¿Qué son las previas de los adolescentes?

Por Lic. Ángel Orbea: Integrante del equipo Técnico y Profesional del CPA. Coordinador del Centro de Día de Salud Mental Tita Brivio. Responsable local de la Delegación Tandil Oscar  Masotta. Coordinador Terapéutico del Instituto Tandil de Salud Mental. 

Apoyado en cierto conocimiento del asunto, para esta nota me propongo reseñar el fundamento y la historia de ese espacio social de los adolescentes, que más de una vez lleva a lo peor.

En principio se puede considerar como “la previa de los adolescentes” a ese espacio que queda como residuo de un tiempo en que las tradiciones indicaban que para el joven había rituales de iniciación sexual, que no sin dificultades, podían inscribir en el cuerpo y el psiquismo lo que los especialistas llaman “el pasaje adolescente”.

Una vez absorbidos los rituales por las tecnologías y una nocturnidad donde impera la toxicomanía de masas, las previas desde hace un tiempo representan un breve giro que va desde lo muy privado a la salida a lo público y anónimo de la noche.

Digamos directamente que las previas hoy para los adolescentes tienen una profunda significación: es la previa al encuentro erótico o sexual. Porque la sola idea de un encuentro sexual paraliza, la previa será un tiempo absolutamente privado contrapuesto a la salida en la noche pública y generalizada. La previa en el adolescente tiene también su aspecto constructivo, ya que es el lugar donde se prepara y se intenta hacer propia una imagen engañosa a mostrar.

También la previa es el lugar donde se pretende refundar la singularidad arrasada por el consumo y el negocio de la noche, por eso en el transcurso de la misma el trato entre los jóvenes es íntimo y reservado. Aún para la transgresión, en la previa se reducen las disputas y se acuerdan las movidas. En su interior las previas los adolescentes son genuinamente democráticas, y su nacimiento puede ubicarse en la última etapa del gobierno del Doctor Alfonsín.

La previa tiene tiempo y espacio, este último puede ir de la casa paterna con la indulgencia de la madre, al desarraigo de la tenebrosa esquina. Sin embargo frente a la salida, la previa es un símbolo de alta investidura psíquica que los chicos tantos ricos como pobres ocupan y despliegan con la materia que el mercado propone: el consumo.

Tratándose ya de la nocturna salida, el carácter “privado de las fiestas” a las que suelen asistir a posteriori acentúa la nota exclusiva y viril que ambos sexos comparten durante la noche. Esto verifica que las previas tienen la fuerza de un secreto mandato y por lo tanto se imponen como una obligación que ni siquiera el otrora poderoso Gobernador Duhalde pudo reducir.

En las casas acomodadas muchas veces la previa es para los padres el lugar donde se materializa cierta afirmación de Sigmund Freud que indica que “la aparición de la sexualidad de los hijos es también un retorno de la sexualidad anulada de los padres”. Esto se ve más claramente cuando los padres ceden a sus hijos atributos eminentemente fálicos como, autos, ropas, o cuando entran en transas con las amigas/os de sus hijos. Así los padres suelen ser también protagonistas de las previas con dispar resultado.

Entre los pobres la previa muchas veces continúa o repite el ancestral desenfreno que la invitación al proletario descanso propone. La salida del sol pone fin a la acción; “estoy hecho pedazos” suelen corear los jóvenes, allí donde el “estar” sustituye algo del ser, que en esos instantes, y frente a la impotencia de los mayores, los puede llevar a un riesgo mayúsculo.

Es que el enroque que el consumo propone es fatal, y la previa al encuentro sexual ha deglutido los cuerpos, que inmersos en el goce de distintas sustancias sólo se despertarán para seguir durmiendo.

Con una posterior declinación de todas las funciones normativas públicas, hoy la previa es también el lugar donde la mirada del padre confirma su ceguera. Y si se pretende morigerar los efectos de las previas, es por los padres donde se debe comenzar, aún cuando sea tarde.

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