Necrológicas

JOSE ALBERTO MORONDO

El pasado 6 de Agosto, a los 71 años de edad, se fue de este mundo José Alberto Morondo, “Cacho”, como lo conocían sus familiares y amigos.
Nació en la vecina ciudad de Rauch, el 7 de noviembre de 1944, y pasó sus primeros años de su vida, con su mamá, Celina Morondo, su abuela y tíos, en un campo cerca del pueblo de De la Canal. Durante su niñez vino a Tandil con su abuela, Carmen Morondo, con quien vivió hasta su edad adulta.
Hizo sus estudios primarios en la Escuela 11. Se recibió de técnico electromecánico en la Escuela Técnica Número 2 “Ing. Felipe Senillosa”. En esta época conoció a su amada esposa, compañera de toda su vida, Alicia Beatriz Torres, con quien tuvo dos hijos: Emanuel Morondo y María Mercedes Morondo.
Estudió en la Universidad Nacional de Centro, hasta tercer año, la carrera de Ingeniería Industrial, trabajando por aquellos años en Metalúrgica Tandil. Allí conoció a Héctor Oroná, con quien trabajó por más de 30 años, hasta el final de sus días.
Fue un excelente esposo, padre, abuelo y amigo. Su familia le rinde homenaje a su legado, y las huellas que dejó en esta vida, recordándolo así:
“Querido papá:
Te fuiste tan rápido viejito. Todavía no podemos entender que no estás, que no te volveremos a ver en esta vida.
No nos quedó pendiente haberte disfrutado, porque sabe Dios que lo hicimos hasta el último de tus días… Los mates, las películas que mirábamos juntos, los partidos de fútbol, viajes, las cenas en familia, tus juegos con los nietos, tus anécdotas, charlas y consejos… Eras un hombre tan simple, que nos enseñaste a disfrutar de las cosas simples. Fuiste feliz con lo que tenías, y siempre te alegraste de corazón de los logros de los demás, porque vos todo lo hiciste con mucho sacrificio, laburando.
Hiciste del trabajo, sacrificio, y esfuerzo, tu culto de vida. Fuiste ejemplo de tenacidad y de superación personal. Nos dejaste los valores más importantes que se les puede dejar a los hijos, fuiste ejemplo de honestidad, honradez y entrega por tu familia. Nos diste lo que podías y mucho más… Nunca nos faltó nada… ¡Fuiste un ser tan integro!
Sentimos la necesidad de agradecerte todo lo que luchaste siempre por tu vida, por seguir estando con nosotros. ¡No te quedó pendiente darnos nada viejito!
Gracias por traernos al mundo y darnos esta familia. Gracias por marcarnos el rumbo, porque un padre no es solo un amigo, es un pilar que te muestra el camino. Gracias por enseñarnos con tu ejemplo. Gracias por dedicarnos tu tiempo. Gracias por mostrarnos lo que es un esposo, con la forma y cada gesto que tuviste con mamá.
Como te susurramos cuando te despedimos en el cajón: Te volveríamos elegir como padre, en esta, y en mil vidas más.
Te pedimos por Dios, que sabemos que estás muy cerca de él, que descanses en paz viejito… Que sigas tu viaje… No te quedó pendiente nada, hasta tu vida diste por nosotros.
Quedate tranquilo que con Emanuel vamos a cuidar a mamá como lo hiciste vos. Y también a tus nietos, Panchito e Inés, que eran tu orgullo y tu alegría.
Esperamos que estés en un lugar mejor… Esperamos que el cielo sea el lugar más maravilloso donde merecés estar.
Te dejamos ir en paz, hacé tu viaje tranquilo, querido padre y amigo.
Esperamos volver a verte algún día.
¡Te amaremos y te extrañaremos siempre!
¡Ahora sos nuestro ángel, Cachito querido!

MARIA ESTHER TUST

El 26 de julio pasado falleció María Esther Tust, una tandilense que vivía en la zona de Villa Italia. Había nacido el 27 de agosto de 1940. Se desempeñó durante décadas como enfermera particular, cuidó de enfermos y ancianos, dedicando toda su existencia a cuidar al prójimo, brindando cuidado y amor a los demás.
Muy tristes por la pérdida de Esther, sus familiares más queridos la recuerdan así: “Querida hermana, tu partida nos ha dejado mucho dolor, pero como dice San Agustín, queda a los que lloran lo que hay de más hermoso, la esperanza de que mediante la bondad de Dios, nos encontraremos en el cielo, y entre tanto en la tierra, el recuerdo de tus consejos y el ejemplo de tu vida. Jesús misericordioso dale el descanso eterno. Con amor y esperanza, tus hermanas”.

JORGE MARIO ROMERO

El 30 de julio pasado, a los 52 años, dejó de existir Jorge Mario Romero, tras batallar durante dos años contra la cruel enfermedad del cáncer.
Jorge había nacido el 13 de agosto de 1963, en Tandil, y ayer hubiese cumplido sus 53 años. De pequeño vivió con su familia en el campo, en la zona de Fulton, y también por Azucena, donde cursó sus estudios primarios.
En 1984 se casó con Leonilda Josefa Elizalde y se radicaron en la bella ciudad de Puerto Madryn, en busca de construir una hermosa familia. Allí vivieron durante ocho años y recibieron a sus hijos Inés e Iván.
Un problema de salud de su niña hizo que Jorge y su familia regresaran a Tandil. Trabajó en la industria metalúrgica, se desempeñó en el oficio de gomero y en su adultez estudió y se recibió de gasista matriculado, la actividad que continuó hasta su pronta partida.
Tenía varias pasiones, como el fútbol, con su fanatismo por San Lorenzo y Santamarina. Le encantaba jugar y no le gustaba perder al truco. Además, era un fiel seguidor de la banda Ajenjo y asistió a sus shows hasta el final.

“Hoy me toca escribir la última carta; vos escribiste las primeras cuando teníamos 18 años y comenzábamos a andar de novios. Qué decirte que ya no nos hayamos dicho, pero sí contarles a quienes no nos conocieron antes que pasamos toda una vida juntos, nos conocíamos desde la infancia, luego nos encontramos en la juventud y desde allí no nos separamos más hasta el sábado 30 de julio, cuando partiste a la casa del Señor. Pasamos 35 años juntos.
Vivimos una vida vertiginosa que ninguno de los dos jamás imaginó con sucesos de todo tipo, pero siempre juntos.
Hoy me detengo y te cuento que tu “cosecha fue abundante”, primero porque formamos una hermosa familia con dos hijos maravillosos y una nieta hermosa.
Al saber de tu partida y antes también, quienes te conocían nos llenaron de amor y contención, nuestros ‘lobatos’ del grupo Scout Nuestra Señora de Begoña, tus amigos de la peña de tu querido San Lorenzo, los compañeros y amigos de la Unión Obrera Metalúrgica y por supuesto, la incondicional comunidad de la parroquia San Cayetano, gente hermosa, hermanos de Jesús que nos acompañaron y nos siguen acompañando a mí y a los chicos. Te recuerdan constantemente y sobre todo, el 7 de agosto (fiesta del Santo Patrono) tu presencia se sentía. Habías trabajado mucho tus últimos días haciendo rosarios para la santería.
Es muchísimo lo que podemos recordar los chicos y yo, seguís estando entre nosotros, lo resumimos en una frase que nos mandó una ‘lobezna’: “‘No es más que un hasta luego, no es más que un simple adiós’ de la canción de despedida de los campamentos de scout. Te amamos”. Tu esposa Leo, tus hijos Inés e Iván y tu nieta Danna Regina.

“La distancia entre los dos no acontece en la vida quizás por el hecho de tu partida. Quisiera poder resumir el dolor de tu partida, pero solo podré recordar anécdotas del ayer que hoy suenan como felices recuerdos de nuestros hijos corriendo bajo el sol en el Dique. El partido de truco que con risas te gané. Cómo no recordarte con tu San Lorenzo querido. Fanático de Santa, hasta bromeabas con tu partida: ‘Déjenme en la repisa para escuchar la radio, así no me pierdo ningún partido’.
Un loquito bueno. Un hermano en esta vida. Hoy me despido de ti, con tristeza, siento tu partida. Gracias por ser mi hermano en esta vida”.

FRANCISCA EVARISTA LISTA

El pasado 28 de julio se elevó a los campos del cielo, a los 92 años, quien en vida fue Francisca Lista (“Negra”), vecina de Villa Italia, donde vivió casi 80 años, dejando al desaparecer un vacío en toda la barriada y allegados, y el pesar amargo a todos los que la conocieron.
Nacida en Cascallares, desde muy joven, buscando nuevos horizontes con su familia, se radicó en Tandil, donde a pesar de su corta edad, trabajó en casas de familia y en quehaceres domésticos.
Años más tarde conoció a su compañero de la vida, Benito C. Calabrese, y hasta su fallecimiento compartieron más de 60 años de casados. Fruto de ese matrimonio tuvieron tres hijos, Rubén, Ricardo y Liliana.
Buena madre, ama de casa, persona activa, servicial, solidaria, tanto en los momentos malos (enfermedades) o en los buenos, por lo alegre y divertida.
A pesar de los años, tenía la lucidez para contar sus vivencias y experiencias, consejos. Hasta hace poco, todavía compartía con un grupo de compañeras de gimnasia, donde pasaba momentos agradables.
En lo social, fue miembro del Club de Madres de la Escuela 21. Participaba del grupo de Cáritas de la parroquia Nuestra Señora de Begonia. También fue fundadora de la Congregación Franciscana Hermanos de María de la misma parroquia.
La “Abu” como le dicen los nietos y bisnietos dejó un lugar muy difícil quizás para alcanzar.

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