Necrológicas

Participaciones de los recientes fallecimientos en la ciudad.

JUANA SARA MAIRE DE QUIÑONES

“El 25 de mayo se apagó la luz de nuestra querida Sarita Maire. Dejando su sonrisa permanente en el recuerdo de sus seres queridos que la acompañaron hasta el último momento.

Como era costumbre: siempre acompañada de familiares y amigos de distintas edades. Sarita había nacido el 1 de octubre de 1927, en la localidad de Claraz.

De muy chica perdió a su mamá. Luego se mudó a María Ignacia, Vela, donde empezó a construir su hermosa vida. Se casó con Horacio Quiñones y tuvo dos hijos: Horacio y Mirla.

Con el tiempo pudo disfrutar de sus dos nietas: Romina y Lucila, y pasados los años la vida le hizo otro regalo: la llegada de los bisnietos Genaro, Valentino y Eloísa.

Tuvo la valentía y el amor necesarios para criar y sentar a su mesa a muchos más seres queridos que la llamaron con cariño “tía” o “abuela”.

Se despidió de nosotros dejando las más lindas de todas las enseñanzas: construir nuestra vida con honestidad, amor y solidaridad con los que necesitan.

Todos los que te conocimos sabemos que marchaste para encontrarte con tu inseparable amiga “Ñata” para transitar juntas el descanso que ambas se merecían.

¡Hasta siempre abuela Sara!”.

 

DORA CONCEPCION DICK DE CAAMAÑO

El 26 de mayo pasado, a los 76 años, falleció Dora Concepción Dick de Caamaño, una mujer humilde, trabajadora incansable y de buen corazón.

Formó su familia junto a Joaquín Caamaño, con quien tuvo dos hijos: Graciela y Rubén, y luego disfrutó la llegada de sus cuatro soles: Naty, Lucky, Meli y Anto.

 

Dedicatorias

 

“¡Gracias por tanto, madre querida! Por preocuparte y ocuparte por cada uno de nosotros. Junto a papá nos diste lo mejor.

Dios decidió que tenías que partir junto a tu mamá y hermanos que tanto querías.

Te deseamos un viaje inmenso de paz. Te amamos, guerrera de la vida”.

Papá, tus hijos, hijos políticos, nietas y nietos políticos.

 

“Gracias viejita hermosa por una infancia inolvidable, llena de amor, cuidados y dedicación. Gracias por haber sido la abuela madrina que fuiste.

Quedan los recuerdos y anécdotas más hermosas. Hoy son tres los angelitos que nos guían desde el cielo. Cuidaremos con mucho amor al Abu.

¡Te amamos y extrañamos!

Naty y Lucky.

 

Abuelita: gracias por todo el amor que nos diste siempre. Ahora nos tocó despedirte pero donde estés vas a cuidar de nosotros y acompañar en el camino que nos toca vivir.

Te amamos y extrañamos. ¡Hasta siempre!

Meli y Anto.

 

ALBERTO OSCAR MIGUEL (“CUETE”)

A los 67 años, falleció el 29 de mayo Alberto Miguel, quien había nacido el 19 de julio de 1948.

Era hijo de Camila Gallardo y Miguel Angel (f). Sus primeros 16 años vivió en El Tropezón con sus padres y su único hermano, Jorge Daniel.

Concurrió a la Escuela 220, del barrio Militar y a los 13 años comenzó a trabajar en la cuchillería Atahualpa, en tanto que a los 16 pasó a Juca, donde estuvo durante 35 años. Tras enfermarse, debió jubilarse a los 52 años.

Muy joven se había casado con teresa Casey y transcurrieron 49 años juntos. Tuvieron tres hijos, diez nietos y dos bisnietos, a los que amó sin medida. También recibió de ellos lo mejor, como de sus hijos políticos.

Su hobby era la pesca, que compartía siempre con amigos y últimamente lo hacía con su hijo y nietos, que por su enfermedad debían cuidarlo y -de más está decirlo- así lo hacían.

Era humilde, familiero y cosechó amigos, a la vez que acompañó a su señora en el negocio que tuvieron y llevaba su apodo, el bar El Cuete.

“Sin dudas su recuerdo quedará en todos quienes lo conocieron, en sus hermanas políticas que lo querían mucho, sobrinos políticos que nunca dejaron de estar con él.

En los últimos años, poco a poco su salud le fue quitando fuerzas y memoria, pero hasta el final tuvo una sorprendente fortaleza y así es que pedimos fuerzas para poder seguir, seguro extrañándolo mucho.

Que descanses en paz, en este sueño eterno”.

Tu querida familia.

 

ROSA ZABALA

El 29 de mayo pasado se produjo el deceso de Rosa Zabala, una querida vecina tandilense, que había nacido el 20 de febrero de 1932 en Pueblo Libertador, en la provincia de Corrientes, la ex Colonia Berón de Astrada. en el departamento de Esquina.

A los 16 años se casó y tuvo nueve hijos. Tras la separación de su marido, crió sola a sus hijos.

La vida no le fue nada fácil. Debió desempeñarse en trabajos duros como son todo tipo de tareas del campo, con una honestidad elogiable.

En los ’90 se mudó a la ciudad de La Paz (provincia de Entre Ríos), en busca de nuevas horizontes.

Pero la vida le jugó una mala pasada en el año 1996, cuando perdió un hijo en un accidente de tránsito. Posteriormente sufrió demencia senil y -al no poder vivir sola por su enfermedad- se trasladó a Tandil, en el año 2005.

Vivió con una de sus hijas. Pero cuando todo parecía estar bien, otra vez la vida le jugó otra mala pasada, ya que en el año 2014 perdió otro hijo por un cáncer.

Visiblemente afectada por lo que pasaba en su vida, Rosa sufrió una depresión de tal magnitud que desencadenó en varios ACV que la llevaron a la muerte.

 

Dedicatoria

 

“Gracias Mamá por regalarme la vida, por permitirme conocer este mundo, por darme fuerzas para ser cada día mejor.

Mamá eres esa luz especial que siempre brilla, cuando los demás me han abandonado en la oscuridad.

Eres esa puerta siempre abierta para mí a toda hora.

Gracias por tu cariño sin fin.

Jamás encontraremos en la vida ternura y cariño igual al de una madre.

Mi madre reza por mí incluso cuando yo solo rezo por mí mismo.

Mi madre se acuerda de mí cuando ni yo mismo lo hago.

Mi madre me daría el mundo entero si estuviera en sus manos.

No hay amor que se pueda comparar.

Solo el amor de una madre apoya a su hijo, cuando todo el mundo deja de hacerlo.

Solo el amor de una madre confía, cuando ningún otro cree.

Solo el amor de una madre perdona, cuando ningún otro entendería.

Solo el amor de una madre resiste cualquier tiempo de prueba.

No existe otro amor terrenal más grande que el de una madre.

Ojalá pudiera volver atrás el tiempo, no para rectificar algo mal hecho, sino para abrazar a alguien que ya no está.

Ojalá pudiera volver atrás el tiempo, no para un ser niño de nuevo, sino para besar a mi madre que extraño cada vez más.

Allá donde estés y que Dios te tenga en la gloria.

Con mucho cariño tu hija Nica y familia”.

 

CARLOS ALBERTO DIAZ

El pasado 7 de junio, a los 71 años falleció Carlos Alberto Díaz.

“Querido esposo, padre, abuelo y bisabuelo.

No hay palabras para decirte que te vamos a extrañar mucho. Siempre trabajaste en el taller de pintura de tu querida Municipalidad, hasta jubilarte por incapacidad.

Tuviste buenos amigos desde la infancia y los disfrutaste cuando se reunían en el club Defensa, el club de tu barrio, donde en unos carnavales nos conocimos y al año ya nos casamos, hace 46 años.

Tus tres hijos, cinco nietos y dos bisnietos te aman.

Espero que en el cielo nos veas y te encuentres con sus hermanos, la familia Díaz, que vivió en Vélez Sarsfield al cien.

Bueno, espero encontrarte cuando Dios lo decida y seguiremos juntos para siempre.

Tu esposa, Antonia Rosa Ramos”.

 

FERNANDO SEBASTIAN AUGUSTE

El doctor Fernando Sebastián Auguste fue un destacado médico clínico-cirujano de nuestra ciudad, que con pasión y dedicación ejerció su profesión por más de cuatro décadas.

El sábado 28 de mayo, a los 71 años, se apagó su vida pero dejó un imborrable recuerdo en quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo.

Siendo porteño de nacimiento, eligió ser tandilense. El 4 de abril de 1974, junto a su esposa María Inés, sus dos pequeños hijos Sebastián y Gonzalo, y su título de médico de la UBA, apostó por un Tandil que poco conocía pero que pronto lo enamoró. Nunca más se fue, había encontrado su lugar en el mundo. Aquí nacieron Leandro y Pablo conformando esa gran familia que tanto anhelaba.

Vivió como pregonaba, con pasión. Amaba su ciudad, amaba ser médico, y amaba su familia.

Trabajó en diversas instituciones de nuestra ciudad, como el Hospital Ramón Santamarina, el Policlínico Ferroviario, el Sanatorio Tandil, la Clínica Chacabuco, PAMI y los Consultorios del Sol.

También se involucró en cuanta institución hayan estado sus hijos, mostrando su virtud como padre y sus ganas de aportar al desarrollo local. Entre otros, fue miembro de la cooperadora de la Escuela Normal, la comisión de padres del Colegio San José, colaborador en el CEF 42 y entrenador de rugby en Uncas.

Como médico, fue de la vieja escuela, trabajador incansable, casi médico rural. Atendía al paciente y también a toda la familia. Escuchaba a sus pacientes y también aleccionaba en lo que creía que podía ayudarlos en la vida. Entendía que las dolencias no eran sólo del cuerpo, el alma también podía doler y enfermar. Una palabra afectuosa, algún chiste rápido y una sonrisa cálida eran la primera medicina que daba a todo aquel que lo consultaba.

La medicina fue su profesión, su hobby, y su segundo amor. Pero tuvo tiempo para más, para formar y disfrutar a su primer amor: la familia.

Su esposa Inés, tus hijos Sebastián, Gonzalo, Leandro y Pablo, sus hijas políticas Inés, María, Romina y Laura y sus nietas Ignacia y Juana, lo despiden con amor y dolor.

 

HECTOR PEDRO LAMACCHIA

El martes 31 de mayo se apagó la vida de Héctor Pedro Lamacchia, quien contaba con 80 años de edad.

Su pérdida despertó dolor y angustia entre sus seres queridos.

Héctor nació en Tandil el 2 de diciembre de 1935. Contrajo matrimonio con Elba Noemí de cuya unión nacieron sus dos hijos Daniel y Darío.

La familia se agrandó con la llegada de su nuera Mónica y con el correr del tiempo de su nieto Agustín.

Su vida se centró en el cuidado de su familia y su trabajo de ferroviario, desempeñándose como maquinista.

Sus seres queridos lamentan profundamente su partida y elevan plegarias por el eterno descanso de su alma.

 

GUILLERMO ERNESTO TRIVIÑO (WILLY)

El pasado 28 de mayo de produjo el deceso del popular Willy, referente de la hinchada aurinegra.

Sus compañeros de pasión lo despiden con afecto y con mucho sentimiento:

“Somos de la gloriosa barra del aurinegro que llegó al nacional con el maestro Romeo, van pasando los años, yo te aliento y te sigo, por el amigo del alma y los momentos compartidos.

Necesito despedirte con el canto de la tribuna, esa es la manera en la que te conocí, viviendo años de estar allí, siempre con el aurinegro. No importaba la categoría, el momento, la situación; solo una pasión nos unía. Nada más ni nada menos.

Esa que solo se explica compartiendo el placer de haber jugado un nacional, llorando cuando vimos rematarse hasta los trofeos, en la humillación de que nos vendieran una parte de la historia, en la amistad del mate y la torta de cumpleaños compartidos en el tablón, muriendo un poco cuando vimos caer las paredes de la cancha de Roca y Belgrano, sintiendo la injusticia de ver cómo entregaron la quinta Belén, unidos en el odio hacia esos apellidos que sacaban lo peor de nosotros, juntos en la clandestinidad de formar parte de un club que hasta el nombre le robaron; pero luchando siempre para recuperar la historia, siendo partícipes de esa vuelta tan anhelada que pudiste disfrutar, porque nadie se la merecía más que vos.

Willy querido, en la cancha siempre habrá un lugar vacío, en mi corazón un pedacito que falta. Estarás con Elena, Graciela, Chuchuy y el Torta, todos juntos escuchando a Sergio, aunque ahora podrás ver todos los partidos sin importar dónde juguemos. Sé que desde el cielo vas a alentar. Te quiero, amigo.

Soy nacido en el barrio de Talleres, aurinegro voy a ser hasta el final…”.

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