¿Se pueden cumplir las metas de inflación del gobierno de Macri?

El miércoles pasado, el Ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay presentó su plan de ajuste fiscal para los próximos cuatro años de gobierno del Presidente Mauricio Macri.

Esta vez, se puede estar de acuerdo, o disentir con el enfoque del plan, pero queda claro que no se trata de un plan elaborado por profesionales poco idóneos e ideologizados, como los de los gobiernos de la última década.

El problema de la inflación en Argentina se ha llevado varios capítulos de nuestra historia económica y ha sido largamente tratado en la literatura económica por prestigiosos autores que han dedicado sus vidas de investigación al tema llamado “planes de estabilización”.

En la literatura se dividen a los mismos en dos grandes familias. A) Los planes de estabilización basados en un ancla nominal, es decir, fijar un tipo de cambio fijo alto o su tasa de devaluación, o B) los planes de estabilización basados en la política monetaria, controlando la emisión monetaria.

En ambos casos, el éxito de los mismos se basa en la existencia de ajustes fiscales y estructurales en las economías afectadas por la inflación.

El consenso entre los economistas académicos, señala que cuando nos enfrentamos a un problema de inflación crónica, como es la que padece Argentina, los planes basados en política monetaria, parecen ser más efectivos que los del ancla sobre el dólar.

Dentro de estos, se presentan dos mecanismos: uno de ajuste gradual y otro shock. Un ajuste tipo shock, por ejemplo bajar el actual déficit fiscal de aproximadamente 7% del PBI a equilibrio presupuestario en un lapso corto de tiempo (un año) llevaría a la economía hacia una trayectoria dinámica de recesión inicial y luego recuperación pudiendo poner en peligro la estabilidad del plan.

La decisión de Prat Gay, apunta hacia un plan de ajuste fiscal con metas de inflación con una lenta convergencia del actual déficit fiscal hacia casi equilibrio presupuestario hacia el fin del mandato de la actual administración. En este sentido, el equipo económico, ha orientado su plan de acuerdo al consenso de la literatura científica.

Sin embargo, esto tiene sus matices, puesto que podemos discutir si la convergencia hacia una inflación tolerable, como la programada para 2019 del 5% es consistente con la velocidad y la forma en la que el plan es ejecutado.
La debilidad del actual enfoque, que deja al 2016 casi en la misma posición que durante el año 2015, es decir mantener el statu quo, descansa justamente en esto. Es aquí, donde radica el interrogante si las metas del plan podrán ser cumplidas por el Ministerio de Hacienda y su coordinación con el Banco Central de acuerdo a lo previsto.
El éxito del plan, dependerá si la economía logra salir del estancamiento que viene padeciendo desde hace, al menos dos años.

Si la economía mantiene una baja performance de crecimiento el plan de estabilización aumentará las probabilidades de fracaso puesto que dependerá solamente del crecimiento de la demanda de pesos por parte del público. Bajo este supuesto deberíamos pensar, porque los individuos, si todo sigue igual, demandarían más pesos en términos reales.

El abultado déficit fiscal a financiar en los próximos dos años implica un crecimiento de la base monetaria de aproximadamente 130% en dos años. Si el público no acepta sus pesos, dicho de otra forma, si la demanda de dinero no crece entre el 28% y 35%, el plan colapsará en un año. Dos termómetros para evaluar la suerte del plan serían la trayectoria de la tasa de interés y el valor del tipo de cambio nominal.

Si el público, no respondiera de acuerdo a la previsión del Ministerio de Hacienda las tasas de interés tenderán a subir y el precio del dólar hacia mitad de año debería mantenerse por debajo de los 15$.

Debemos entender que al proponer metas de inflación, el BCRA, no podrá controlar el precio del dólar sin subir las tasas de interés, por lo que de acuerdo a su propia meta, una señal de salud del plan sería que el dólar hacia junio se ubique en torno a los 15,6$ y 17$ para fin de 2016.

Sin dudas, la elección de postergar el ajuste estructural y mantener el statu quo durante 2016 es el punto débil del actual plan de estabilización, dado que sin crecimiento por encima del 4% el riesgo es alto.

Quizás debamos preguntarnos, porque deberíamos crecer a tasas mayores al 4% cuando nada cambiamos en el presente. Como decía Albert Einstein “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

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