Pasa por el diván: Teresa Rossi de Zanatelli: ?Hasta que no cambie su dirigencia, el peronismo de Tandil va a seguir perdiendo?

“Ay, se lo dije por teléfono, pero usted ha insistido, me da no sé qué que se haya venido hasta acá:¿Quién va a querer saber de mi vida? ¿A quién le importa?”

-No se preocupe. ¿O es que usted se olvidó de Tandil y quiere reciprocidad?

-No, no me olvidé, cómo me voy a olvidar si fue una etapa hermosa.

¿Está al tanto de lo que sucede en Tandil?¿Sigue las noticias de la ciudad?

-Poco y nada. Al faltar  Julio es como que es difícil para mí. Por eso le decía cuando me llamó: yo no tengo importancia, él era todo. Pero tengo recuerdos hermosos de nuestros días en esos 16 años en Tandil.

¿Nunca pensó en volver y hacer política?

-No, no. A una de mis hijas, la que regresó de España, le gusta realmente la política y está con ganas pero acá, en Mar del Plata. Quiere seguir los pasos del padre, pero no sé, son cosas que se dicen.

-Le pregunto porque alguien que se animó en los tiempos más complicados del país, allá por 2001,  a conducir un área como Bienestar Social…

-Fue bravo, pero me sentía respaldada por Julio.

-Pero es un cargo clave, que requiere de una formación, que usted no tenía.

-Más que formación lo que se necesita es querer hacer el bien. Querer ayudar a la gente en lo que se pueda. Organizando, por supuesto, pero no es tan difícil, para nada. Es como ir a visitar un geriátrico: hay que sentarse y escuchar al abuelo que te da sus problemas.

-Pero había un nivel tremendo de pobreza, manifestaciones, crispación social...

-¿Le parece que había más pobreza que ahora?

-Creo que sí y muchos más reclamos. No existía la Asignación Universal.

-Claro, y tampoco la jubilación del ama de casa. Esas cosas han aliviado, sí.

-A lo mejor desde acá no lo sabe, pero Zanatelli aún tiene implicancias en Tandil: el intendente Lunghi -lo confiesan hasta algunos de sus asesores- repite su modelo en eso de caudillo local que apuesta más a un vecinalismo que a una agrupación partidaria nacional ¿Está al tanto de eso?

-Sí, y está bien. Me parece perfecto. Lunghi continuó proyectos que Julio tenía en mente, como esto del surgente del Lago. Era una idea de Julio y fue justo una de las primeras cosas que hizo Lunghi. Varios proyectos han seguido adelante, eso es lo interesante.

¿La llamó alguna vez?

-No. La única persona que se acuerda y me manda la tarjetita para Navidad es Eduardo Aldasoro.  ¿Así que Lunghi es parecido a Julio, entonces?

-Le digo otra coincidencia más: se repite ese carácter de “invencible” en las urnas.

-Ah, sí, sí. Julio ganó tres veces. Y Lunghi también y veo que viene muy bien, él también va para adelante y Tandil está hermosa, lo escucho y lo veo. Y bueno, además es como Mar del Plata: hay muchos radicales.

¿Realmente cree que es ésa la explicación? 

-Sí, creo que sí.

-Vayamos por otro lado entonces. El peronismo siempre pierde en Tandil.

-Y sí, no me sorprende eso. ¿Cómo salieron las elecciones allá?

-Ganó el candidato de Lunghiel empresario Atilio Magnasco- 40 % a 26 % del hermano de Bossio.

-Hasta que no cambie la gente que lo conduce, el peronismo en Tandil va a seguir perdiendo. Yo pienso que hay que esperar que se dé el cambio de distintas generaciones, que vengan jóvenes. Puede ser ahora con este chico Massa (Sergio), no sé, no lo puedo asegurar tampoco, pero la verdad ha sido asombroso lo que ha logrado en tan poco tiempo.

– Zanatelli no la hubiese pasado bien si le hubiera tocado la era K, ¿no?¿Se lo imagina?

-¿Usted lo dice por ese pasado que siempre están removiendo? Y, no sé. A veces pienso que Julio era visionario porque cuando fuimos a China, él procuraba traer las industrias y todo eso a Tandil y luego, muchos años después salió Kirchner con lo mismo de China. Igual con el turismo: Julio siempre decía que Tandil tenía que dedicarse al turismo ¡Y la gente no quería! Más bien preferían el pueblo para ellos.  Pero no sé, fíjese que con tal de hacer más cosas para la ciudad Julio llegó hasta a afiliarse al peronismo. Y no sé si eso todo el mundo lo entendió.

-Expliquémoslo.

-Para lograr apoyo para la ciudad lo convencieron -entre ellos el petiso Pedersoli- de que si se afiliaba, sería todo mucho más fácil, y bueno, se afilió, y lo captaron.  Lograron lo que querían y después no le bajaron lo que habían prometido. No apoyaron.

-Usted vio que ahora existen las PASO…

 -Sí, pero yo estaba en España.

-Según el resultado de esas “internas” los candidatos que pierden ya no pueden presentarse en la elección general por otra fuerza. Ahora que pasó mucho tiempo: ¿No cree que Zanatelli estuvo mal aquella vez que perdió la interna en el PJ y después se presentó desde otro partido?

-Y bueno, lo que pasa ahí, sí, en realidad fue una decisión muy personal. Lo que creo es que está bueno que alguna vez se ponga un límite a la reelección de los intendentes. Una reelección y ya no más. Es lo mejor. 

¿Qué hay de cierto de que era usted la que en el fondo lo instaba a seguir?

-El me decía “vos querés que yo siga”, pero era en broma; en realidad él quería seguir ¡Y me decía a mí!  La verdad es que… mire, cada elección era terrible, porque veíamos tal despliegue de los otros partidos en las propagandas; me acuerdo que mis hijos iban a Tandil y decían “¿pero papá va a ganar con ese Zanatellipintado en el borde del cordón?”. Y bueno, sí, ganaba.

-¿Por qué cree que siempre ganaba?

-Por eso mismo. Porque la gente encontraba en él una persona honesta. Y le creían porque se ocupaba. Por eso Tandil es un recuerdo tan hermoso: porque puedo ir y recorrer las calles tranquilamente. Creo que eso es los más importante, lo más lindo. No tener que estar escondido. 

 

Fuera de sesión

 

Cuarteles de invierno

Si de evitar el paso del tiempo se trata, podría decirse que los últimos diez años han sido para Teresa Rossi de Zanatelli la década ganada: luce exactamente igual que la última vez que cumplió funciones en la Municipalidad de Tandil. Será que esta cordobesa de profesión maestra no se detiene y lleva una vida de aquí para allá que reparte entre España (donde transcurre varios meses al año junto a una hija y varios nietos), su provincia natal (a la que vuelve para ocuparse de un hermano que atraviesa una enfermedad) y el departamento sobre la avenida P. Peralta Ramos en Mar del Plata, en el cual el ex jefe comunal vivió su última etapa y desde el que es posible observar a todahora un paisaje imponente que -vale admitirlo- hace olvidar todo, incluso las sierras tandilenses.

Pero en ella no se ha borrado el recuerdo y el afecto hacia varios seres queridos de Tandil: Nilda Anit, dueña de La Giralday personaje entrañable para los Zanatelli (“una verdadera amiga, con quien sigo en contacto”), María Cristina Faroppa y “Gracielita” Ubach, de las que aprendió mucho -confiesa- y a las que destaca por su generosidad hacia ella en los viejos tiempos.

Tampoco olvidó al arquitecto Luis Jarque (colaboró con la administración municipal en los tiempos de Zanatelli intendente en un plan de autoconstrucción de viviendas en La Movediza) actualmente en España, y, por supuesto, un gran amigo del fallecido teniente coronel: Carlos Capodicci.

Fuera de sesión tambiénconfesó que no estuvo de acuerdo  para nada con algunas ideas de política social de otro intendente, Indalecio Oroquieta, y menos aún con la decisión de éste de sacar Desarrollo Social del edificio contiguo al palacio municipal y enviarlo hacia otro sector de la ciudad.

En esa misma materia, y ya retirada para siempre de la política, la evocación más grata es hacia una dirigente que no nació en Tandil y que, en términos castrenses, también se llamó a cuarteles de invierno: Hilda “Chiche”Duhalde. “Desde el Consejo de la Mujer, la verdad, fue excelente la tarea que organizó, las manzaneras y ese trabajo que hacían  sin existir distinciones. Para mí, fue fantástico”. 

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