Sepultureros llevan más de 20 días manifestándose en la puerta del Municipio

Sepultureros del Cementerio Municipal llevan adelante una manifestación en la puerta del Municipio desde el 21 de diciembre, reclamando mejoras salariales. Más de 20 días después, siguen sin respuestas y aseguraron que van a continuar con la protesta hasta que hagan lugar al pedido.
Pablo Risso, uno de los trabajadores, explicó que “estamos haciendo un reclamo pacífico sin molestar a nadie por el tema de un aumento de sueldo, que se nos reconozca el trabajo que hacemos”.
En ese sentido, puntualizó que el pedido apunta a que se incorpore al básico una bonificación que cobran en negro por trabajo insalubre.

Sin respuestas

“Queremos que se reconozca el tipo de trabajo que hacemos como uno difícil, no es para cualquiera las tareas en el cementerio. Es muy delicado y queremos que se reconozca eso, que se lleve al recibo en blanco, porque el día de mañana, al momento de jubilarnos ese plus no va a estar, así que nos vamos a jubilar por un sueldo mínimo”, indicó.
En tanto, Lucas Cepeda aseguró que si bien cuando iniciaron la protesta fueron recibidos por el intendente Miguel Lunghi, su hijo y el jefe de Gabinete Mario Civalleri pero “estuvimos hablando casi dos horas y absolutamente nada, no nos dieron respuesta”.
“Yo imprimí un recibo de sueldo mío bien grande para que la gente lo vea. Hace 10 años que estoy y en mano cobro 9300 pesos. El día que me jubile, que me vaya del área, me van a sacar la bonificación no remunerativa por insalubridad que es de 1500 pesos por manipulación de restos, por andar con la sangre, con pudrición”, cuestionó.
La bonificación
en negro
En ese contexto, aclaró que “reclamamos que se nos reconozca como sepultureros porque el día de mañana nos vamos a jubilar como un barrendero, no es por desmerecerlos, pero el trabajo que hacemos nosotros es muy difícil psicológicamente. Nosotros sepultamos, exhumamos criaturas, somos padres, nos ponemos del otro lado. Nos manchamos, vemos cosas muy feas”.
“Cuando hacemos un sepelio la gente empieza a llorar desgarradoramente. Hay que aguantar eso todos los días, o que te agarran el ataúd y no quieren que lo sepultes, a veces se quieren pelear, hay que comprenderlos. Pero hay que entendernos a nosotros también. Detrás de los paredones de cemento el calor es terrible, y en invierno hace mucho frío. Es decir que aguantamos muchas cosas, si bien nos descuentan un poco más para jubilarnos antes, nos vamos a jubilar con 2 pesos con 50”, fustigó.
“Somos
invisibles”
Así es que día a día, al salir de sus tareas laborales a las 19, algunos de los 14 sepultureros que trabajan en el Cementerio se dirigen al Municipio, donde renuevan la protesta. Se van turnando, pero siempre algunos están allí llevando adelante un reclamo totalmente pacífico, tratando de hacer visible lo invisible.
En un folleto que reparten a los transeúntes, se definieron como “los invisibles sepultureros” porque “somos invisibles en todos lados, nadie sabe lo que hacemos ahí adentro. Trabajamos con cosas muy feas”.
Y argumentó que “el Municipio no tiene que aumentar las tasas, no tiene que pedir plata a la Provincia, no la tiene que generar de ningún lado porque nosotros generamos plata todos los días en el Cementerio”.
“Todos los trabajos que se hacen se cobran y el Municipio los cobra muy bien, la plata sale de ahí, no necesita hacer malabares para darnos lo que queremos”, sostuvo.
Y agregó que “cobramos un presentismo de 200 pesos miserables, también queremos que eso aumente. Yo doy mi ejemplo con 10 años de antigüedad pero hay chicos que recién empiezan que cobran 5, 6 mil o 7 mil pesos. Es imposible pagar un alquiler con ese sueldo, esa situación nadie la ve”.
Una labor insalubre
En el folleto reflejaron las dificultades que padecen día a día, tales como “inhalamos y manipulamos restos humanos todos los días, haciendo que nuestro promedio de vida sea mucho menor que cualquier otro ser humano común (es un trabajo que no es para cualquiera). El día en que nos jubilemos no sabemos cuánto tiempo vamos a vivir por haber sufrido todo el maltrato del trabajo y las inclemencias del tiempo”.
“Rompemos sepulturas, escombros, ataúdes, cofres de gran porte, mármoles, verificaciones, los 365 días del año. Ya nuestra salud no es la misma”, explicaron.
Y añadieron que “siempre pasamos desapercibidos, estamos encerrados detrás de los muros, pero pensamos, tenemos vida, somos seres humanos con sentimientos. La gente en cierta manera nos discrimina, nos mira mal como sintiéndonos ese olor que seguro se nos impregna en el cuerpo. Nuestros hijos sufren cargadas sintiendo vergüenza de lo que el padre hace. En nuestras casas no se puede hablar sobre nuestro día de trabajo. Es muy duro”.

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