“Ramón Santamarina hay uno solo”

Con un pie en la legislatura porteña, Eduardo Santamarina, el bisnieto del prócer de nuestra ciudad niega ser parte del establishment financiero y asegura que siempre hará lo que este a su alcance para ayudar a Tandil, su “patria chica”

-¿Qué llevó a un Santamarina a meterse en política?

Siempre me gustó. Y me pareció que era el momento de involucrarme: cuando querés cambiar algo, hay que involucrarse, no hay otra manera.

-Suena raro, porque el último Santamarina que se metió en el barro fue Ramón.

-No, el último fue Antonio, mi abuelo, hubo otros también, pero el político por excelencia fue él, que fue intendente de Tandil, diputado y senador nacional. Un fuera de serie y no lo digo porque fuera mi abuelo.

-Cuando hablé de meterse en el barro lo dije por salir de la comodidad. Ramón se hizo de abajo.

-¿Comodidad? Ramón no fue político. Y se hizo él, llegó solo, a los 17 empezó manejando una carreta.

-Justamente. Y a usted hace dos meses los medios lo presentaron como “integrante del establishment”.

-Sí, ya sé, porque era presidente del Banco de Valores. Yo no creo ser del establishment ni nada que se le parezca. Aparte cuando uno quiere hacer política tiene que pensar en el otro, no en sí mismo.

-Con ese apellido y financista, prevea que le van a saltar a la yugular. En Tandil es diferente, ¿no?

-No me importa lo que publiquen, si yo no busco la política como medio, la veo como una forma de servicio. ¿En Tandil?, y no sé si los Santamarina somos queridos en Tandil, yo tengo muchos amigos, y siento que ésa es mi patria chica, deberíamos ser queridos.

-¿Por?

-Porque los Santamarina dejaron mucho a Tandil. Incluso hay muchas obras que se deben a Antonio Santamarina como intendente de la ciudad.

-Fíjese la presencia del apellido: el Hospital, la Escuela Granja, la avenida, el club…  (interrumpe)

-La Iglesia Santa Ana. Mi bisabuela, Ana  Irazusta, donó todo lo que es el Hospital y las plazas. Le voy a contar algo: en 2004 recordamos los 100 años de la muerte de Ramón e invitamos a Jorge Blanco Villegas y tiempo después nos confesó que ese día decidió donar el Hospital de Niños “cuando vi el cariño de ustedes”, nos dijo, “y la reciprocidad del pueblo de Tandil”. No es usual que un pueblo permanezca con esa memoria.

-No acepta ser un tipo del establishment, pero sí un conservador, ¿es así?

-Y claro, yo creo que sí, esas cosas valen un montón, ¡un montón!, ¿qué tiene de malo?

-No tiene nada de malo, pero su imagen pública bien podría ser la de un bacán.

-Todo depende, siempre, de lo que cada uno se sienta. Yo no soy bacán.

-¿Qué sería entonces?, ¿la aristocracia local?

-¿Y?, ¿qué tiene de malo? Hay mucha gente en Tandil que es aristócrata local.

-¿Le parece?

-¿Qué significa aristocracia? Por ejemplo: una familia que tiene el padre médico, hijos médicos y nietos médicos, eso ya es aristocracia, en una democracia la aristocracia pasa por esos lados. No tiene nada de malo.

-Está bien, pero de ahí a sentir preocupación por los pobres…

-A mí por supuesto que me preocupan, no existe ningún prejuicio, ¡pobre puedo ser yo!, los únicos que me dan lástima son los pobres de espíritu, que no tienen nada que ver con la pobreza. Ojalá no hubiese pobres en Argentina. Precisamente el proyecto del Pro es tratar de elevar a todo el mundo.

-¿Realmente cree que un gobierno de Macri avanzaría en cuestiones sociales?

-Totalmente. Lo único que se consigue con gobiernos populistas es que haya cada vez más pobres. Y eso no le sirve a nadie. Y tampoco es un slogan para repetir, es algo objetivo: la pobreza no le sirve a nadie.

-Hace ruido su currículum: financista, del Partido Demócrata, ahora aliado al PRO…

-Y yo siempre respondo: cuando se tratan los grandes avances sociales se habla de Alfredo Palacios, ¿no?, Y cuando él era diputado: ¿quiénes le votaban los proyectos?, ¿sabe quiénes eran mayoría en ambas cámaras?

-Los conservadores.

-Los conservadores, que en ese momento eran la aristocracia del país. No está contrapuesta una cosa con otra. Palacios pudo hacer lo que hizo porque sus proyectos se los votaban esos que dicen que eran sus enemigos, que no lo eran. Entonces lo que sirve no es criticar tanto, sino actuar o apoyar a los que quieran actuar.

-Se lo nota entusiasmado.

-Sí, estoy encantado de poder tener la posibilidad de ser candidato. Ojalá pueda ser útil, aunque sea aportar mi granito de arena para que los argentinos estemos un poquito mejor. Y que no quede la menor duda: si en mí hay algo que pueda servir a la ciudad de Tandil, conmigo van a contar siempre.

-¿Será que en el fondo quedó algo pendiente y quiere repetir la leyenda de Ramón Santamarina?

-Para nada. Ramón Santamarina hay uno solo. Ya me siento orgulloso de ser su bisnieto. Y eso no es mérito mío.

 

Ficha Personal

-Eduardo Antonio Santamarina, 61 años.

-Bisnieto de Ramón Santamarina y nieto de Antonio Santamarina, intendente de Tandil.

-Financista. Estudió en la Universidad de Buenos Aires

-Agente de Bolsa

-Ex presidente del Banco de Valores SA.

-Presidió el Partido Demócrata hasta el 15 de marzo pasado.

-En alianza con el PRO va en el 11mo. lugar en la lista de candidatos a la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires.

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-¿El club Santamarina es otro símbolo de la familia?

-¿Y qué le parece? Si en nuestro caso se juegan cosas como que no sólo lleva mi apellido sino que se llama como y por, ¡por!, mi bisabuelo.

-Estará al tanto de que Santamarina está haciendo una excelente campaña en el Nacional B.

-Sí, claro.

-¿Le gustaría que llegue a primera división, aunque todos  identifiquen al “aurinegro” con los k?

-Sí, claro, no mezclo las cosas. Sé que Pablo Bossio es el presidente.

-¿Y?

-Y no me hace ruido eso de la cuestión política, porque después todo eso pasa, estos políticos pasan y el club Santamarina está desde el año 1910. En Buenos Aires es increíble cómo preguntan: “¿Qué tenés que ver con el club?”. Y les digo que debe ser el único caso de un club que se llame como tu bisabuelo y por tu bisabuelo.

-Nadie discute que en este caso el Estado está detrás. Y como usted se declara fanático de lo privado…

-No soy fanático de lo privado, ni soy fanático de nada. Ni siquiera de Santamarina.  No mezclo las cosas, ni me dejo llevar por el fanatismo, sólo en cuestiones políticas estoy a favor de un proyecto que creo que le sirve a la república, pero no quiero mirar para atrás. Mirar para atrás sirve para encontrar los errores, nada más.

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