Setenta años del Club Los 50

Señor Director:

Corría 1939 cuando mi padre nadaba crawl en nuestra pileta. Por aquel entonces, mi abuelo marcaba con banderitas el mapa europeo, y  desde Tandil, nuestros mayores observaban el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Después, hubo seguidores en nuestra pileta de aquel depurado estilo de mi papá. Era el crawl de Johnny Weissmüller, el recordado intérprete de Tarzán, campeón olímpico entonces.
A fines de la década del 60, irrumpe el rugby en Tandil con un fervor de desarrollo paulatino, que ya nunca decaería. En la década siguiente nos hicimos fuertes en el rugby tandilense.
Los 50 tenía un grupo envidiable, una muchachada sana, mujeres y varones muy deportistas y unos dirigentes que harían escuela.
Se iban los últimos tiempos de la cantina de Hilario, allí concurríamos después de los entrenamientos, y allí comenzábamos  a desbrozar y entender el espíritu y la vida de la mano de unos dirigentes inolvidables: Aníbal, Guillermo y Héctor.
Tuve la fortuna de jugar algunos años en la primera división  del rugby en el club; era un tercera línea que aportaba, sí, entusiasmo. También se destacaba el club en hockey femenino: las chicas tenían un aguerrido equipo.
De la conjunción de juventud, dirigencia e institución, el club se fue renovando y amplió sus bases de sustentación. Los directivos acompañaron con una ejemplar modernidad de criterio. Luego vino la consolidación material, con ampliaciones edilicias, canchas, comodidades.
El club es hoy un club importante, más grande e importante aún si se lo mira desde lejos, extrañándolo.
Es que en el club, simplemente, tuve la dicha de conocer a los compañeros más leales del mundo y a las chicas más lindas que yo recuerde.
Por ello, con los años y la ausencia, se me han caído encima las palabras de Atahualpa:
?Cuando se abandona el pago y se empieza a repechar, tira el caballo adelante y el alma tira pa? atrás?. Un abrazo desde Jujuy.
Carlitos Torterolo, wing forward, 57 años.

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