lo más importante y eso nos lo hiciste saber. Amabas tus salidas de pesca y asados con amigos y familia, ¡cómo lo disfrutabas y disfrutábamos!
Se te va a extrañar mucho, mucho. Descansa en paz. Buen viaje, sé que nos vamos a volver a encontrar.
(Tu esposa María, tus hijos Omar y Osvaldo, tu hija política Norma, y tus nietos Matías, Gastón y Andrés).

Siempre vas a estar en mi corazón, sólo vos y yo sabemos todo lo que me enseñaste. Sólo vos y yo sabemos todo lo que pasamos; las tardes abajo de los árboles, las tardes en el negocio y todo lo que me decías y el tiempo que te tomabas para darme tu consejo. Siento un dolor inmenso. Toda tu familia, toda la gente que de verdad te conoce sabe lo que fuiste y serás: un tipo con todas las letras… Diste hasta lo que no tuviste siempre para tu familia.
Ahora se terminó el sufrimiento. Descansa en paz. Guárdame ese lugar allá arriba. Te voy a querer siempre abuelo, me esperaste como dijiste y te fuiste, ya no luchas más, ahora tenés que descansar. Nos estamos viendo pronto, sos enorme abuelo. Te quiero para siempre. (Tu nieto Matías)

Uno siempre quiere que estén, pero por algún motivo aparece esa enfermedad tan odiada y te los lleva. Hoy ya no tengo ningún abuelo presente de cuerpo, pero sí estarán en mis mejores recuerdos. Que en paz descanses abuelo querido. (Tu nieto Gastón).

Abuelo: me contagiaste una pasión que jamás en la vida perderé, una enfermedad que va a permanecer conmigo toda mi vida y ni con los años me podré curar de la misma.
La pesca fue una gran alegría en tu vida, amabas tus salidas con amigos, esos días y noches que generaban las mejores anécdotas de la nuestro pasaje por este mundo, y yo -como vos- voy a seguir ese mismo camino que vos mismo recorriste por arroyos, canales, y mares.
Me duele mucho no haber podido ir una última vez de pesca con vos, pero sé que siempre que me encuentre en alguna ribera te voy tendré a mi lado. Te quiere y querrá por siempre, tu nieto Andrés”.

ANGELA CASTAÑO
El 12 de diciembre pasado falleció Angela Castaño, una mujer que había nacido en La Dulce, el 13 de enero de 1931.
Llegó a Tandil a los cinco años, junto a sus padres Angel Castaño y Antonia Herrera.
Cursó hasta tercer grado en la Escuela 8, de Arroyo Seco. Vivían en la Sección Quintas y luego se mudaron al paraje Santa Ana, donde sus padres realizaron tareas rurales.
A los 25 años se casó con Recesvinto D’Alessandro (“Chilo”) (f), con quien tuvo a sus hijos Ricardo Hugo y Luis Alberto (f).
Angela atendía su hogar, pero también vendió cosméticos y cosechó muchas amistades.
Aceptó a Jesucristo como su salvador y se congregaba en la Iglesia Evangélica.
Sus primas, sus cuñados, sus hermanas Sara, María y Rosa; su hijo, su nuera Patricia, sus nietos Martín (f), Gabriel y Daniela; su bisnieta Micaela; sus nietos políticos Emilio y Pablo, la recordarán como “Angelita”, la abuela siempre presente.
“Hoy todos sabemos que estás con tu creador en el Cielo, cantando y alabando a Dios”.

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