Necrológicas

NERI INES ROMERO DE SAUER
El 4 de noviembre pasado se produjo el fallecimiento de Neri Romero, una mujer definida por sus allegados como honrada, trabajadora y amorosa.
Nació el 4 de agosto de 1934 en Benito Juárez y era la tercera de siete hermanos, hijos de María del Carmen Zapata y Nicasio Romero.
A muy temprana edad quedó huérfana y se abrió paso trabajando incansablemente.
Años más tarde junto al que fue su compañero por poco tiempo, Jacobo Sauer, tuvieron tres hijas. Al enviudar, nuevamente quedó a la deriva, pero esta vez con tres bocas que alimentar.
Persona emprendedora, voluntariosa, optimista, salió adelante gracias a su gran fuerza de voluntad.
Ya habiendo cumplido su meta de la casa propia nació su cuarto hijo, quien con esfuerzo y voluntad hoy día -además de ser ingeniero- la acompañó y cuidó hasta el último momento.
Su familia y vecinos despidieron a Neri Romero con gran dolor.

“Recordada y admirada. Valorada y amada. Mi abuela fue la persona más trabajadora y honrada que conocí en mi vida. Su existencia fue dura y complicada, sin embargo superó todos los obstáculos con tesón y optimismo. Nunca bajó los brazos ni flaqueó en sus metas. Un verdadero ejemplo a seguir…”.

“Abuela: me enseñaste a leer y a escribir, a sumar y restar a pesar de que solo hiciste hasta segundo grado.
Me diste el ejemplo de humildad y honradez, trabajar con amor (así no te guste) y -sobre todo- me amaste incondicionalmente hasta el final.
Te debo todo lo que tengo y lo que soy. Te voy a amar hasta el día que muera. Y así y todo te voy a buscar donde quiera que vaya…
Con amor: tu hija nieta Soledad”.

CARLOS HECTOR BLANCO
El pasado 10 de noviembre se produjo el fallecimiento de un tandilense por adopción muy querido y respetado en los diversos ámbitos en los que se desempeñaba: Carlos Héctor Blanco.
Carlos había nacido en el barrio porteño de Belgrano, el 9 de enero de 1955, y estaba radicado en Tandil desde hace aproximadamente 12 años.
Era padre de siete hijos: María Elisa, Emiliano, Federico, Yésica, Martín, Manuel y Loana; en tanto que también pudo disfrutar de sus nietos Bianca, Melany, Agustina, Candela, Franco, Belinda, Luna y Sofía.
Carlos Blanco se dedicaba a la construcción y mantenimiento de edificios, además se desempeñarse en la docencia en el Centro de Formación Profesional 403. Era frecuente verlo prestando servicios en forma independiente a empresas e instituciones, entre las que se encuentran el Hotel Dior, la Municipalidad de Tandil y el Consejo Escolar.
Su pronta e inesperada partida hoy es lamentada por su familia, que destaca entre sus virtudes la sinceridad y profesionalidad.
Sus hijos recalcaron el amor por su padre y la dedicación que les brindó. “Lo queremos un montón. Es un momento muy fuerte y lo extrañamos”, comentaron y plantearon sus virtudes.

Dedicatoria

Daniel López, director del Centro de Formación Profesional 403, tuvo sentidas palabras para Carlos Héctor Blanco, integrante del staff de docentes del establecimiento:

“Cuando comenzó en nuestro Centro de Formación Profesional 403 se destacaba por su organización y aplicación. Siempre generaba ideas sobre su oficio y una de sus virtudes era el enorme compromiso con el proyecto anual, al que permanentemente mejoraba con iniciativas propias.
Ponía hincapié en una cuestión esencial como es la seguridad y la higiene en el trabajo, al punto de ser impulsor de una amplia jornada desarrollada en el Centro Almafuerte con la presencia de profesionales, Bomberos y la Municipalidad.
Una de sus grandes capacidades fue el armado de grupos de trabajo, fortalecimiento el compromiso con el estudio.
Tenía las virtudes del gran docente y actualmente -junto a otros idóneos- llevaba adelante el curso para acreditarse como instructor.
Hace solo un mes, nadie preveía este desenlace que ha impactado en el cuerpo docente, ya que era de uno de los mejores compañeros.
Será muy difícil reemplazar tantas virtudes, ya sean humanas y como docente de nuestra institución”.

JUAN CARLOS CARAFFINI
El 30 de octubre falleció Juan Carlos Caraffini, quien tenía 81 años y era muy conocido en Tandil.
Había nacido el 16 de octubre de 1935.
Apodado “El Indio”, Juan Carlos se dedicó por más de cuatro décadas a la actividad gastronómica, siendo recordadas sus parrillas “La Cueva del Indio”, “El Indio Calcú” y “La Vuelta del Indio”, emplazada esta última en 9 de Julio y Pellegrini.

Dedicatoria

“El 16 de octubre cumplió sus 81 años en terapia. Lo saludé y le dije: ‘Mirá el regalo que te hizo el Papa: canonizó al padre Brochero’ y su rostro se iluminó con una amplia sonrisa. Como siempre, agradecido a pesar de todo.
Con tu hija Claudia y Juan te sentimos presente, recordando tus chistes y tus palabras bondadosas, siempre con alegría.
Tu compañera, Gloria (Goli) Rifé”.

IRENE EUGENIA RAMALLO VDA. DE IRRUTIA (“LALA”)
A los 87 años, el pasado 9 de noviembre se apagó la vida de Irene Eugenia Ramallo viuda de Irrutia, una vecina muy querida y respetada.
Había nacido en Tandil el 1 de octubre de 1929 y su vida se desarrolló en las barriadas de Villa Aguirre y Villa Italia.
Conocida desde joven como “Lala”, Irene Eugenia unió su vida a Emilio “El León” Irrutia, un trabajador rural. A su vez, ella se desempeñó en tareas domésticas en casas de familia.
En 1985 sufrió el dolor de la pérdida de su hija Teresita y se transformó en una madre para sus nietas Daniela Irrutia, Rocío y Gabriela Rivarola. Luego llegaron los nietos políticos Walter Ibáñez, José Chamorro y Alberto Alzú.
Sus bisnietos Soledad y Luciano Mónaco, Macarena y Victoria Rivarola, y Sebastián Chamorro llenaron su vida, a la vez que contó con la amistad incondicional de Hilda Delgado, Bernardo y Andrés.
“Lala” tenía buen carácter y era tranquila. Quizás su fuerte devoción evangelista le dio esa calma que le hizo acuñar una frase que frecuentemente se le escuchaba “El de arriba mira y escucha”.
Hoy sus seres queridos valoran sus principios y acciones, considerando que su ejemplo debe ser seguido.

EDGAR GERARDO ACOSTA
El pasado 13 de noviembre se produjo el deceso de Edgar Gerardo Acosta.

Su perfil en el deporte

“Gran tipo y gran deportista fue Edgar Acosta, que nos dejó hace muy pocos días, con 79 años. Ligado al boxeo desde mediados de la década del ’50, se relacionó siempre con sus pares de la actividad. Así es como muy pocos días antes de su deceso, lo vimos muy animado y feliz, en el homenaje que se le tributó a Alfredo Cicopiedi en Paso del Portillo.
Un par de meses atrás había sufrido una recaída en la salud, al soportar un ACV. Sin embargo, con fortaleza, optimismo y su permanente sonrisa salió a flote. Esa sonrisa amplia que evidenció en esa cena reciente. Fue casi una despedida, como si hubiese presentido algún final. No sería nada extraño, por aquello tan cierto de que “los viejitos son sabios”.
En el boxeo, tuvo guapeza y habilidad. Zurdo y de pegada muy respetable, realizó cerca de 80 peleas. Sus rivales más destacados y recordados en Tandil fueron Adolfo Pendás y “Kon” Sagrera. Actuó en las categorías pluma y gallo.
Amante de la vida sana y de la naturaleza, también practicó ciclismo. Durante unos cuantos octubres, para el Día de la Madre, Edgar se venía en bicicleta desde Mar del Plata, atravesando las conocidas subidas y bajadas de los 170 kilómetros que nos separan de la ciudad balnearia”.

Néstor Dipaola

Es recordado con amor, su esposa Concepción María; sus hijos Mónica, Marta, Patricia y Mauricio; hijos políticos, nietos, bisnietos y demás familiares, quienes prepararon la siguiente semblanza:

“Un 10 de mayo de 1933, y con el nombre de Edgar Gerardo Acosta llegaba a este mundo una maravillosa persona. En su amado Tandil transcurrió su vida.
Fue un aguerrido deportista, desde el boxeo de su juventud -por el que tuvo siempre verdadera pasión- hasta el ciclismo que lo hizo parte de su vida cotidiana, actividades que no solo practicó sino que también impulsó y fomentó.
Su personalidad generosa lo hizo rodearse y atesorar grandes amigos, algunos que lo acompañaron durante toda su vida. Su dinamismo lo llevó a formar parte de diversas organizaciones e instituciones en su afán desinteresado por colaborar.
En su vida personal fue un amoroso hijo, caminó al lado de la mujer que amó por 60 años. Con ella formaron una familia sólida, unida, con tan fuertes raíces que perdurarán para siempre en sus hijos, sus nietos y sus bisnietos.
Lo recordaremos siempre como la persona que fue: generosa, bondadosa, absolutamente entregada a los demás. Nos quedará para siempre la transparencia de su mirada, su sonrisa llena de paz y su profunda e inquebrantable honestidad.
Edgar: para siempre en los corazones de los que te conocimos y amamos”.

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