Necrológicas

Participaciones de los recientes fallecimientos en la ciudad.

MANUEL CAGLIOLO (MANOLO)

“¿Por qué te habrá tocado irte tan pronto hermano del alma?…. Ahora sólo me queda el orgullo de haber sido tu amigo, el recuerdo de haber compartido muchísimos gratos momentos, muchas experiencias y circunstancias de la vida; estudiando, viajando, paseando en familia, trabajando, festejando y hasta recibiéndonos juntos en aquella primera promoción de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Tandil…. Ahora todo es pasado.

Es un lugar común decir que no lo puedo creer, pero hay que vivir estas situaciones para saber que el dolor sí tiene un lugar común: el corazón. Y allí te llevaré siempre; pero allí también, me llega directa la puñalada de saber que no podré tener más tu amistad, ni tu compañía, ni tus mensajes a la distancia, ni esas charlas tan amenas que hemos disfrutado.

Fuiste una persona entrañable, un amigo incondicional, un ser que supo hacer honor a la tolerancia, a la mesura, al respeto, a la empatía, a la ética, a la comprensión, a la discreción, a la serenidad y a la excelencia. Quienes te conocimos y te querremos siempre, no necesitamos nada para recordarte como una bellísima persona en el más amplio de los sentidos.

Me quedo con infinidad de gratos recuerdos, los atesoraré entre los mejores de mi vida, porque desde que te conocí, a mis 16 años, nuestra amistad fue inalterable.

Supiste darme muchos sabios consejos y fuiste mi bálsamo en otros momentos duros. Mostraste siempre la hidalguía de un hombre de bien y los valores que enaltecen a las personas con sólidos principios éticos y morales. Fuiste un contemporizador nato.

Fuiste un “Señor” con todas las letras, de esos que no deberían irse nunca, de esos que uno necesita tener cerca para valorar y disfrutar siempre de la sana amistad, de la dignidad y la honestidad.

Te conocía demasiado amigo, puedo afirmar seguro todo lo que escribo. Tus bellas pinturas, tus gráciles caballos y tus caricaturas, en el mejor lugar de mi departamento, me acompañarán hasta que me vuelva a encontrar contigo. Te extrañaré horrores amigo del alma; te lloro desde muy lejos, siento muchísimo no poder llegar para despedirte como lo hice el aún cercano 29 de marzo cuando te fuiste a Buenos Aires con muchas ilusiones, como las que teníamos todos Pero estoy seguro que seguirás viviendo en muchos corazones, en el mío ni hablar!

No me puedo resignar, siento mucha impotencia por no poder estar físicamente a tu lado y el de tu familia; esas bellísimas personas que son Zule, Laura y Cecilia, esposa y dos hijas que llevan tu sello calidad y las que podrán siempre contar conmigo para lo que sea.

Gracias por tu incondicional y sincera amistad!

Un abrazo amigo, allá… en el lugar del cielo en el que estés!”

César

 

 

CARLOS ALBERTO MERLO

 

El pasado lunes 2 del corriente se apagó la vida de Carlos Alberto Merlo, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.

Carlos nació en esta ciudad el 21 de octubre de 1946, era hijo de Juan (f) y Rosa (f), compartió su infancia junto a sus hermanos: Oscar Antonio (f) , Juan Benito, Ricardo Ismael, Eduardo Simón, Esther Rosa y Stella Maris, en el barrio General Belgrano (exbarrio Obrero).

Desde los 8 años comenzó a trabajar de canillita, luego fue mozo de varios clubes y confiterías como La Rex, Club Santamarina y Defensores de Belgrano. Buen jugador de fútbol, defendiendo los colores de los clubes Brandsen y El Porvenir. Hasta que cumplió su sueño de tener su propio kiosco de diarios y revistas en Alem y Maipú con ayuda del exconcejal Urruti y de su gran amigo Rubén Paz (f), donde mantuvo momentos gratos e inolvidables junto a su clientela y amigos.

Era feliz viajando y compartiendo momentos de pesca junto a amigos y familiares. Sus hermanos sentirán su ausencia pero no lo olvidarán porque fue una buena persona, un buen hombre que la peleó desde chico por lo cual la lección de vida que nos dejó, luchar cada momento con trabajo honesto.

Las despedidas son promesas de nuevos encuentros, no es el último adiós solo es un hasta luego. Descansa en paz hermano.

Sus restos previo velatorio recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.

 

JOSE ALBERTO ELGORRIAGA

El pasado 3 de mayo, a los 61 años, en Mercedes, se produjo el deceso de José Alberto Elgorriaga.

Su amigo del alma Horacio Fedalto redactó una semblanza que incluye anécdotas vividas durante la larga amistad:

“Transcurría el año 1968-69 y mi padre con un socio habían comprado una fábrica de mosaicos, en la calle 14 de Julio. Por supuesto, ya llegando a los 14 o 15 años tenías que ir amigándote con la pala y los baldes, ya que siempre en casa había poco para repartir, así que había que laburar para tener un mango.

Me encaminé hacia la fábrica el primer día y ahí estaba “él”, petizón, medio gordito, de anteojos, con la lengua sobre el labio de abajo, blanco en cal, ya que le habían asignado la tarea de hacer la “seca”. La “seca” es un preparado a base de polvo de piedra, cal y cemento. Se mezcla en seco y levantaba un polvillo bárbaro. Se usa para hacer mosaicos.

‘Hola’, me dijo, ‘¿cómo estás? Me llamo José’. Ya la negrada de la fábrica le había puesto de sobrenombre ‘alfajor’, por lo blanco de la cal.

A partir de ahí creamos una  amistad bárbara. Con el paso de algunos días lo llevé al barrio y lo presenté con mis amigos. En realidad vivía cerca de nosotros, a tres cuadras, pero cada cuadra, cada esquina, tenía formado su grupo de amigos.

Cuando les presento a José le dicen ‘pero vos no sos el lechero que traía el caballo a pastar a la canchita de acá a la vuelta?’. ‘¡Sí!’, dijo él. ‘No te acordás cómo nos corrías con el caballo?’ te preguntaron y dijiste ‘yo no me acuerdo’.

A partir de ahí te pusimos de sobrenombre ‘El Lechero’. Venías trabajando con tu viejo desde los siete u ocho años, repartiendo leche con un carro.

En aquel tiempo -y ahora también debe pasar- era bravo incorporarse a un grupo de amigos ya formado, así que yo creo que que has sufrido un montón al principio, ya que te discriminaban.

Pero vos firme seguías con la idea de amistad con todos nosotros, bastante animales en aquel entonces.

Nunca en mi vida he visto un tipo tan buen amigo como vos, te quedaste con nosotros contra viento y marea para siempre. Fue pasando el tiempo, en la fábrica trabajábamos prácticamente gratis. Cuando agarrábamos un mango hacíamos una fiesta, comíamos choripán en la casa del “Cabezón”.

Después te fuiste a trabajar a otra fábrica de mosaicos; de ahí a una panadería y después de colectivero de la línea numero 5 (la verde). No se para qué carajo le pusieron el número 500 adelante, la gente nunca más supo los números de los colectivos y ahora los conocemos por los colores.

Si nos habremos reído de estas cosas simples de la vida, lo bien que lo pasábamos hablando bolazos. Después terminaste trabajando con tu tío en el campo.

Sabemos lo que sufriste perdiendo toda tu familia, tus dos hermanos, padre, madre. Vos siempre supiste sobreponerte y creaste tu familia. Ahora tu nietita te llenaba de alegría.

Siempre hablando entre bolazos y bolazos, inventaste la frase ‘calzador viejito’. Esa te la adjudicamos a vos y que quiere decir ‘qué bárbaro’ o ‘qué lindo’, ‘qué calzador lo que me compré’. O también era irónica, ya que por ahí veíamos una mina horrible decíamos “Mirá esa mina de 1810, que calzadora viejito, esa es para vos!’.

Hay tantas anécdotas para contar que hay para llenar un libro. Hablábamos con el ‘Cabezón’ sobre la cantidad de gente que te acompañó hasta tu última morada. Eso dice a las claras lo querible que eras.

Se me está complicando mucho para seguir escribiendo: las lágrimas me empañan los ojos.

Fuiste el primero de la barra que se va. Pero ya nos vamos a encontrar allá arriba y, ¿qué me vas a decir cuando nos veamos?: ‘Calzador viejito, el Señor no me hizo sufrir para llevarme, tuve una muerte calzadora’.

Ya no puedo más. Vaya mi abrazo a toda la familia  del ‘Lechero’ y todos los amigos; y recemos una oración para él.

Tu amigo del alma: Horacio Fedalto.

 

 

FLORENTINO IZUZQUIZA

El primero de mayo, a los 74 años, se produjo el deceso de un querido y respetado vecino de Tandil, Florentino Izuzquiza.

Había nacido el 16 de septiembre de 1941, en Campo los Andes, Tunuyán (Mendoza) y sus padres eran Elisa y Julen. Fue el mayor de tres hijos, hermano de Kelo y Raúl.

Hoy sus seres querido lo describen de la siguiente manera:

 

“Tandilense por adopción, martillero por elección, contador de anécdotas por decisión.

Su vida fue un culto al trabajo, al cual amaba y al que le puso toda su pasión.  40 años dedicados al arte de comprar y vender y -paradójicamente y por esos designios de Dios- finalizó un Primero de Mayo, haciendo honor, habiendo dejado todo y mas en el fragor de la batalla.

Su lealtad su honestidad fueron su sello, esa nobleza que empalaga que enorgullecida a quien lo conocía.

Marcelo fue su bastión, su colaborador fiel, su sostén, su amigo. Su trofeo: sus hijas Lu y Lau, su debilidad: sus nietos. Sus compinches: sus amigos; sus cómplices: sus hermanos y sobrinos, a los que adoró.

Sus hobbies eran cazar, pescar y charlar; hincha del Lobo hasta el final.

Coco, Coquito, Florentino, Walter, eran nombres y seudónimos de una historia singular, particular, pero de alguien que por sobre todas las cosas honró el buen nombre.

Siempre estaba dispuesto a dar un buen consejo, una solución, un chiste a quien lo necesitara, una ocurrencia o una simple mano, pero sin pedir nada a cambio: la satisfacción. Esa fue su comisión.

La historia continúa y su misión la cumplió. Sin dudas su recuerdo quedará en muchos de nosotros aportando ese espíritu positivo que contagió.

Dejaste huella, hiciste camino al andar. Hasta siempre señor Florentino Izuzquiza. Lo vamos a extrañar!”

 

BLANCA ESTHER FRONTINI Vda. DE CHRISTENSEN

El sábado 7 de mayo, a los 92 años, falleció Blanca Esther Frontini de Christensen.

Nacida el 20 de octubre de 1923 y décima hija de once hermanos del matrimonio de inmigrantes italianos formado por Juan Frontini y Ángela Verna, perteneció a una familia humilde, sencilla, numerosa.

Recordada por todos como una persona animosa, una gran luchadora en la vida, muy trabajadora en su hogar en todas las tareas que requerían no sólo energía sino también creatividad.

Modista en su juventud, siguió cosiendo y tejiendo para sí misma lo que permitía verla siempre bella y elegante; y también para sus hijos, con asombrosa rapidez e imaginación.

Siempre dispuesta a reunir a la familia en alegre mesa, atenta a los requerimientos de su esposo William, y de sus tres hijos Susana, Betty y Guillermo; y su descendencia llegó a 13 nietos y 18 bisnietos. Su presencia no pasaba inadvertida para ellos en las reuniones familiares. La familia era el motor que la hacía feliz.

En los últimos años, poco a poco su salud le fue quitando fuerzas y memoria, pero en ella perduró hasta el final una sorprendente fortaleza interior y fe en Dios.

 

Recordatorio

 

“Descansa en paz en su sueño eterno. En el monolito a cuyo pie está su sepultura se traducen las siguientes palabras: ‘Yo estoy cansado y voy a reposar… Cierro mis ojos para que mi Padre me vea con amor e imploro descanso desde aquí, mi humilde morada…’  Paz… Nunca Dudes… Solamente cree.

Mami, hermosa esposa y madre que infundiste el valor del trabajo, la Fe cristiana y la educación, dejándonos un tesoro de perseverancia y fortaleza dignas de ser imitadas, permanecerás siempre en nuestros mejores recuerdos”.

La familia agradece con afecto las valiosas muestras de condolencias y compañía recibidas.

 

 

HUGO RICARDO CAPRISTO

El pasado 30 de abril, en la ciudad de Neuquén, fue despedido Hugo Ricardo Capristo, nacido el 6 de septiembre de 1957.

En Tandil creció junto a sus hermanas Leticia Susana y Stella Maris. Formó su familia junto a Liliana Mesas y fruto de esa unión nació su única hija, Guillermina. Eran sus dos amores, sus soles, como él les decía.

Un día el destino quiso que su vida tomara otro mundo y llegó a Neuquén, donde forjó su destino y logró estabilidad laboral.

 

Dedicatoria

 

“¿Qué decirte hermano querido? Te fuiste muy pronto, haciéndonos mucha falta a todos. Dejaste un gran vacío.

Ejemplo de hijo, hermano, marido, padre, sé que estás guiándonos desde una estrella junto al Viejo, como vos le decías.

Extrañaré tus bromas, tus enojos, nuestras charlas, pero sé que estás en un lugar hermoso. Quién sabe en cuanto tiempo nos vamos a encontrar, sé que es así.

Tu partida nos dejó un gran dolor a tu Viejita, hermanos, sobrinos, cuñados y a la distancia a tu señora Liliana, Guille y Elías.

Con esto quise homenajearte de alguna manera. No me salen más palabras, más sí un dolor infinito.

Buen viaje, querido Hugo. Vivirás en nuestros corazones”.

 

Mamá, Leticia y Estela.

 

 

CANDIDA JOSEFA RODRIGUEZ Vda. DE TOLOSA

Nació en Tandil el 2 de mayo de 1936 y partió el pasado 30 de abril.

Cuando era chica se ubicó la familia en la fonda de Napaleofú. En la adolescencia trabajó en los tambos de San Lorenzo y después en la cantera Santa Elena (hoy Rancho de Popis) junto a sus hermanos Juan (f), Carlos y Pichona. Ahí sacaban y cargaban arena para los corralones de Tandil y la zona.

Allí conoció al gran amor de toda su vida: Enrique Wenceslao Tolosa (f) y nacieron dos de sus hijos, José Enrique y Nancy. Posteriormente se dirigieron al campo Ramón I, donde nació Hugo; en tanto que al poco tiempo regresaron a Tandil, al barrio de Maipú y 11 de Septiembre, y se produjo el nacimiento de Daniel Alberto.

Luego la familia se trasladó a la zona del Parque Industrial, a un criadero de cerdos de su tío Francisco Fiego, naciendo en 1975 Ariel Darío.

Con el tiempo el matrimonio compró sus tierras en Cerro Chato y en 1976 construyeron su hogar.

En 1995 Cándida sufrió el fallecimiento de su esposo. Vivió con sus hijos Daniel Alberto y Ariel Darío, hasta que éste se casó con Magalí Pucheta.

Su nieto Bautista era su mejor compañía y hoy lamenta su partida.

Daniel Alberto, soltero, vivió con ella siempre y hoy sufre su ausencia.

“Hijos, nietos y bisnietos, junto a sus vecinos Beatriz Mandayo y su esposo Mario Donati, cuñadas y sobrinos lamentamos no tenerte. Te amamos Pepita”.

 

HORACIO OSCAR GARCIA

El 7 de mayo pasado se produjo el deceso del respetado vecino Horacio Oscar García, definido por sus seres queridos como un gran hombre de trabajo.

“Fuiste alambrador y trabajaste en el Rancho de Popi. Eras muy buena persona con toda la gente que te conoció y en especial con la familia de tu compañera, con Carmen, Teresa y Mimí, Raúl que tanto se reían y a quien querías mucho; al Negro y Karina y a todos mis nietos y toda mi familia.

Siempre me decían que fuiste un hombre muy bueno con tu compañera, que te va a extrañar mucho”.

Irma Estela Casey

 

JESUS ALBERTO BIDEGAIN (PUCHETA)

Había nacido el 4 de diciembre de 1948 y su deceso se produjo de forma inesperada el 5 de mayo pasado.

Su familia señala que “no hay palabras que expresen el dolor de haberte perdido para siempre. Tu imagen estará siempre en nuestras mentes.

Dios te tiene en sus brazos y nosotros en nuestro corazón.

Tus papás, esposa, hijos, sobrinos, nietos hermanos, hermanos políticos y demás familiares siempre te recordaremos”.

 

MARIANO CIRIACO SPIKERMAN

El 28 de abril, a los 71 años, falleció Mariano Ciriaco Spikerman.

Después de haber superado un cáncer en las cuerdas bocales, una fibrosis pulmonar complicada con una neumonía precipitó su final.

Había nacido en Rauch, el 16 de octubre de 1944 y sus padres eran Celina Bernaola y Ciriaco Spikerman, ambos fallecidos. Formaron una gran familia con nueve hijos y 33 sobrinos.

Mariano concurrió a la escuela primaria de dicha ciudad.

Desde muy chico realizó tareas rurales en La Pastora, en tanto que en 1969 se casó con Hilda Torresblanca, con quien formó su familia, en el campo La Soledad, del paraje Tres Mojones.

El matrimonio tuvo tres hijos: Mariana, Juan Alberto y Juan Manuel, quienes le dieron ocho nietos (Belén, Carlos, Sol, María Eugenia, Valentina, Nicole, Juan Ariel y Brisa) y un bisnieto (Salvador), en tanto que sus hijos políticos eran Javier García y Norma Báez.

Trabajó unos años manejando su remís y sus últimas tareas las realizó en “La Caracolera” (proyecto de la parroquia del Santísimo Sacramento liderado por el padre Raúl Troncoso, con quien se tenían mucho aprecio), hasta jubilarse.

Siempre tuvo una relación fluida y afectuosa con toda su familia: hermanos, hermanos políticos, sobrinos y primos.

Cosechó amistades desde su niñez, manteniendo trato hasta con sus compañeros del Servicio Militar, realizado en el Escuadrón de Comunicaciones de Tandil.

Sus seres queridos lo despidieron con hondo pesar y lo recordarán por siempre.

 

OLIVA REBOLLO

El 3 de mayo pasado se produjo el deceso de una respetada vecina que contaba con 84 años, Oliva Rebollo.

Hija de inmigrantes españoles, había nacido en Tandil el 26 de julio de 1932.

Muy católica y soltera, Oliva dedicó su vida al cuidado de sus padres y uno de sus cinco hermanos, siendo la menor de la familia.

Laboralmente se desempeñó en el ex Preventorio y posteriormente en la enfermería de Metalúrgica Tandil, hasta su jubilación.

La vida le dio muchos hijos del corazón, que en forma permanente le manifestaban su afecto e incluso uno de ellos le compuso un poema.

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