Qué es de la vida de Martínez Lángara

Humilde, austero de palabras y un don que hace creíbles a las personas, mostraba con los hechos por encima de las palabras, y sabía escuchar aún en el disenso. Edgardo Martínez Lángara, jugador de fútbol, comenzó en los benditos potreros con la famosa y querida pelota de trapo y manifestó que era un clásico robar medias a las madres para jugar los interminables partidos de potrero, y con el tiempo aparecía de vez en cuando una Nº 5, la del gordito Matías, que tenía el puesto de arquero asegurado. Los partidos se terminaban cuando llegaba la noche o lo llamaban al gordito.
La familia del “Gallego” está integrada por su señora Graciela, sus hijas Marcela y Cecilia, cuatro nietos: Agustina, Matías, Marianela e Ian, y una bisnieta en camino. De familia pobre, pero con una infancia muy feliz, jugó en los torneos Evita, los campeonatos de los barrios, con sus queridos Centenario y Avellaneda. Tuvo la suerte de ver y jugar con grandes jugadores como Calvo, Páez, Gregorini, “Zuzú” Varela, Pedro Forgue y “Coco” Sarasola, entre otros.
Fue campeón en 1953 con el club Independiente, debutó en primera división con 17 años, en cancha de Ferro contra Jorge Newbery, ese día debutaron varios juveniles y ganaron. Los diarios decían “Con los pibes, se salva Independiente. 
Cuando se le pregunta por la diferencia entre ayer y hoy en el deporte, dice: “Tanto en el fútbol como en otras disciplinas, hoy hay una preparación física excelente, antes íbamos a correr dos o tres veces en la semana. Hoy se trabaja todos los días en doble turno. Tal vez la diferencia se compensaba porque había jugadores más hábiles, producto de la cantidad de potreros”.
El fútbol fue para él un juego, lógicamente le gustaba ganar. Tuvo muchos rivales, manifestando que fueron “grandes personas”.
A Martínez Lángara le agradan todos los deportes y en los años de Independiente recuerda el básquetbol de los ’50, de Cúperman, “Loco” García, más tarde el gordo Polich, los Zulberti, etc. En tenis, los comienzos del profe Pérez Roldán, los hijos; y en aquellos años Graciela Pérez, con la presencia de Gabriela Sabatini de niña. Cree no equivocarse en que fue el principio de una disciplina que llevó a varios de sus jugadores al nivel internacional y al reconocimiento de Tandil, a que sea una de las ciudades en el mundo con más tenistas de elite.
En 1977, Martínez Lángara se recibió de director técnico de AFA y César Menotti era el entrenador de la selección argentina campeona del mundo. Como técnico, dirigió en Independiente y tuvo a cargo varios equipos de divisiones inferiores: la 5ta. de San José, y la de Independiente, la 4ta. de Gimnasia y Esgrima. También condujo la primera de Excursionistas. 
De la 5ta. rojinegra campeona en el ’75, recuerda a jugadores como Carlos D’Alessandro, Marchetti, Granatte, “Torta” Rodríguez, “Tano” Garbellini, “Pato” Caballero, Rosso, Walter Paravich, “Petiso” Rivas, Yimi Naselo y “Toti” Ibáñez, entre otros. 
Martínez Lángara recuerda con mucha admiración a aquellos dirigentes que tuvo la oportunidad de conocer, entre ellos Vicente Equiza, Duggan Martignoni, Osvaldo Zarini. Dice haber aprendido de ellos y que trató de imponer muchos de sus “gestos” en los deportistas que le tocó dirigir. Tuvo la oportunidad de ver jugar a “Mingo” Pastor, “Chueco” Odone, “Lito” Díaz, los Pascual, Pedro Forgue, “Pancho” Zeberio, Luis Sklenard, “Negro” Quinteros, “Coco” Sarasola, “Tocho” Gárate, Malinarich, Tejeda, Calvo, Varela y Aquiles Caviglia.
Edgardo aconseja a los chicos que hacen deporte, que no se olviden de que lo primero es el estudio, no todos pueden llegar al primer nivel o usar el deporte como si fuera un trabajo. Jugó con los muchachos de Quilmes en los internos del club Independiente, ahí mostró su buen pie y el gusto para jugar en equipo. Vive en Mar del Plata, tiene 77 “pirulos” y su hobby actual es bailar tango. Aconseja a jóvenes y “cachuzos” como él a bailarlo. En noviembre participó en el club Gimnasia de esta ciudad y dice que la organización fue de 10 puntos.
Estuvo con varios de sus dirigidos y le prometieron una reunión con asado en fecha próxima. Esperamos que se cumpla, “Gallego” se lo merece, florecerán innumerables recuerdos de su actuación como deportista y técnico. Una persona querida y respetada por su humildad y por todo lo que le entregó al fútbol. 
 

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