¡Otra vez sopa!

Parece que el boxeo de Tandil está estigmatizado. Desde hace tiempo, concretamente desde que los promotores se asociaron con Comisiones de Box permisivas a todo tipo de violaciones reglamentarias, sin saberse a cambio de qué, se lo ha conocido más por la falta de respeto hacia los boxeadores, tanto en lo físico como en lo humano (económico, si mejor se entiende), que por logros deportivos.
Ahora que se reglamentó una nueva Ordenanza que ha merecido la atención de la FAB y del Comité Olímpico. Cuando se han realizado los cursos de capacitación y formado una idónea Comisión de Box, otra vez la mancha negra ?urdida cronométricamente- aparece sobre un ring con el sello de la piedra movediza.
Bien que se cuidaron los programadores de Adelia María de ocultar hasta el último minuto quién sería el rival de Jorge Miranda. Ni en la FAB ni en Tandil hubo posibilidades de enterarse hasta que salió el resultado del combate y por ende, suspender la programación. Un resultado que no tendría demasiada importancia si no fuera porque el oponente del pletórico Miranda fue un boxeador de casi cuarenta años, que hacía diez que no peleaba y que sus tres últimas peleas las había perdido por fuera de combate. Para peor, Carlos Alberto Málaga, de él se trata, no tenía licencia y por lo tanto ni siquiera una revisación médica adecuada.
Málaga se entrenó en el gimnasio de Jorge García. Se asegura que quien lo llevó a pelear fue Walter Crucce, un rincón acostumbrado a bajar los rings con sus atendidos apaleados. Fue un boxeador que tiró su carrera detrás de suculentas comidas, que no vacila en poner lo que venga, o consiga sobre un cuadrilátero. Si no se cuidó él, menos cuidará a los pobres que caigan en sus manos, atraídos por el canto de las sirenas.
En la novel Comisión Municipal de Box hay una mezcla de indignación e impotencia. No son culpables. El boxeo profesional es responsabilidad de la FAB y si se los caminaron a ellos, qué queda para los demás.
En la FAB, para entrenarse hay que tener la licencia al día. Tal vez sería una buena medida implementarla en los gimnasios de boxeo de nuestro medio, aunque paguen justos por pecadores, pues detrás de estas tramas tramposas, cuando uno escarba siempre se tropieza con los mismos nombres.

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