No se queje, si no se queja

 

Una vecina envió un relato a miqueja@eleco.com.ar en el cual se refirió al modo en que viajan los pasajeros en las unidades de larga distancia en base a la experiencia propia y sumó una imagen que grafica tal situación.
En primer lugar, Daniela contextualizó que “hace 20 años que vivo en Tandil. Vine a estudiar a esta ciudad, me casé y me quedé”.
Por aquel entonces, “viajaba mucho a ver a mi familia y utilizaba el único medio de transporte que había en ese momento, el colectivo, servicio que prestaba la compañía Río Paraná”, recordó.
En varias oportunidades, “viajé hacinada, sentada en los pasillos o en las escaleras. No me quejaba, era joven, quizás haya sido por eso o por alguna otra razón”.
“Pasados diez años de la última vez que viajé en colectivo, por cuestiones familiares tuve que volver a utilizar el servicio con la sorpresa que todavía pasan las mismas cosas. Hay personas agrupadas en los pasillos del colectivo, viajando como podemos, apretadas, sentadas encima de los bolsos, agarradas de donde sea, como hacienda”, cuestionó Daniela a través del espacio No se queje, si no se queja.
Sin embargo, “esta vez no quiero callarme porque además de pagar el pasaje se supone que con el avance de la tecnología y las comunicaciones no es difícil estar al tanto de los asientos que quedan libres, y cuando ya no hay más lugar decir basta, por respeto a los usuarios”, dijo.
Y puntualizó que “el 22 de septiembre tomé el colectivo desde Tres Arroyos hacia Tandil. Hasta Benito Juárez todo iba bien, todos sentados, yo en el piso de abajo”.
En esa ciudad “le cedí mi asiento a una persona mayor que me agradeció de sobremanera dado que le habían vendido un asiento en el piso de arriba y no podía, por su salud y su edad, subir las escaleras”.
A cambio “me ofreció su lugar para que yo lo ocupara, al cual nunca pude acceder porque la escalera estaba ocupada por un sin número de personas que no tenían asiento, también el pasillo de arriba estaba absolutamente ocupado”, explicó.
“Me iba a bajar, sin embargo en Tandil me esperaban mis tres hijos, continué camino, no sin antes tomar estas fotos y tomar la decisión de no callarme más. Mi queja también quedó plasmada en el libro de quejas de la empresa, ¿alguien lo leerá?”, concluyó. u

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