Roberto Mouras: El príncipe de todos

Un grande de verdad y símbolo del Turismo Carretera.  
Caía un mediodía del 22 de noviembre de 1992. Si hubiera podido elegir su destino, habría optado seguramente por irse en silencio, como le gustaba transitar por la vida. Idolo máximo y emblema de su hinchada. Respetado y admirado por todas las marcas rivales. Difícil fue la reacción, y comprensión de aquel momento. Han transcurrido 17 años de la trágica desaparición de Roberto Mouras en el semipermanente de Lobos, cuando conseguía su victoria Nro. 50 en el Turismo Carretera, que lo ubica segundo en la tabla  de ganadores de la folklórica categoría nacional, sólo superado por Juan Gálvez, quien sumó 57 conquistas. Fue tricampeón con Dodge, siempre de la mano de Omar Wilke y Jorge Pedersoli,  en las temporadas 1983, ?84 y ?85, aunque se convirtió en el máximo ídolo de la hinchada de Chevrolet, pese a que no consiguió el tan ansiado título con la marca del ?moñito?. Recuerdos imborrables han quedado del “Príncipe” de Carlos Casares, nacido en la localidad bonaerense de Moctezuma el 16 de febrero de 1948. En las rutas y pistas argentinas han quedado epopeyas gloriosas de su notable paso, desde aquel Bergantín de su abuela materna, pasando por el Chevrolet 400, el Torino naranja con el que debutó en la Vuelta de Chivilcoy del año 70, la? Chevy? con la que se integró al equipo oficial de la Comisión de Concesionarios Chevrolet, el imbatible “7 de Oro” de las seis victorias al hilo, los Dodge del tricampeonato y la coupé Chevy de sus últimas entregas. En los corazones, han quedado grabados las memorables batallas mano a mano, con “Pirín” Gradassi, Juan María Traverso y los duelos vibrantes con Oscar “Pincho” Castellano en la década del ?80, con un profundo respeto y admiración de ambos, debajo de los autos. Fue grande en lo deportivo, y como ser humano. Hablaba poco, pero transmitía seguridad y sabiduría. En silencio, tendía su mano franca,  para ayudar a cuanto niño lo necesitara.  Su fuerte desafío era la corona para Chevrolet, aunque pese al protagonismo y a sus desvelos,  no pudo con la marca, alcanzar el tan ansiado objetivo. Se fue entre aplausos y lágrimas, llevándose el último tributo al cielo, para compartirlo con quienes hicieron grande el Turismo Carretera. 

 

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