¡Qué se solucione!

Señor Director:

Quieren dialogar pero no escuchan.
Quieren consensuar y discrepan.
Quieren pacificar pero reprimen.
Quieren fortalecerse pero destruyen.
Quieren distribuir y se enriquecen.
Ellos aclaman democracia, pero acuden a plazas con robustos guardaespaldas. Suplican por la democracia, pero utilizan leyes de la dictadura, la plaza ya no es de todos, la quieren para ellos, los violentos y obsecuentes que asisten en transportes escolares, para coartar las ideas de libertad.
Otro pésimo deslizar de piezas, ejecuta un tirano miserable y apátrida, llevándose detenido a don Alfredo, un rústico campesino que el mismísimo Gobierno creó, producto de una nefasta y desvirtuada recaudación.
De inmediato las rutas se colapsaron de enardecidos manifestantes, fue un 17 de octubre maravilloso, campeo y espontáneo.
La lluvia golpea nuestros corazones, pero no importa, el sentimiento es desmedido y los cortes son más severos e intransigentes.
Abren más frentes de combate, detestables civiles y madres de Plaza de Mayo, admiradoras de un peligroso bolivariano y un moribundo revolucionario comunista.
En vísperas del Día del Padre, tomados de la mano, caminan con un abogado parricida de una década olvidada, ¡un horror!
Por fin salió de las sombras, pero a medir fuerzas, enfermo de poder se rebautiza… Perón soy yo…
Sin embargo, a cada exposición se suma el debilitamiento, la caja es cada vez más pequeña o sus secuaces son más ambiciosos.
Una multitud sale a las calles, un pueblo autoconvocado, un bastardo no reconocido por el Néstor y la Kristina, otro gran error o negligencia.
Continúan desacreditando con saña y mentira, ya nadie les cree, su ejército se debilita y resquebraja.
Caen y desangran pero sin detonaciones ni espadas, sólo por los fuertes ruidos de bocinas y el acero de las cacerolas, el poder de la verdad.
Ya somos protagonistas y no entregaremos a nuestros hijos una nación rica, llena de pobres y subsidiados.
El mensaje es claro… se busca para mi país un buen administrador, no un déspota beneficiado con usuras pasadas, que ambiciona ser un socio vitalicio del poder.
El tiempo apremia, las tierras quieren ser labradas y así cobijar la simiente, para darle a los argentinos y al mundo, todo el alimento que se merecen, tenemos ganas y talento para producir, lo demostramos, somos mansos pero sutiles, así nos definimos: todos somos el campo y no lograrán arrodillarnos, sólo ante Dios.

         Juan J. Irigoyen
         DNI 21.571.141
         Lobería (Bs. As.)

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