“No me quiero morir”, suplicó un enfermo oncológico afiliado a Pami por una prótesis que no llega

Juan Tolosa viene luchando contra el cáncer desde hace tres años, pero ahora enfrenta el momento más duro. No solo por su enfermedad y por los terribles dolores que padece, sino por la inoperancia y la insensibilidad de los dirigentes de Pami, que no muestran interés por la situación de este tandilense. Parece increíble que aquellos que tienen la facultad de salvarlo no se conmuevan con su súplica, con el ruego.

“Señores directores de Pami les suplico, no me dejen en silla de ruedas, no me maten a los 56 años”, escribió con desesperación Tolosa en una publicación en su muro de Facebook, con el fin de intentar tocar la sensibilidad de aquel al que le corresponde dar una respuesta.

Incertidumbre

En diálogo con El Eco de Tandil, Juan Tolosa contó que viene luchando contra el cáncer desde hace aproximadamente tres años, cuando le descubrieron un tumor en la laringe.

“Al año me apareció uno de riñón, lo superé y evidentemente a través de ese, apareció un tumor en la columna, en la vértebra 2, ese tumor me comió la vértebra y hay riesgo de que colapse y me deje parapléjico”, explicó.

En ese contexto, indicó que “hay que sacar el tumor, reemplazar la vértebra, y después hacer quimioterapia, rayos”.

“En octubre del año pasado me detectaron el tumor. La médica oncóloga me mandó a La Plata, me atendió un especialista en columna, me dijo que fuera a Pami con un abogado y un recurso de amparo para conseguir la prótesis y que él me operaba antes de fin de mes. Mucha gente se puso de acuerdo para ayudarme, reaccionó el Poder Ejecutivo (municipal), el sistema de salud, Pami, todos estaban de acuerdo en darme una mano, y se empezó a gestionar”, recordó.

Y explicó que “por dolor pedí una internación. A los 8 días de estar internado me hicieron un tratamiento para el dolor, mientras tanto me mantenían con morfina. Se tramitó la prótesis en Pami, la dirección médica lo aprobó, estaba todo, a partir de ese día no sabemos qué pasó, por qué se gestionó mal porque la prótesis nunca llegó”, lamentó.

“Sigo tirado
en una cama”

“Yo sigo tirado en una cama, con pérdida de masa muscular porque ya no camino. No puedo ni siquiera ir al baño de mi casa, no me puedo bañar, y tengo la gran incertidumbre de que la prótesis no llega”, sostuvo.

Además, afirmó que “la economía de mi familia viene quebrando porque tuve que comprar un colchón que me aguante los dolores para poder descansar de noche, ya no tengo más medios para buscar, no sé qué hacer”.

“Ya pedí a todos mis amigos, mis conocidos, pero la prótesis no aparece”, expuso con impotencia.

En tanto, explicó que “el intendente Miguel Lunghi le pidió a mi esposa que vaya mañana (por hoy) a la Municipalidad a reunirse con él”.

“Supuestamente está todo bien, pero mi prótesis no aparece. El dolor es insoportable y no tengo más recursos. No me quiero morir, ni quedar parapléjico, con 56 años”, suplicó.

Y expresó que “es duro cómo mostrarse con la familia o mantener una sonrisa con los nietos, necesito que alguien haga algo, no solo por mí sino por otros que también padecen lo mismo que yo. No puede suceder esto”.

“Yo luché contra esto, anteriormente con el sistema de salud, después contra Profe con los remedios oncológicos y hoy contra Pami, y sigo igual”, manifestó.

Una súplica

En una desgarradora súplica, Tolosa reflejó su dolor por medio de Facebook. Si las autoridades de Pami tuvieran un ápice de sentimientos o amor por el prójimo, esa prótesis ya debería estar en Tandil. Tan solo minutos después de que esta persona que sufre publicó su ruego a través de la red social. Si no hay una respuesta, qué queda para la sociedad con funcionarios a cargo de instituciones como Pami, que debieran bregar por una buena calidad de vida de los abuelos y hoy están dejando morir a una persona con total indiferencia.

“Este pedido ya se transforma en un ruego. Sé de lucha. Ya llevo dos cánceres vencidos”, comenzó.

Y expuso que “no soporto más el deterioro de mi masa muscular. No soporto más los dolores físicos y mentales. Todos los días le pido a mi esposa que abra la ventana lo más temprano posible para que ese día tenga más horas”.
“No le tengo miedo al tumor que llevo en mi columna, no le tengo miedo a la operación. Sí le tengo miedo a la mentira, a la injusticia, al abandono de la persona, porque nadie de ustedes sabe lo que es soportar estos dolores que quiebran la hombría testicular del ser más fuerte”, manifestó.

Y agregó que “yo no elegí tener cáncer, él me eligió a mí, tal vez para que yo sea un ejemplo de lucha. Por eso señores directores, les suplico que no me dejen en una silla de ruedas, no me maten a los 56 años”.

“Si tan solo pudiera usted saber un poco de mi vida diaria, postrado en una cama, haciéndome el mudo para que mi madre con sus 89 años no sepa lo que sufro por dentro, ni los ojos de mi mujer cansada y enrojecidos de llorar en silencio, vaya a saber dónde es su lugar de plegarias”, manifestó.

Y agregó que “mis hijos, todos los días están pendientes de mi estado, pero cómo les cuento que paso noches enteras pensando en las otras alternativas. Muchos de mis amigo ya ni vienen, otros no quieren ver a Juan con sus ojos hundidos, quebrado por el dolor o ver mis piernas como palitos por falta de acción. Por eso les ruego, les imploro, hasta me arrodillaría ante quien sea, cosa que jamás hice en la vida”.

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