Repúblicas

En la semana, el Senado nacional confirmó la delegación de facultades al Ejecutivo, y prorrogó una manera de hacer política que, cuanto menos, se apoya en fallidas experiencias. Y se aleja de la República. El argumento oficialista, basado en que anteriores presidentes también dispusieron de aquéllas, resulta a todas luces de una pobreza sorprendente.
En la misma semana, la Justicia falló tras el extenso debate por el trágico incendio de Cromañón. El juicio resultó polémico desde las ausencias en el banquillo de los acusados hasta el veredicto y la sentencia. Y bochornoso en su final, inexplicable y dolorosamente festivo para algunos.
En idéntica semana, y no en otra, el Gobierno se metió de lleno en el negocio del fútbol, decisión al menos opinable, pero decididamente vendida en términos de democratización. Para empezar, desde aquí se cree en otras prioridades. Sólo el tiempo dirá si el discurso K no vuelve a reñirse con una realidad incontrastable, y se convierte en una nueva farsa subsidiaria y populista.
Para colmo de males, la Presidenta, encerrada desde su asunción en una burbuja glamorosa -lo que la llevó a calificar de ?histórica? a la jornada-, y entrampada en los designios de su marido, consagró quizá el yerro mayor en la aplicación de la metáfora. Comparar el ?secuestro de goles? ?en alusión a la imposibilidad de los canales de mostrarlos hasta la noche del domingo, en el anterior esquema privado- con la ?desaparición de 30 mil argentinos? sería sencillo de calificar como expresión poco feliz, pero seguramente requiere de horas de diván.
Todo eso ocurrió en la semana que se va. Claro reflejo de la Argentina de estos días.
Como hace cuatro años y medio la reflejó con toda crueldad Cromañón. Que también se llamaba República.

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