?No me sentí cómoda en Tandil por la hipocresía de su alta sociedad?

-De repente los tandilenses nos enteramos que una ex vecina nuestra por, ¿cuántos años?

-Siete.

-Por siete años, famosa por haber trabajado con Jorge Porcel como ratona.

-(Interrumpe, tajante) Jamás fui ratona, ni gatita, ni chica Porcel. Yo soy de una generación posterior a Adriana Brodsky. Mi primera obra fue con Darío Vittori. A Porcel y a Olmedo ni los conocí.

-Perdón entonces. ¿Seguimos? Los tandilenses nos enteramos por la tv que esa famosa, además, durante dos años fue parte de la familia Fort como novia de Eduardo, hermano de Ricardo Fort.

-Sí. Porque soy muy reservada. Tengo gente muy conocida en el ambiente que siquiera supo que estaba casada, un ejemplo es Adrián Suar. El no sabía siquiera que me había ido a vivir a Tandil.

-¿Y los Fort? No les debe haber gustado nada esa reaparición suya.

-La esposa de Eduardo se ofendió, pero: ¿qué tiene de malo haber tenido un novio hace 20 años, si es la verdad? Hay mucha gente hipócrita, muchísima, en el ambiente y fuera del ambiente, después podemos conversar si quiere un par de temas que me quedaron de cuando viví en Tandil y no me gustaron.  

-Vayamos a Tandil entonces. ¿Se siente un poquito tandilense?

-Le voy a decir la verdad.

-Sí, por favor. La posta.

-¿La posta? A mí Tandil me encantó, como ciudad y como sociedad, sacando su mentirosa alta sociedad.

-O sea: no la pasó bien.

-No me sentí cómoda porque me sentí muy observada.

-¿No se puede ser linda, famosa y feliz en Tandil?

-Es muy bravo. Si no te importa  la opinión de los envidiosos o de la gente frustrada, sí. Pero yo llegué y conocí la peor gente, lamentablemente, estuve muy mal rodeada tres, cuatro años.

-¿Qué gente?

-Gente con la que me relacioné por el colegio de mis hijas, gente muy hipócrita que no sirvió para nada. Sentí como una clase de ‘bullyingesos’ años. Fue algo muy fuerte. Me hizo daño.

-Sintió el peso de la mirada ajena. Raro en alguien acostumbrado a las tablas y al público.

-Sentí mucho esa mirada porque  hay mucha hipocresía en Tandil, sobre todo de gente de doble apellido que, lamentablemente porque han tenido problemas en su vida -han pasado de tener mucho a dinero a no tener nada- es la que más critica al exitoso. A Tandil va mucha gente que tiene por ahí grandes apellidos pero no tiene dinero.

-Bueno, también debe haber gente de grandes apellidos que son buenas personas.

-Deber haber, pero yo no conocí a ninguno. Yo conocí la hipocresía de gente que va a la iglesia y por atrás te critica, pero no te lo dicen en la cara. A mí me gusta la gente frontal.

-¿O sea que nadie vale la pena en Tandil?

-¡No! ¿No le dije que hay un montón de gente que vale pena? Allá tengo mi mejor amiga, Cecilia Otero -la adoro, la amo- y gente queridísima como Mara Carreira; gente que trabaja, ocupada; un montón de gente maravillosa como Susana Acosta, Nilda Fernández. Las que no están ocupadas son las más peligrosas, chusmas, y al ser una ciudad chica hay mucha gente con esas características.

-Olvídese por favor de eso que le pregunté si se siente un poco tandilense.

-¡Es que me siento un poco tandilense!  Porque viví siete años muy bien, enamorada de mi marido, pero después me separé y ya no me quedé.

-¿Por?

-Porque para una mujer sola Tandil es más duro y me hizo muy bien volverme a Buenos Aires: acá tengo mi centro de operaciones, mis amigos y mi televisión que adoro tanto y me llaman de todos lados y me está yendo muy bien. ¿Sabe qué es lo importante? Ser positivo. Y yo soy una de ellas. Siempre hay que ver el vaso medio lleno. Y no doblegarse. Ser muy power, muy fuerte y valerse por uno misma. Como me considero una mujer exitosa, no iba a dejar de ser exitosa por los que me criticaran. Así salí adelante.

-No le gustó ser observada en Tandil pero le encanta aparecer en la tv. ¿No es contradictorio eso? 

-¡No! Depende de lo que quieras hacer, pero estar expuesto está bueno, no hay ningún problema, a mí me encanta y hablo hasta con las paredes porque me gusta ser del pueblo.

-Por lo visto, para usted bien valen la pena esos diez minutos de fama de los que hablaba Andy Warhol.

-¡Claro que valen la pena!  Usted no me preguntó: Si tuviera que hacer cualquier cosa,¿la haría? No, eso no, porque a mí me importa mucho mi buen nombre. Y por eso siempre enfrenté rumores, siempre digo la verdad  y contesto cuando me agreden.

-¿Diez minutos más de fama la harían más feliz?

-A mí sí. Si yo no tengo fama, me cuesta vender mis productos. Todos los diseñadores quieren tener fama para poder vender luego productos con su nombre.

-Ahora que es una mujer sin compromisos sentimentales y tan frontal: ¿billetera mata galán?

-(Silencio). ¡Qué difícil!

-¿Cómo? ¿No es que usted es ‘sinceridad brutal’? Vamos, Andrea, no me la imagino con un plomero

¿Por qué no? Sí, he tenido un montón de novios que no tenían un peso.

-Igual no les va a ser fácil.  Parece una chica muy, muy autosuficiente.

-Y sí, me encanta como estoy, conforme conmigo, porque me va bien en mi trabajo y ¿sabe qué es lo que más me gusta? Que lo hice sola. No tuve apellido ni dinero y todo lo hice estando sola, última en la cola, para llegar primera. Sin chuparle las medias a nadie. Así lo hice en teatro y no me da vergüenza. Por eso soy una mujer feliz. 

 

Fuera de sesión

El interior que está de moda

Mujer acostumbrada a jugar con reglas propias, Andrea Garmendia se prestó al diván, pero en su casa de Pilar.  Nacida en Punta Alta, vivió diez intensos años de televisión y teatro hasta 1997, cuando decidió dejarlo todo por el amor de su vida, el diseño de moda, actividad que había iniciado desde los 18.

Atrás quedaron entonces su debut de la mano de Santiago Bal y Carmen Barbieri (con Flavio Mendoza de compañero, “un gran amigo”, recuerda), y un montón de obras teatrales y programas televisivos que siguieron luego, entre ellos “Increíble pero Rial” junto al conductor de “Intrusos”. Su papel en la novela “Gino” por canal 13, con Arnaldo André y Katja Alemann marcó el fin de sus ganas de seguir trabajando de día en tv y de noche en teatro. “Opté por una vida más tranquila”, dice cuando recuerda el día en el que prefirió abandonar los escenarios como actividad exclusiva.

Volcada de lleno a su columna de moda en programas de tv, por estos días avanza sobre una propuesta propia, en Metro, que contará con la presencia de dos médicos esteticistas y un cirujano. Se trata de una alternativa que  llega con sabor a revancha, porque ahora tendrá la posibilidad de pensar en los demás, en los que conforman “la generación divina” de jóvenes talentos del arte de la moda y, dentro de esa generación, los que, como ella, llegan desde el interior.

“Voy a hacer un programa donde los chicos de 20 años para arriba que se rompen el alma para hacer sus desfiles, sus creaciones, puedan mostrarlas, porque ésta es  una carrera muy difícil. Obviamente que siempre les hago entrevistas a los consagrados y me encanta, pero estoy muy dedicada a los emergentes. Ahora voy a hacer que muchos de ellos puedan presentarse en Buenos Aires”, promete. 

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