Qué ves cuando me ves…

El miércoles pasado, en el Centro Cultural Almafuerte se inauguró una muestra fotográfica con obras de autoría de jóvenes de la Casa de Contención.
La iniciativa surgió de la mano de una estudiante de psicopedagogía, Daiana Burgos, que llevó su pasantía de estudio hasta este lugar. Hasta estos chicos.
?La idea era trabajar con adolescentes, por eso elegí la Casa de Contención ?explicó Burgos- durante la presentación de los trabajos. Tuve que superar algunos prejuicios y adaptarme a los chicos, como ellos tuvieron que adaptarse a mí?.
Hoy, con los trabajos a la vista, se puede decir que la iniciativa fue altamente positiva. No sólo por los resultados artísticos ni las obras en sí, sino sobre todo por la posibilidad que tuvieron los chicos de encontrar en este taller una manera de expresarse. De mostrar con otros ojos (con los suyos, a través de una lente) aquello que vemos todos los días, pero pocas veces miramos.

La confianza como base
Los jóvenes llegan al Centro de Contención derivados de juzgados a raíz de haber cometido algún delito. Tienen entre 16 y 18 años.
El centro es de régimen semiabierto y apunta a la reinserción social del pibe. Ellos trabajan, estudian o ambas cosas y permanecen en el Centro (?la casita? como la llaman ellos) por períodos variables. 
La institución prioriza la atención personalizada y por esa razón trabajan con pocos jóvenes, ocho como máximo. Desde el ingreso del chico al centro, se apunta al vínculo basado en la confianza.
Los chicos están ahí de manera permanente y si bien tienen edad para estar internos en el circuito penal, la metodología del centro es completamente diferente.
Lo más importante que se logra dentro del centro ?es establecer redes, porque los chicos no tienen donde anclar. La idea es que cuando se vayan de la institución puedan tener de donde agarrarse, donde echar raíces. Si salen y su contexto no cambia en nada, si siguen sin tener trabajo, sin poder comer, sin una educación… es como volver a lo anterior. La idea es romper con la linealidad?, explica Jorge Luis Mercanti, titular del Centro.

Para mostrarse
Las fotografías muestran paisajes, algunos conocidos (el murallón del Lago, el Centinela, el géiser) y otros no tanto, con animales pastando mansos en las sierras, arados en desuso, arroyitos que se pierden entre la maleza.
La idea es que la exposición sea trasladada a lugares de mayor tránsito de gente, como por ejemplo, el patio de compras de Carrefour. La intención es que la gente pueda ver, a través de estas imágenes, un poco más allá de su propia óptica.

Finalizada la presentación, La Vidriera pudo charlar con algunos de estos pibes. El diálogo fue desde el taller de fotografía hasta temas algo más complejos, como el delito, los prejuicios, etc.
Por razones legales, la identidad de los chicos no puede ser revelada; sólo sus nombres de pila: Juan, Julián, Damián y Aldo.
-¿Fue una buena experiencia esto del taller de fotografía?
-Al principio no le dimos mucha importancia. La verdad, salimos por salir. Porque estaba bueno salir para otra cosa que no sea la escuela o el trabajo. Así que fuimos y al principio le sacábamos fotos a todo, hasta a nosotros mismos.
Seguimos así hasta que nos fuimos enganchando. Le tomamos la mano a la cámara, a la PC. Después salíamos a lugares que elegíamos, por ejemplo, para sacarle fotos al paisaje.
Cuando nos dijeron de exponer las fotos nos pareció buenísimo.
-En principio se lo tomaron como una manera de salir, de tener un poco más de libertad…
-Sí. Hay algunos de los pibes que al principio no puede salir; sólo para trabajar o para ir a la escuela. Así que salir para otra cosa, fue bárbaro (de los cuatro, dos de ellos trabajan y van a la escuela, uno ya terminó la escuela y sólo trabaja y el restante no hace ninguna de las dos cosas)
-Una manera de poner la cabeza en otro lado.
-Claro, para nosotros con ir a dar una vuelta al centro ya está bárbaro. Porque llega un momento en que te aburrís de mirar tele, de jugar a la play. Te aburrís de todo…
-¿Cuántos son en ?la casita??
-Llegamos a ser ocho, tres, cuatro. Ahora hay cuatro. Lo que pasa es que hay pibes que vienen de otras ciudades y se quedan por pocos días (en el grupo hay tres de Tandil y uno de Juárez)

Sobre el delito y sus penas
-Cuando escuchan esto de que cada vez hay más pibes en el delito, que roban y pretenden bajar la edad de imputabilidad, ¿qué piensan?
-Mirá yo tengo 18, así que ya está (Juan).
-Me parece mal. Está muy mal. Que bajen la edad a los 14 años. Está mal chabón (Damián).
-Hay pibes que roban por necesidad. Hay otros que no. Hay de todo (Julián).
-Yo veo mal que roben para la droga (Juan).
-Bueno, vos robaste para comprarte ropa… (Aldo a Juan).
-Hoy en día está todo muy cambiado (Julián).
-Roban los presidentes, no vamos a robar nosotros (Aldo).
-¿Por qué se roba?
-Si el presidente los diputados los senadores, se dejarían de robar, también dejarían de robar los otros (Aldo).
-Yo creo que es más complicado. Cada uno puede robar por cosas distintas: para morfar, qué se yo. O sea, robar está mal, pero hay veces que no te queda otra (Julián).

La discriminación
-Y cuando van a la escuela o al trabajo y se enteran que están en la casita, ¿tienen problemas?
-Yo en mi curso les dije a todos. No les dije la causa, pero les dije que estaba en la Casita. Porque a mí,  nadie me va a venir a discriminar porque robé. O sea, robé y me equivoqué. Y hoy en día estoy pagando porque me equivoqué.
Yo fui y les conté a todos, fui de frente, porque no te tiene que dar vergüenza lo que sos. (Julián)
-Yo no lo digo, porque la gente te discrimina. Te dicen que sos un chorro de m… Tengo que tener mucha confianza para que le cuente a alguien donde estoy (Aldo).
-Las causas son diferentes, cada uno vivió cada una de sus cosas. Cada pibe es distinto, Ya de por sí uno es distinto, pero acá… más (Juan).

?La casita?
-¿Se llevan bien?
-Sí. Es más, decían que este último grupo que habíamos formado es de los más tranquilos. A veces pasa algo, pero no mucho (Julián).
-Yo estuve en Azul, en Lomas de Zamora, en La Plata… Hay institutos en que te `das` todos los días (Aldo).
-Este es abierto, no te da para pelearte tampoco. El que viene acá es para hacer las cosas bien, para estar con su familia e irse a la calle (Juan).
Es el último paso, al que te mandan después de estar en un cerrado. A mí me metieron ahí porque era la primera vez (Julián).
-¿Hay reglas estrictas?
-Te hacen lavar los platos, lavar a ropa, hacer la cama (Aldo).
-Y eso está bien.
-No, está mal. Yo allá en Azul no hacía nada. En institutos cerrados no haces nada (Aldo).
-¿Cuánto hace que estás en institutos?
-Hace dos años y tres meses (Aldo)
-¿Y hasta cuándo tenés?
-Hasta el 10 de diciembre que voy a juicio. Y ahí resuelven.
-¿Y te cambió algo la cabeza ahora, pensás las cosas diferentes?
-Y sí, algo me cambió.

En el lugar del otro
-¿Cómo te ves de acá a cinco años?
-Y qué se yo. `Haciendo conducta`.
-¿Trabajando?
-Sí.
-¿De qué te gusta trabajar?
-A mí me gusta trabajar en el campo. Ahora no puedo.
-Yo también me veo trabajando (Juan)
-¿Con familia?
-Yo tengo una nena… Lo que pasa es que a veces te miran con otra cara. Te discriminan mucho. Vos tenés que pensar que los de afuera son de palo. Vos tenés que pensar en vos y tu familia nada más. Lo que dicen los demás no te tiene que interesar. Porque si te dejás llevar por lo que dicen los demás, perdés siempre (Aldo).
-La gente que te mira piensa estos chorros de m… Esta manga de drogadictos (Damián).
-Nadie sabe por qué vos robaste. Te discriminan porque dicen que no estás apto para la sociedad. Por ahí te miran la cara y ven que tenés un corte de pelo más o menos y chau… Pasas por al lado de un coche y si hay unas viejas ¿sabés cómo te miran? O en un comercio, te miran como diciendo `este me va a chorear todo…`.
-¿Y ustedes que les dirían?
-Y nada, si no te escuchan. No les podés decir nada porque tienen la plata y siempre van a pensar así (Aldo).
-Bueno, pero esta es una oportunidad para que escuches lo que tenés para decirles…
-Que conozcan a la persona antes de opinar. Tenés que conocer a la gente, no la podés juzgar porque estuvo en un instituto. No podés juzgar porque tenés las zapatillas rotas o porque fuiste chorro. Por algo lo fuiste.
Que se pongan en el lugar tuyo. Que te vean. Que sientan lo que sentís vos, no lo que sienten ellos. Que se pongan en el lugar de uno y después que opinen.
Cada uno con sus problemas. Hay mucha gente con problemas. Bueno, nosotros tuvimos éste (J

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