?No me gusta el nivel que tiene la Liga Nacional?

También en el palmarés de este bahiense que a los 27 años inició su carrera como DT en Liga Nacional (en Sport Club de Cañada de Gómez) aparece su destacada gestión en la selección argentina, a la que catapultó a la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Beijing ’08 y al cuarto puesto en el Mundial de Japón ’06, certamen del que los albicelestes hubieran sido finalistas de encestar “Chapu” Nocioni el triple que lanzó sobre la chicharra, frente al campeón España (75-74).
Tras establecer un hito con Peñarol, llevando a los “milrrayitas” al primer tricampeonato para un equipo de Liga Nacional, Hernández optó por un cambio de aire recalando en el básquetbol brasileño. Ya consumada esa etapa, su próximo desafío está en Puerto Rico.
Invitado por el director de Deportes local, Carlos Ilero, “Oveja” visitó la ciudad, concurriendo a la Fiesta del Deporte, celebrada el viernes en el Teatro del Fuerte.
Antes de ella, fue recibido por el intendente Miguel Angel Lunghi en su despacho, tras lo cual se prestó al diálogo con la prensa.
Hernández comenzó contando detalles vinculados a su encuentro con la máxima figura de la política local:
“Fue una reunión placentera, charlamos un poco de básquetbol y pude decirle lo que pienso de Tandil, una ciudad que ha crecido mucho, se puso muy linda y hoy está en boca de todo el mundo. Lo digo sin compromisos, yo no tengo nada que ver con Tandil, soy bahiense y vivo un poco en Olavarría y otro poco en Mar del Plata. Reconozco que si se empieza a hablar de ciudades lindas del país, una de las cuatro o cinco que se nombran es Tandil. Eso hablé con el Intendente, me imagino que estará muy orgulloso.
-¿Qué sabe del básquetbol tandilense?
-Tengo contacto desde hace mucho tiempo, somos parte de la provincia de Buenos Aires. Recién estaba recordando algunos chicos que enfrenté o dirigí, cuando yo conducía a selecciones provinciales. Como Dardo Zumpano o Angel Morinigo. También tengo una amistad con los hermanos Carlos y Jorge Zulberti. Mis hijos, que hoy tienen 20 años, juegan al básquetbol, con lo que he visto jugar a Unión y Progreso e Independiente en los últimos años. Sé que no es el deporte más popular de Tandil, pero tiene su lugar y cada vez que vengo me lo demuestran, no digo masivamente, pero sí con esa pasión que el deporte genera.
-Se viene una experiencia en el básquetbol de Puerto Rico.
-Sí, el 1 de febrero saldré para allá. Iré a trabajar en un equipo que históricamente se llamó Piratas de Quebradilla. Es uno de los fundadores de la liga de ese país, ahora cambió de ciudad y por lo tanto de nombre, ahora se llama Atenienses de Manatí. La portorriqueña es una liga corta, que dura aproximadamente cinco meses. Ahí estaremos, haciendo la experiencia en “la isla del encanto”.
-De su reciente paso por Brasil, dirigiendo a Uniceub, ¿qué balance hace?
-Positivo, es una liga que está creciendo muchísimo, me tocó estar en Brasilia, la capital del país. Está bueno esto de hacer cosas en el exterior porque uno va conociendo diferentes culturas. Lo poco que conocía de la brasileña era por haber ido varias veces, pero Brasilia es otra cosa. Fue interesante, ganamos la Liga Sudamericana y en el torneo local fuimos eliminados en cuartos de final, sorpresivamente, porque nuestro rival, si bien era un buen equipo, nos eliminó muy rápido. La idea era luchar por el título, no se pudo pero la experiencia fue muy buena y mi relación con la gente del club quedó en óptimas condiciones.
-¿Qué análisis hace de los conflictos surgidos en torno a la Confederación Argentina de Básquetbol?
-Trato de mirar para adelante, tengo mucha confianza en Federico Susbielles, el interventor de la CABB, quien hoy está a cargo. Casualmente, fue jugador mío. Es una persona muy preparada, un experto en gestión y alguien del básquetbol, así que bienvenido sea. Lo que pasó, pasó, no hay que hacer más leña del árbol caído. Durante mi proceso (como entrenador de la selección) no investigué nada, tampoco lo voy a hacer ahora. Sólo resta solucionar los problemas económicos que acarreó lo que evidentemente fue una mala gestión. Veo que están encarando bien las cosas, leí que está Juan Espil de director deportivo de la Confederación, también está bueno que estén involucrados Ginóbili, Scola y Oberto, porque es colaboración de gente con experiencia que ama mucho al básquetbol.
-¿Cómo avizora el recambio para la “generación dorada”?
-El recambio se inició hace muchísimos años, la gente está un poco confundida respecto a qué es la “generación dorada” y qué no. Yo dirigí a la selección argentina en los Juegos Olímpicos de ’08 y respecto a la de ’04, en los que se consiguió la medalla dorada, había seis jugadores diferentes, o sea medio equipo. El recambio se hace permanentemente. Obviamente, cuando ya no estén jugadores como Ginóbili o Scola, será complicado reemplazarlos, a veces son camadas de excepción. No tiene que ver con que antes se trabajaba bien y ahora, mal. Un Messi te sale de vez en cuando, un Maradona, también, ¿cuántos años hubo entre Diego y Messi? El básquetbol tiene una renovación permanente, hoy hay jugadores como Campazzo, Delía y otros chicos jóvenes que la gente todavía no conoce y están empezando a explotar. Hoy, se juega hasta los 35 años tranquilamente, con lo que hay algunos jugadores de 27 ó 28 que tienen aún un largo recorrido por hacer, como Marcos Mata y Selem Safar. Si vamos a esperar podios olímpicos o mundiales ganados, vamos a tener más chances de frustrarnos que de no. Competir a alto nivel, seguiremos compitiendo.
-¿Y la Liga Nacional?
-No me gusta el nivel que tiene. Me parece que hoy no hay una suficiente cantidad de jugadores de elite para conformar un torneo de 18 equipos. Entonces, se volvió a etapas que teníamos un poco olvidadas, con una diferencia muy grande entre los equipos de arriba y los de abajo. La Liga Nacional siempre se caracterizó por la paridad, por el hecho de que el último le podía ganar al primero. Hoy, eso es prácticamente imposible, al menos en un partido importante. Antes, hasta en los play off el primero tenía que sudar mucho para ganarle al último, hoy no pasa, entonces los partidos no están siendo muy atractivos, lo cual afecta al público.
-¿Y el nuevo formato?
-No me convence, no quiero hacer una crítica anticipada, quiero esperar un poco más. Hay equipos que juegan cuatro partidos de local en ocho días y después paran veinte días. Como estoy sin dirigir, puedo observar bastante, he ido a ver partidos en Buenos Aires, Bahía Blanca y Mar del Plata. En todos lados veo lo mismo, poco público, disparidad entre los equipos, cosas que en la Liga hacía muchos años que no se veían. 
-Lo debe poner feliz este resurgir de Estudiantes de Olavarría.
-Claro. Estoy muy atento a lo que hace, el otro día estuve allí porque fui a dar una charla con los chicos. Me gusta que esté volviendo a los primeros planos porque es un club que está en mis mejores recuerdos, pasé en él seis años increíbles, mis hijos jugaron en esa institución, que es fantástica, tiene con qué para estar en la segunda categoría del país y, si Dios quiere, en la primera. Cuenta con una gran estructura, con mucha gente y tiene historia, algo que cuenta mucho porque no se compra ni se contrata.
-Su salida de Peñarol, tras un ciclo muy exitoso, ¿tuvo que ver con una necesidad personal de cambiar de aire?
-Exactamente eso. Quería salir, más que de Peñarol, de la Liga Nacional. No por estar mal con ella, todo lo contrario, soy un defensor y un amante de la Liga. Pero empecé en 1990 y no había parado nunca, necesitaba buscar cosas nuevas. Había apuntado a ir a Europa y no se dio, la opción de Brasil me gustó porque se trataba de uno de los equipos más importantes de ese país. Ahora, me salió lo de Puerto Rico, donde el básquetbol es el deporte número 1. Lo estoy usando para hacer y conocer cosas nuevas, tanto en lo deportivo como en lo humano. En su debido momento, si se da de regresar a la Liga, bienvenido.
-¿Tiene la certeza de cuán extensa será esta ausencia de la Liga Nacional?
-No, porque puede terminar siendo algo falso. Quizá decís “me tomo dos años” y después volvés antes, o se cumple el tiempo y sentís la necesidad de seguir haciendo experiencia en otros países. Hoy, no tengo muchas ganas de irme a vivir a otro lugar. Me ofrecieron tres años en Sevilla, España, y fue una de las causas por las cuales no llegué a un acuerdo. Es una decisión humana, era trasladar mi vida a Europa y la verdad es que no sé si tengo ganas, sí quiero seguir trabajando de lo mío, y haciendo experiencia. Me seduce la idea de conocer otras culturas, aprender otros idiomas, son cosas que te hacen crecer mucho y de pronto reemplazan la parte académica que uno no tiene cubierta a partir de la locura que es el deporte profesional.

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