Que florezcan mil toboganes

Por Simón Ventos Taborga

Federico Islas es el cantante de Toboganes a Marte, la banda que está noche se presenta junto a El Mató un Policía Motorizado. Después de pasar su adolescencia en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires entre música y trabajos que no eran de su agrado, volvió a Tandil para cumplir su sueño: grabar un disco por año.

El último sábado fue un oasis en está primavera, a la que le falta sol. Federico Islas, el cantante de Toboganes a Marte, se abre paso entre tres perros para abrir la puerta de su casa. Mientras toma mate amargo bajo la sombra de una gran enredadera, pregunta si puede enviar la foto que acompañará esta nota. La última entrevista que publicaron sobre la banda, estuvo acompañada por imágenes que no le gustaron.

Toboganes a Marte se formó en el 2006 y hoy se presentarán en Museo, en la fecha que tendrá como plato principal a El Mató un Policía Motorizado. Este es el primer proyecto musical de Federico en Tandil, las demás formaciones en las que participó se formaron o desarrollaron en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “En Capital viví 12 años, desde el 99/2000 hasta fin del 2011, me fui en plan música”, recuerda. Antes de abandonar su ciudad, Federico formaba parte de “La Bombó”, una típica banda de ska. Sus compañeros fueron los que lo convencieron para mudarse. “Los pibes se habían ido a estudiar y fui parando en la casa de ellos, hasta que se me armó”, comenta. En la ciudad que todavía era gobernada por Aníbal Ibarra y disfrutaba de la convertibilidad, Federico hizo de todo para que se le arme: “Al principio estuve en miles de basuras que no me quiero ni acordar, hasta vendí cosas en los colectivos”, dice y aclara el momento en que cambio su suerte, “en un momento, me prestaron una plata para comprar una moto y encare por ese rubro, el del mandadero pero en Buenos Aires que tiene un poco más de glamour”.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no solo se podía comprar un kinder a un peso, también  se podía tocar en cualquier lado: “En esa época se tocaba muchísimo más que ahora, pero era como mucho más así nomás, tiradito de los pelos, me refiero previo a Cromañón”, recuerda mientras prende el primer cigarrillo del día. Federico y sus compañeros tocaban en cualquier lugar, a cualquier hora y con cualquier tipo de organización. Aunque extraña la improvisación de aquellos años, no reniega del paradigma actual para los show en vivos: “Me gusta que ahora sea todo más organizadito, que funcionen todas las cosas y que haya productores por todos lados, que este lleno de managers”.

Federico vive en un complejo familiar. Antes de llegar a la Avenida Avellaneda, están las tres casas. La primera en aparecer es su hermana, que sale a pedirle a un perro que se calme. “Mi vieja encontró a Ramón hace un par de semanas y llamó a un veterinario para que lo cure, tiene 12 años, es re viejito”, comenta Federico sobre el perro callejero que tiene un pierna lastimada. No es él único animal de la casa, Renata y Notila también forman parte del hogar, pero están separados de Ramón porque Federico asegura que “Notila y Ramón se llevan mal porque tienen mucha diferencia de edad”.

Toboganes a Marte nació por la misma razón que Notila y Ramón no pueden estar juntos. En la banda que integró después de “La Bombó”, “se desarmó la unidad humana”, recuerda. “Superexelent”, su segunda ilusión musical en CABA, rodó hasta el 2006: “Nos habíamos hecho muy amigos de los personas de Salón Pueyrredón y tocábamos siempre, hasta viví un tiempo ahí”, agrega. Aunque el proyecto no avanzó, Federico conoció, en ese tiempo, a su actual representante. Micaela Saconi, la responsable de la productora “Run-Run”, logró que tocaran en teatros y algunos festivales. “La conocí a Mica y nos insertamos en un mundo que me parecía lejano, empezamos a tocar el cultural San Martín, ¿viste? Escenarios grandes, incluso ligamos algunos festivales con bandas copadas”, comenta.

Desarmada “Superexelent”, Federico le insistió a sus compañeros para continuar el proyecto. “Los convencí a los demás de que siguiéramos y se armó, seguimos ensayando y ya teníamos una fecha armada, pero no teníamos nombre”, dice en medio de ladridos. El primer nombre que se les ocurrió fue “Los Indecisos” y así se presentaron esa noche. El cambio de identidad llegó el día que tuvieron que registrarse porque, “Los Indecisos”, obviamente ya existían. “Teníamos que registrar un nombre para editar un disco de manera profesional”, explica Federico. La necesidad de lanzar el primer disco de Toboganes a Marte surgió a partir de la insistencia de bandas amigas: “Nos decían que teníamos que editar un disco, que era editar o morir. Conseguimos plata de un amigo, grabamos y editamos”, comenta y luego saluda a Dolores, su novia, que sale de la casa para alimentar a los perros.

Ramón viene a comer y Otila se lanza contra él. Federico le extiende la mano a los dos y se ven los tatuajes de su mano derecha: Un ancla y la palabra “música”, y una mujer con una letra de “Superexelent” debajo de sus piernas. Después de calmarlos, Federico vuelve a la música: “Es impresionante como editar te lleva a otro lugar, no es lo mismo ir a la radio con un demo que con un disco”, se convence y agrega que “Una vez que haces el primero, tenes que hacer el segundo, está escrito, es como un dictamen”. Toboganes a Marte trabajó las dos veces con Martín Caselli, en su estudios que se llama La Casa del Árbol. El primer trabajo homónimo tuvo algunas complicaciones porque grabaron en CABA pero editaron en Tandil. Para “La conquista del espacio interior”, el segundo disco, la banda se quedó en su ciudad de origen. La perla del trabajo fue que las baterías se grabaron en la sala del Cine Alfa, hoy el Centro Cultural Universitario. Los demás instrumentos en La Casa del Árbol. “El arte de tapa lo hizo Nacho Bouquet, fue todo para mejor y ahí si que empezaron a pasar mejores cosa como fechas mas copadas y entrar en el mundo de los festivales como el Pepsi, Personal y hubo un año que tocamos en todos, eso es genial ¿viste?”, agrega Federico mientras calienta la segunda pava.

Ya es casi la hora de almorzar y la bolsa de bizcochitos sigue intacta. Dolores salió a comprar la comida del mediodía, los perros se separaron y están todos acostados bajo la sombra. Federico afirma estar jugado con la música, “Digo jugado a que este es mi estilo de vida, más allá de lo económico y lo demás, no me veo de otra forma, diciendo ‘me cansé de la música, voy a ser visitador médico’”. Actualmente se mantiene vendiendo especias y aceitunas, un oficio que le da la independencia que quiere. “Si hay algo que me encanta es sacar discos, mi sueño es hacer uno por año y si tuviese plata lo haría”, la falta de dinero no es proporcional a la cantidad de letras escritas que tiene y por eso trabajo en su primer disco solista. El 29 de diciembre lo va a presentar en La Cautiva, pero por lo pronto la cita es el viernes en Museo y Federico va a estar con todos los Toboganes.

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