Para el fiscal fue acreditada la autoría y pidió una dura condena por el crimen

Tras un extendido cuarto intermedio e intensas jornadas de debate, el juicio por el crimen de Walter Tchami Bazán arribó a su epílogo, en el que el ministerio público y defensa alegaron en torno a qué suerte procesal merecen los imputados Gabriela Maldonado y Alejandro Lastra.

Como se vino detallando en ediciones pasadas, para el fiscal Marcos Eguzquiza está clara la participación del homicidio de la concubina de la víctima, en tanto que el hermano de la señalada colaboró para trasladar el cuerpo ya sin vida y hacerlo desaparecer en los fondos del arroyo Las Calaveras, donde meses más tarde unos pescadores se toparían con el macabro hallazgo.

En esa hipótesis se mantendría el fiscal ayer a la hora de alegar, convencido que a partir de la prueba recogida oportunamente en una dificultosa instrucción ahora ventilada en la sala de debate, quedó demostrada la responsabilidad penal de los acusados. Así, entonces, exigió un veredicto condenatorio y que a la hora de fijar sentencia se condene a Gabriela Maldonado a la pena de 21 años y un mes de prisión por el delito de homicidio agravado por el vínculo. En tanto que para Lastra solicitó que se ejecute la pena de un año de prisión de cumplimiento efectivo por el delito de hurto automotor, con el aditamento que con dicho auto colaboró con su hermana para trasladar el cadáver de Bazán y así entorpecer el esclarecimiento del hecho.

La defensa, en tanto, escuchó paciente y atento los argumentos de la acusación, que buscará contrarrestarlos el próximo lunes, cuando sea el turno de su alegato.

 

Argumentos

 

Valiéndose de imágenes proyectadas, escuchas, informes de los peritos intervinientes y los testigos que desfilaron a lo largo del juicio, el fiscal entonces argumentaría el porqué de la obligación de condenar a los señalados, quienes con cara de pocos amigos y cierto rostro desangelado de parte de Maldonado, soportarían las graves imputaciones que se vertieron en su contra, casi resignados o más bien indiferentes a lo que depare su futuro cercano, especialmente quedando al criterio del TOC 1, integrado por los jueces Pablo Galli, Gustavo Echevarría y Carlos Pocorena.

Replicando lo que oportunamente había trazado en los lineamientos de la acusación, Walter David “Tchami” Bazán fue hallado muerto en el arroyo Las Calaveras, en territorio de Villa Cacique, tras haber sido asesinado en su casa por su mujer quien luego, en complicidad con su hermano, se deshicieron del cuerpo trasladándolo en un auto hasta el arroyo, donde en días posteriores sería hallado circunstancialmente por unos pescadores.

El fiscal puntualizó que entre las 18 del 9 de septiembre de 2011 y horas previas a las 14 del 12 de septiembre del 2011, Maldonado, en el domicilio ubicado en la calle Paseo de los Niños 2037 le quitó la vida a su cónyuge Bazán mediante un elemento punzo cortante.

Posteriormente a quitarle la vida a su esposo, horas previas a las 14 del 12 de septiembre, la mujer con la colaboración del hermano (Alejandro Ignacio Lastra), y con la intención de hacer desaparecer toda evidencia del cuerpo de la víctima y del homicidio cometido, trasladaron el cuerpo sin vida en un vehículo ajeno (un Ford Galaxy dominio TDT-502), propiedad de Daniel Marcos Emiliozzi, del cual se apoderaron ilegítimamente atento no poseían autorización de su dueño (rodado que le había sido dejado a Alejandro Ignacio Lastra para que le arreglara la instalación eléctrica), haciendo un uso ilegítimo del mismo, circulando en el rodado hasta el arroyo denominado Las Calaveras, lugar en el que amarraron el cadáver, previamente envuelto en nylon, a una viga de cemento con una cadena obtenida del baúl del vehículo hurtado, siendo hallado el cadáver el 16 de febrero del 2012 por ocasionales pescadores, en un avanzado estado de descomposición.

 

Pruebas

Para el ministerio público fiscal, la acreditación de la acusación devino de la recolección de pruebas incorporadas al expediente, como resultan testimoniales de vecinos y amigos en común de víctima y victimaria como familiares, peritajes y secuestro de elementos concretados en diversos allanamientos, detalles de llamadas telefónicas, acta de procedimiento en el lugar donde fue hallado el cuerpo de la víctima, informe de operación de autopsia, peritaje odontológico, peritaje de ADN, acta de recogimiento de rastros, copia de planilla de emergencia y atención médica de Ignacio Lastra y Graciela Maldonado en el Hospital local, y el peritaje psicológico psiquiátrico de Gabriela Mabel Maldonado.

Cabe consignar que, entre los indicios con que cuenta el fiscal, el auto en el que se trasladaban ambos hermanos volcó en plena ruta en el trayecto que une Tandil y Villa Cacique, justamente por aquellos días de la desaparición de Bazán.

 

La sangre hallada

 

Dedicó varios párrafos a los rastros de sangre hallados en la cama que luego Maldonado se encargó de hacer desaparecer, como en la pared que fue detectado a través del Luminol una vez que la casa había sido modificada con revoque y pintura.

Así también, subrayó los rastros de sangre también encontrados en un par de hojas de papel que estaban encima de las hornallas de la cocina. Indicios que al entender del fiscal dejan en claro que Tchami fue asesinado en su casa.

Descartó –anticipándose a lo que podría inferir la defensa- que dicha sangre fueran rastros de una anterior pelea que mantuvo la pareja y la cual mereció intervención policial como judicial.

Al respecto, recordó que dichas muestras halladas no podían corresponderse al incidente anterior a la muerte de Bazán, siendo que los informes e imágenes recogidas oportunamente así lo demuestran.

Sobre la autoría de Maldonado, puso énfasis en la actitud desplegada por la mujer tras la desaparición de su esposo. Primero dando versiones difusas como disímiles a cada uno de los que preguntó sobre el paradero de Tchami. Mientras a unos les dijo que se había ido a Buenos Aires, a otros les dijo Azul, y los motivos también fueron variando según la ocasión.

No dejó de mencionarse tampoco el aporte de testigos que no solo dieron cuenta de los antecedentes violentos de la pareja (“Te voy a matar hijo de p…”, supo recordar una vecina días previos al suceso), sino también sobre la quema de prendas de vestir que Maldonado realizó una vez que no se sabía del paradero de Bazán. Entre dichas vestimentas, la campera que la víctima había usado días previos a no ser visto más por la vecindad.

En otro orden de ideas que hacían a la imputación, Eguzquiza recordó  el informe de autopsia que habló de cortes hallados en el cuerpo cadavérico que pudieron tener que ver con la utilización de un bisturí, tal como usaba portar Maldonado e incluso guardarlo debajo de la almohada mientras dormía.

A la vez, se detuvo en los golpes en la cabeza con un objeto contundente, de tamaño similar a los machetes que también usaba la acusada y fueron secuestrados en su casa como en la de la madre de la señalada.

“Por suerte la víctima habló”, infirió el fiscal no sólo en torno al lenguaje que fue capturado a través de la autopsia del cuerpo, sino también los dichos del propio Bazán sobre incidentes previos a su muerte, refirieron a las amenazas y agresiones de su esposa.

Eguzquiza aclaró que Bazán “no era santo de mi devoción”, en alusión a que había sido protagonista de instrucciones, causas penales varias por delitos también varios. Empero, dijo, aquí era víctima y debía tratarse como tal.

Retomando sobre la falta de predisposición y actitud asumida por la sospechosa, el fiscal criticó sobra la mendacidad que incurrió Maldonado a lo largo de la pesquisa, no sin dejar de recordar su fuga en el frustrado inicio del juicio.

Luego se tomaría el tiempo para dedicarle a Lastra lo que considera responsable del hurto del auto para trasladar el cuerpo y hundirlo en el arroyo, y así cerrar el alegato que buscó concatenar indicios, pruebas, testimonios, informes y peritajes que le permitieron cerrar una historia escrita con sangre, la misma sangre hallada en la pared como en las hojas de papel. O aquella sangre con la que se escribió “Gabi la 22”, en otra casa de otra pareja de Maldonado, la “loca Gabi” para sus amigos.

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