Paso al progreso

Señor Director:

 Pasé por la avenida Colón al 900, vereda par, y aunque la frase parezca repetida, se me estrujó el corazón, y por qué no decirlo, alguna lágrima se deslizó por mi rostro.
¿Saben qué?, otra casa enorme, señorial, hermosa, de corte antiguo ?como muchas otras-, se ha ido de la vista diaria de los habitantes, en aras del tan mentado ?progreso?. La casa de la familia Espelet, a la que alguna vez visité en compañía de mis mayores, se fue, hecha añicos por las mazas, los picos, las palas, y sobre todo por la mentalidad estrecha que nos habita en los últimos años en esta bendita ciudad, que alguna vez fue digna tratando de conservar su historia.
Nadie debe estar contra el progreso pero, también cierto es que, éste debería ir de la mano del sentido común preservando la historia del lugar, el bienestar de sus habitantes nativos, y los derechos del conjunto.
Seguramente algunas voces dirán que es una utopía. Puede ser, pero es bien cierto que los grandes genios se han nutrido de utopías para llegar a ser lo que fueron, son, y serán a través del tiempo; y salvando la distancia que nos separa de ellos por la brillantez de sus mentes, nosotros deberíamos intentar nutrirnos también de alguna, ¿no?
Todos, pasivamente, observamos cómo todos los días de nuestra vida se van destruyendo en nuestra querida Tandil, casas que son reliquias arquitectónicas, y construyen en su lugar enormes moles de cemento de infinita altura, que además de afear la vista panorámica nos cambian totalmente la vida a los que vivimos en derredor, porque las casas se vuelven sombrías y frías, los pasillos en invierno son ventosos, las chimeneas de las estufas hogar y cocina a leña no funcionan, en verano, no corre aire, perdemos privacidad; y varias cosas más que podría seguir enumerando.
Ni hablar de los faldeos de las sierras cercanas al casco urbano con su flora y fauna silvestre, lantanas rojas, celestes y blancas; retamas; manzanillas; colas de zorro; juntos y totoras a orillas de los arroyos y al costado de los caminos; ranas; sapos; liebres; todo o casi todo se esfumó detrás de las enormes construcciones.
Los derechos adquiridos, bien gracias, te mandan saludos. Las cosas importantes nos preocupan solamente al común de la gente, y no a los que les tendrían que preocupar, inmersos en vaya uno a saber en qué pensamientos. Pregunta: ¿mezquinos?
Pero todo tiene que ver con todo; poderoso caballero don dinero; el progreso, a mi modo de ver mal entendido; y el área de planeamiento y control urbano municipal, si es que existe, que desde hace varios años se ha tomado una largas, largas vacaciones.
Por eso, los tandilenses que tenemos memoria histórica debemos agradecer eternamente al propietario del predio de avenida Marconi esquina 4 de Abril, y al ingeniero Dubourg por haber conservado el frente del edificio que conocimos antiguamente como ?La panadería de piedra?, en una excelente conjunción de dinero bien invertido, y profesionales que se ocupan y preocupan por conservar nuestra cultura, porque ello también ayuda a conservar nuestra idiosincrasia.
Hoy debo reconocer también que hay otros inmuebles que han sido reciclados y que por razones de no extender en demasía esta carta no voy a nombrar, pero en relación a los que han desaparecido,  no son menos.
Sabio fue quien sintetizó en una gran frase que ?un pueblo sin cultura no tiene historia?. Sería bueno que todos la recordemos, siempre.
       Verónica Lucía D´Amico

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