Primero, los dólares

Una pregunta que está en la boca de cualquier aficionado es: ?¿Porqué el boxeo en todos los niveles ha decaído en la forma en que está? Y no se refieren solamente al pugilismo argentino, que debe ser uno de los que más abajo ha caído, no solamente en credibilidad sino en calidad y atracción.
Saliendo del común del entusiasta, no son pocos los historiadores, críticos y defensores del boxeo que no dejan de bucear en los entretelones de este deporte buscando porqué cada vez se hunde más.  En los tiempos que corren, las pagas -afuera, por supuesto- son unas de las condiciones por las cuales el boxeo estaría comprando un boleto hacia la eternidad. Agreguemos a ello la humanización -la crean o no-, el mejoramiento técnico profesional y la amplia difusión que le da la televisión en todo el mundo.
A pesar de todo, no se puede establecer un punto favorable de comparación con respecto al boxeo de los años 40, -los inolvidables 50-, 60 y siendo generosos los 70, aun  cuando poco había de lo que hoy, en términos médicos, protección y profusión de títulos dolarizados garantizaban una expectativa a los boxeadores de aquella época.
No duden demasiado en suponer que mucha de esta culpa la tienen los que hacen brillantes negocios con el boxeo. Las entidades mundiales no se han esmerado en buscar la lógica competencia, sino la lógica comercial, avalada por las cadenas de televisión de manera tal que boxeadores, promotores, entidades mundialistas y la propia cadena emisora pueden generar ganancias de más de cien millones de dólares en una sola pelea.
No se puede negar que en algunas categorías hay excelentes campeones, pero a lo que se ve no abundan retadores que puedan ponerlos en aprietos y no es poco común entre el periodismo especializado de primera línea el calificar a combates mundialistas como mediocres.
Es que el sistema actual de clasificaciones es el que permite semejantes diferencias. En el ayer, los diez primeros del ranking debían ?matarse? para llegar al primer puesto que les otorgaba la chance de enfrentar al campeón, y es más, ¿en cuántas ocasiones al campeón había que enlazarlo para que peleara con el retador porque su corona corría peligro?
Hoy, se llega a ser retador sin haber enfrentado a ningún clasificado y nos encontramos aquí con uno de los factores de la degeneración del boxeo profesional, fogoneada por la designación de varios campeones de una misma categoría por una misma entidad, interino, alternativo, vigente y supercampeón.
Los campeones interinos o alternativos comenzaron siendo una excepción. Ahora son permanentes, lo que hace que estos títulos regalados de a puñados, generen un enredo que va en detrimento de la seriedad del deporte y de las entidades mundialistas que en su afán recaudatorio generan peleas titulares que, por traídas de los pelos, son como una moneda de cobre.
Ni mencionar esos famosos títulos que por su consistencia ahora se denominan ?regionales? y que abundan como hongos después de la lluvia. Pagando la sanción de la pelea -la sanción es el reconocimiento de la truchada por parte del organismo que la otorga-  además del pedazo de cuero, se asegura el ganador un lugar de privilegio en el ranking del mundo. No por méritos, sí por un puñado de dólares.
Y como si ya los títulos del mundo no estuvieran lo suficientemente contaminados con los interinatos y demás convencionalismos, también nos encontramos con que este absurdo proceder, en términos deportivos, ha llegado a estos ?titulejos?. Pruebas al canto: el viernes pelearon Manuel Pucheta y Saúl Farah en Tucumán por el título vacante Latino del Consejo Mundial de Box de los pesados. Ese mismo día en Monte Grande, Gonzalo Basile peleaba con Dany Lobo por el título interino Latino de? los peso pesados del Consejo Mundial de Box. Si se consagraba en Tucumán al vigente ¿para qué querían a un interino? La única razón que puede existir es: ?hacer caja?. Después, con el dinero de los giles, todos se van a pasar unos cuántos días a China a una convención que no puede convencer a nadie y toman decisiones de las que se ufanan calificándolas como de adelantadas para el boxeo. Y los que ya pisamos casi los cincuenta años de estar metidos en el boxeo, sabemos que lo están matando, aunque los popes vivan de ello.

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