“No hay separación si no hay un tercero”

-Usted lo suele decir sin ninguna vergüenza: “Con el tiempo uno se hace de derecha”.
-Sí. Una cosa es ser hippie y otra hippie viejo de casi 70 años. Uno se va haciendo conservador en la mayor parte de los asuntos humanos.
-¿No le trae problemas decir tan suelto esa frase?
-No, ¿qué problema me va a traer? No creo que la gente tenga que molestarse porque alguien es de izquierda o de derecha.
-Sí es llamativo que el periodismo militante nunca lo maltrató, incluso hasta Eduardo Aliverti lo trató muy bien una vez en Canal Encuentro.
-Eduardo Aliverti es muy amable conmigo, siempre. Además sinceramente: “izquierda”, “derecha” son conceptos que no existen más hace rato. Yo diría que uno se va haciendo, con los años, más con-ser-va-dor y a eso a veces lo llaman de derecha, pero no creo en la izquierda ni en la derecha, son cosas superadas.
-Sin embargo, hoy se dice que la derecha volvió al poder en Argentina.
-No, ¿quién?, ¿Macri de derecha? Macri no tiene nada de derecha, nada.
-Qué contundente.
-Bueno. No es de derecha. Para nada.
-¿Qué hay de cierto del mito de que se va a vivir al lado del lugar donde trabaja?
-Ja, ja, sí, es bastante cierto.
-¿Aún hoy?
-Hoy más que nunca. Pero no siempre se puede. Trato de no viajar, no pasar horas abordo del auto, del colectivo, tren, de lo que sea, ¡no viajar! Caminar una cuadra y estar en mi trabajo. Cuando estaba en Continental me fui comprando un departamento de a pedacitos. Y cuando arreglé con La 10 justamente busqué un departamento que quedara cerquísima, a una cuadra.
-¿Lo encontró?
-Y sí, claro, si lo buscás lo encontrás. Ahora camino una cuadra y media y estoy en la radio.
-“Moralmente yo debería pesar 70 kilos”. ¿Cómo es eso?
-¡Sí! Ahora ya me resigné a que peso 90. Para todo lo que he hecho en mi vida -y lo que hago, todavía practico 10 rounds de boxeo, y he sido buen deportista y aún me defiendo- yo no debería pesar lo que peso. Pero bueno, hay cosas que serán genéticas.
-Fue discípulo de Osho y después de unos años se alejó. “Todo cansa”, explicó. ¿Por qué cree que los movimientos espirituales arrancan prometiendo arrasar con todo y después se diluyen?
-Sí, sí, sí. Todo cansa. Y todos los movimientos espirituales pretenden arrasar con todo y después se integran a la cultura ambiente y quedan algunas cosas, una llamita, una chispa. Yo fui sannyasin, es decir iniciado de Osho, pero bueno, me cansó. Porque uno va evolucionando y finalmente se da cuenta de que no es tan cierto, las grandes verdades no son tan ciertas. Un poquito, sí. Luego todo se hace más relativo. También me cansa tener un blog. Muy lindo al principio, después cansan esas cosas.
-Le pregunto a lo Hanglin, ¿aprendió algo de los entrevistados?
-Mucho. Hacer entrevistas fundamentalmente es escuchar. Y por ahí -por ahí- filtrar una pregunta que puede abrir una puerta a una parte de la vida que el entrevistado ni la pensó. Aprendo porque escucho y algunas personas han sido muy interesantes. Lo que más me gusta son los no famosos: una señora que cocina, un domador de potros, un descendiente de caciques de la pampa o a un inmigrante que vino de Polonia; eso me gusta: personas que tienen una historia chiquita, propia, para contar.
-En su programa (“RH23”, por Radio 10) mucha gente se está buscando. Sin embargo en estos tiempos se escucha más sobre separaciones, divorcios, ¿son más lo que se buscan o son más los que se separan?
-Las dos cosas. Porque mirá, los que se separaron inmediatamente empiezan a buscar pareja. En Tandil y en todo el mundo es así. Hay muchísima gente buscando pareja, algunos medio resignados a la soledad porque no encuentran, otros buscando con entusiasmo, depende de las edades. Y hay todo tipo de búsquedas.
-Convengamos Rolando que las mujeres han tomado la costumbre de avisar un poco tarde.
-Ja, ja, ¿cómo es eso? ¿Qué hacen las mujeres?
-El duelo desde adentro, se dice. Para cuando avisan que se separan ya tienen otro.
-(Se ríe con ganas. Prosigue con un tono muy tierno) Los hombres también… Mirá yo creo que no hay separación si no hay un tercero o una tercera.
-Ya tenemos el título.
-Bueno, pero aclaremos: a veces no es un tercero que es un amante o un fato sino que es… nada, alguien que te llama la atención y hace pensar que en realidad no sos feliz con tu pareja, sin haber hecho nada en especial. Puede ser nada más que una persona que te agrada, no necesariamente es un amante, pero te hace pensar.
-Hace un tiempo estuvo en Argentina el psicólogo español Rafael Santandreu, que, como usted, suele poner patas arriba muchas convenciones.
-Ah, sí, ¿qué dijo Santandreu?
-“El Papa debería también dudar de la existencia de Dios. Hay que estar loco para no hacerlo”.
-Je, je, je, no sé. No lo sigo a Santandreu pero soy ateo desde siempre, pero bueno, la vida es tan rara que hasta la Santísima Trinidad podría ser verdad ¡Pasa cada cosa…! Y no creo que a Dios le vaya a molestar en absoluto que Rolando Hanglin crea o no crea en él. u

////////////secundaria////////////////
Despacito, despacito,
siempre despacito

Como uno se lo imagina desde la radio, Lany Hanglin es en la vida real: cálido y amable, tanto como para encontrar una llamada perdida y con los mejores modales del mundo tomarse el trabajo de marcar un número que desconoce, presentarse y preguntar: “¿En qué te puedo ayudar?”.
-Una entrevista para el diario El Eco, de Tandil.
-Ah, sí, perfecto. No hay problema. Sólo te voy a pedir que sea después de las 15 porque como hago el programa a la noche tarde, me levanto después del mediodía.
Pactada la entrevista, la misma -no podía ser de otra manera- la comenzó él: ¿así que sos de Tandil? ¡Qué lindo que es Tandil! Es uno de los lindos lugares que tiene nuestro país. Lindo para vivir.
-Y bueno, podría haberse ido a vivir allá.
-Sí. Es verdad. Fui unas cuantas veces con el teatro, con “El Hippie Viejo” y la pasé muy bien, muy bien además en la Posada de los Pájaros. Pero la verdad es que me cansó, no el teatro ni Tandil: la ruta, que te va limando y en un momento decís “bueno, ya está, suficiente”.
-Claro, usted tiene un pequeño Tandil, la quinta. Ahí está su refugio.
-Sí, mi mujer y yo no podemos permitir que llegue un viernes y no ir. La quinta es donde somos felices: tenemos la perra, el asado, la pileta, los pajaritos, somos muy observadores de los animales.
-Despacito, despacito, despacito, como la vieja apertura de su programa.
-Sí, no creo en el apuro. Creo que las cosas se hacen a un ritmo justo. Ni muy rápido ni muy lento. Despacito, claramente, inteligentemente.
-Y a la hora del programa, ¿no tiene miedo a que se pierda velocidad?
-La velocidad es muy linda para el automovilismo pero la verdad que no le veo la gracia. Es mi modalidad. ¿Me decías de la canción “Despacito, despacito, despacito”? la compuse con un pianito que tocaba cuando tenía 13, 14 años y quedó por ahí hasta que un día decidí usarla en la radio porque me parece que tiene su sabiduría y que había llegado su momento. Pero bueno, ya no la uso más.
-Hablando de esa época: Florencia Ibáñez (actual locutora de Víctor Hugo Morales) estuvo en esta sección de El Eco y lo recordó con muchísimo afecto. Pero usted quedó un poco enojado con ella, ¿no?
-No, enojado no, pero los amigos del trabajo quedan en el trabajo. Es inevitable. Fuimos a parar a distintas radios y cada uno va haciendo luego su carrera o su corrida de coneja. Pero Flopy fue extraordinaria, una gran locutora y gran compañera, nos entendíamos y complementábamos muy bien.
-Usted debería reclamarle derechos de autor a Facebook: antes que esa red social se dio cuenta de que la clave está en hacer pública la vida de seres anónimos.
-Je, je, bueno, ¿sabés qué pasa? Un tipo que ya todos los días habla dos horas sin parar con el público ya tiene suficiente comunicación con la gente como para además tener un Twitter y contar que se comió un tostado de jamón y queso. La verdad que me parece redundante, no es para mí. He tenido Facebook pero…
-Ya sé, se hartó.
-¡Sí! ¡Me har-té! Me harté enseguida. No lo soporto. Tenía muchísimos mensajes de gente que no sé quiénes son. No me llevo bien con la tecnología, me parece todo un retroceso.
-¿Retroceso?
-Claro. ¿No lo notás? La tecnología actual, el control remoto, la computadora, es todo muy lento. No hay nada rápido, es lentísimo. ¡Es difícil sintonizar un canal hoy día! Antes apretabas un botón y ya está, ahora hay que buscar, buscar y apretar no sé cuántos botones. Hay muchos controles remotos en las casas. No lo veo rápido, lo veo lento, muy lento. Me impacienta. Prefiero la enciclopedia que el google. Es más rápido. u

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