Politano: “Al principio no nos conocía nadie”

Agustín Politano se ganó su lugar. Encontró el resquicio para ser titular en Santamarina y rindió a tal punto de haber jugado desde el inicio los diecinueve partidos que los aurinegros llevan en el actual torneo de la B Nacional.

Dueño de la casaca número 4, el marcador de punta de 23 años disfruta este presente junto a la familia y afectos más cercanos. Entre ellos, su padre Jorge, que corriera en Turismo Carretera en los ’90 tras ser dos veces campeón de TC del 40. “Pato” es uno de los seguidores incondicionales de su hijo más chico, quien dialogó con este Diario para describir su presente y contar aspectos de un pasado lleno esfuerzos y con algunos sinsabores que parecen haber quedado atrás.

-¿El balance de este año es de crecimiento?

-Sí, pude jugar todos los partidos hasta ahora. Entré un poco de casualidad porque todavía no estaba habilitado Facu Onraita.

-¿Era lo que esperabas? La continuidad es fundamental para consolidarse.

-Seguro, ya el año pasado el Sapo Coleoni me había dicho que me veía bien, que me entrenara con todo, que la oportunidad iba a aparecer. En 2015 era imposible tener chances, porque el equipo andaba muy bien, pero este año se me dio.

-Para colmo el año pasado no podías jugar en el equipo local. ¿Cómo sobrellevabas esa situación?

-Era así, porque al ser mayor de 21 años tenía que firmar contrato profesional y no podía jugar en el torneo local. Al principio no pasaba nada, pero a mitad de año ya estaba desesperado. Iba con mi viejo a ver fútbol agrario y me daban ganas de meterme a la cancha, o lo mismo viendo a mis amigos en la Copa Cosa de Serranos.

-¿Te tentaba demasiado jugar?

-Sí, pero me mantuve sin hacerlo. Ya había firmado contrato y la responsabilidad es mayor.

-¿En algún momento te caíste anímicamente?

-Era inevitable, porque entrenaba y nada más. Entré contra Estudiantes de San Luis sobre el final y jugué todo el partido con Sportivo Belgrano de San Francisco, en la última fecha cuando ya estábamos clasificados para el cuadrangular y ellos estaban descendidos.

-¿Si no se daba este año, pensabas en dejar el fútbol?

-Se me cruzaba por la cabeza dejar de jugar. Sentía que este año era la oportunidad. Estoy viviendo con mi novia y necesitamos un sueldo. Estaba la posibilidad de dejar el fútbol, pero las cosas cambiaron a partir de la continuidad que tuve.

-¿Este año lo arrancaste a la par del resto, con expectativas de jugar?

-Al comienzo, sabía que iba a ser difícil, porque estaba Nicolás Monje. Hubiera entendido que era normal si jugaba él, porque lo había traído el técnico. Después Monje no siguió, jugué un amistoso con San Martín de San Juan y Onraita lo hizo con Tigre.

Iba a ser paciente, a esperar mi posibilidad. Se dio que a él no lo habilitaron y me tocó jugar contra Juventud Unida de Gualeguaychú en la primera fecha, cuando ganamos 1 a 0.

-Supongo que al comienzo priorizabas no cometer errores.

-Era la idea, jugar simple, no complicarme, dársela al compañero. Y entre la ansiedad y los nervios, terminaba muy cansado.

-¿En qué momento te soltaste?

-Creo que contra Central Córdoba, en Santiago del Estero. Perdíamos 1 a 0, el partido daba para que me soltara más y a partir de esa vez también traté de aportar en ataque. El apoyo de los compañeros fue fundamental, porque me ayudaron a ganar en serenidad.

 

 

 

Virtudes descubiertas

-Más allá de lo personal, ¿qué evaluación hacés de la campaña de Santamarina?

-Tuvimos altibajos, pero hasta acá es positiva. Cuando quedamos sin posibilidades de pelear arriba, nos propusimos sumar una buena cantidad de puntos. Tenemos 26 y podemos aspirar a terminar bien.

-¿Sorprendieron al comienzo y después decayeron?

-Al principio no nos conocía nadie y eso era una ventaja. Ya con cinco o seis fechas jugadas te empiezan a mirar más, a descubrirte las virtudes. Nos empezaron a tapar los espacios para que Sosa corriera, o a doblar las marcas contra Luján.

Así y todo, no tuvimos nada de suerte. Los Andes nos ganó con un golazo de afuera y nada más, Boca Unidos también nos llegó muy poco y se llevó los tres puntos.

-Talleres mismo tampoco les hizo gran diferencia. ¿En algún aspecto notaste que es diferente al resto?

-Fue un partido muy trabajo, ninguno de los dos llegó mucho. Pero tiene jugadores de experiencia, lo ves a Guiñazú y tiene otra categoría. Lo mismo Klusener, que tuvo una de cabeza y la metió. También la gente influye, una cancha llena puede condicionar al árbitro.

 

 

Cuestión de confianza

-¿En qué medida influyó Gustavo Coleoni en tu juego?

-El “Sapo” me había tenido en cuenta en el Argentino A en 2013 y me convocó al primer partido de la B Nacional en 2015, con Unión de Mar del Plata.

En el medio, con Botella no tuve posibilidades. Duilio es más de apoyarse en jugadores de experiencia y no tanto de darles oportunidades a los más chicos. Cuando ascendimos, los únicos chicos que quedaron eran los Melli Gogna, pero tampoco iban a ser tenidos en cuenta y fueron a jugar a Alvarado.

-¿Qué le valorás al DT actual?

-Tiene una confianza distinta hacia el jugador, se fija mucho en la predisposición para recuperar la pelota.

-¿Hubo algún reto bravo en la campaña?

-Varios, siempre viene el grito desde el banco. Pero por supuesto que lo tomo de la mejor manera, sabiendo que es para mejorar.

-¿Han conformado un buen bloque defensivo?

-Sí, no solamente por los cuatro defensores, sino que todo el equipo labura mucho en lo defensivo. Eso hace que los rivales no lleguen con facilidad. Es una de las virtudes que tenemos.

 

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