Pasa por el diván Juan “Pico” Mónaco

Termina de entrenar en Uncas y se presta a la charla con amabilidad. De cerca lo sigue un entorno de lujo encabezado por Mariano Zabaleta y Mario Bravo. En el grupo reina la impresión de que, a cinco meses de iniciada la rehabilitación, otra vez se abre el horizonte para Juan Mónaco, quien a los 31 años no afloja ni un segundo en cada práctica. “Entreno así, muy, muy duro, porque es así la exigencia si quiero volver a jugar ahora en febrero”, dice el inicio de la charla.

-Hace pocos días constaste en la TV que hoy tenés una óptica distinta del tenis.
-Sí. Cuando tenés más experiencia te tomás las cosas de otra manera. Soy muy exigente conmigo, entreno al ciento por ciento pero no me presiono tanto para obtener un resultado. A esta altura no me exijo resultados, quiero estar bien, competir sanamente, ser feliz con lo que hago y disfrutar esta etapa.
-Ya no sentís que perder sea un pecado.
-Yo creo que la sociedad argentina, más que otras, es muy exitista: estamos acostumbrados a tener grandes campeones, la gente espera muchísimo y si perdiste dos partidos pasás a ser un ‘pecho frío’. Para mí perder muchas veces es parte del proceso. Se aprende mucho más en la derrota; cuando uno gana tiende a relajarse, en cambio tener miedo a perder es importante porque te pone alerta para jugar el partido.
– Alguna vez te tocó eso de perder dos veces y escuchar lo de pecho frío, ¿qué sentiste?
-Me afectaba un poco. Era joven, no tenía experiencia, por entonces uno cree y piensa mucho en lo qué dirán, pero luego aprendés que lo que importa es lo que pienses vos, tu entorno y tus seres queridos, que son los que están y los que ven la realidad. Opinar de afuera es muy fácil. Igual, las críticas si son constructivas las tomo, pero el boludeo no, no quiero más, sé que es parte de la idiosincrasia argentina y sucede, hay chicaneos todo el tiempo…
-Tal vez la parte más compleja de esa historia sea que te tocó ser contemporáneo de grandes jugadores, pero sobre todo en tu propia ciudad. ¿Sentiste presión por esa comparación?
-No, cada persona es como es y trato de forjar mi carrera, no me comparo con ninguno. Obviamente, hay mejores y peores, pero estoy feliz y tener ciertos reconocimientos de la gente me da fuerza para seguir.
-La gente ve un tipo accesible, algo atípico tratándose de tenistas bien rankeados.
-El tenis es un deporte egoísta, jugar individualmente hace que uno sea egoísta, piense solamente en uno y que no hable de más por el qué dirán. Yo gracias a Dios no tengo esos complejos, puedo hablar de cualquier tipo de cosas y me gusta que la gente sepa que soy uno más, como cualquier ciudadano de Tandil, que sepa que mi vida no es solamente el tenis, que puedo vivir un montón de cosas por fuera del tenis.
-A los 14 años te fuiste a vivir a Miami para hacer una carrera profesional. En el capítulo postenis, ¿resignarías de nuevo tantas cosas atrás de un objetivo distinto?
-¿La verdad? No sé si apostaría y resignaría tanto. De chiquito resigné todo: mi familia, pasar las fiestas fuera de casa, toda la adolescencia con mis amigos, todos los cumpleaños de quince, el viaje de egresados, cosas que uno resigna por un sueño. Soy emprendedor, pero vería qué cosas hacer y el costo de la decisión a tomar.
-¿Te imaginás de nuevo entre los diez mejores del mundo?
-Es difícil. Pero no lo descarto. Hoy me siento muy bien y Dios quiera que cuando pueda volver obtenga ciertos resultados que me generen confianza en el juego y disputar todo el año calendario, sin lesionarme. Sería un gran objetivo terminar dentro de los 30 y en 2017 aspirar a algo más grande. Pero es muy difícil hablar a futuro cuando recién estoy entrenando muy fuerte y falta un mes para volver a competir. Si hacemos una nota después de Roland Garros ahí te podría dar mi objetivo de fin de año.
-Decías de la importancia del temor, pero parece que cuando invitas a salir a las chicas no tenés mucho miedito que digamos, ¿no? ¿O será que esos partidos ya sabés que los vas a ganar?
-(Risa) No, ja, ja, ahora me gusta una mina y no me da bola. No lo veo de esa manera, tal vez por haber salido con chicas que son públicas se generó un estereotipo de mí pero la verdad es que soy uno más.
-No te hagas el humilde, eran bombones atómicos.
-No, no me hago el humilde, ja, ja, mirá, ojalá… no sé, lo único que quiero es encontrar una mina y formar una familia y ser feliz. No me gusta la noche, no tengo vicios, siempre busco personas tranquilas. Por ahí lo más conocido fueron algunas relaciones, pero también tuve relaciones muy tranquilas, anónimas. He salido con chicas mucho tiempo desde el anonimato.
-¿Y la pasaste tan bien como con las famosas?
-¡Por supuesto! Por ahí lo que no tenían era la exposición pública y para mí muchísimo mejor porque te digo en serio: soy muy tranquilo y me agobiaban ciertas cosas de las relaciones públicas.
-Pero a ellas les encantaría eso. Y a vos te encantaban ellas así, famosas.
-En el amor nunca sabés. Uno no lo busca, te lo encontrás, sucede, va pasando. Hoy estoy soltero, muy bien y ojalá el día de mañana pueda encontrar una mujer, formar una familia, tener hijos. Eso es lo que más deseo para el futuro. Entiendo que es difícil establecer una relación cuando uno viaja todo el tiempo y tiene demasiados compromisos, porque para formar una familia hay que dejar de lado un montón de cosas. Tal vez eso suceda el día que me retire. u

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El Nadal que no conocemos,
según su amigo tandilense

En otros tiempos muchos le envidiaban la facilidad para romper corazones de bellas y famosas como Luisana Lopilato o Zaira Nara. Otros mantienen todavía un sentimiento similar hacia Juan “Pico” Mónaco pero por otra gracia que el destino le ha deparado: ser íntimo amigo del que algunos consideran el mejor tenista de todos los tiempos, el español Rafael Nadal.
El, que con su estilo descontracturado ha sabido no repetir la histeria ni el divismo de las grandes estrellas del tenis, da fe que su amigo mallorquín tampoco forma parte de esa especie: “Puedo asegurar que Rafa es una persona sumamente sencilla. Sumamente. Un tipo de pueblo; él es de una ciudad más chica que Tandil, Manacor; tiene sus mismos amigos de toda la vida, le encanta ir a Manacor, no se mueve de ahí, está feliz, le gusta dar vueltas con su barco a la tarde, jugar al golf, al padel, al pocker.
Claro, todos tienen esa imagen y lo ‘genializan’, lo idealizan, pero es una persona común y corriente, con las mismas preocupaciones que vos y yo, con su novia de toda la vida, con sus quilombos -porque no siempre está contento tampoco-. Es una persona normal pero claro, dentro de una cancha te pasa por arriba y tiene su mentalidad ganadora como nunca vi en mi vida. Rafa es muy competitivo para todo lo que hace, sea la play station, el tenis o el golf.
-¿Y cuando te tocó estar del otro lado de la red?
-Fue el rival más difícil de todos. Sin dudas. Por ahí he jugado con flacos que tienen más nivel en ciertos momentos, no sé, jugué contra Federer en un US Open en octavos de final y sin embargo, no sentí que estaba frente a alguien ante quien no podría hacer absolutamente nada. Eso sí me pasó con Rafa en Roland Garros. También con Djokovic, otro fenómeno. Ellos y Federer van a ser los más grandes de toda la historia, sin desmerecer las carreras que tuvieron Borg, McEnroe, Sampras, Vilas.
-Mientras tanto tu filosofía hoy es “disfrutar del triunfo y no volverse loco ante la derrota”.
-¡Ciento por ciento! Y es la que me dio cierta estabilidad en los últimos tres, cuatro años, la que me prolongó mi carrera, la misma que adoptan lo que son más grandes, colegas de toda la vida como Feliciano López, Verdasco, el mismo Rafa, Almagro, Ferrer, García López, Robredo, pibes con los que hablo todo el tiempo, son de mi camada. Yo me formé con ellos en España, durante tres años, la etapa de inserción en el profesionalismo, fui un español más con ellos.
-Tuviste suerte con los grupos.
-Sí. Y nunca lo dejo de decir: gracias a Dios pude compartir mucho tiempo también cuando empecé con los chicos de la famosa Legión: Zabala, Chela, Gastón, David, Coria, Puerta, Chucho, Calleri, –¡mirá todos los nombres que estoy tirando!-. Compartí cinco, seis años con ellos, que eran más grandes y entonces luego se fueron retirando y vi su proceso y aprendí muchísimo, gracias a ellos entiendo que el tenis es una parte de la vida y que el día de mañana yo podré hacer un montón de cosas que estén vinculadas al tenis o no, pero gracias al tenis.
-Pero aún queda camino por recorrer. Das la sensación de estar muy optimista para lo que viene.
-Soy muy optimista porque estoy muy bien y porque estoy con un grupo humano excelente, con Zabala, Sebastián Prieto, Mario Bravo, el Negro Gómez, el Pollo, el Pera, mi kinesiólogo, un equipo médico muy importante atrás y gente que me da fuerzas y me apoya, también un grupo de amigos muy grande y mi familia. Cuando todo se da de esa manera, no te podés quejar. Lo único que hago es agradecer, ser feliz y poder estar en una cancha de tenis sano. Lo otro va y viene. u

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