Sucesos notables en la historia de Tandil

El Eco

El Dispensario de Vías Respiratorias

Por Juan Roque Castelnuovo.

 

“Hace cinco años, en una estrecha y oscura habitación donde no entraba ni el sol ni la comida ni el consuelo, una mujer joven, madre, abandonada, yacía en un triste lecho herida de muerte por la tuberculosis”. Con estas expresiones, el titular del comité Tandil de la Cruz Roja Argentina, Dr. Pedro L. Cereseto, comenzó -el domingo 2 de septiembre del año cuarenta y cinco- el discurso pronunciado en oportunidad de la colocación de la piedra fundamental del edificio del Dispensario de Vías Respiratorias, ubicado en la intersección de las calles España y Alberdi.

“Su tierno hijito de tres años -prosiguió- con una seriedad tan rara en los niños y fruto de la miseria y de la enfermedad de su único ser querido, acompañaba con su mirada lánguida junto al lecho a su madre, como si en la inconciencia de sus tres años apreciara lo hondo de la tragedia”.

“Allí, en ese rincón -añadió Cereseto- esta desdichada madre moría escribiendo, sin saberlo, esta historia triste a la ceremonia que hoy realizamos. Su hijo, salvado milagrosamente del contagio, está hoy presente entre nosotros y será testigo de lo que hoy hacemos o digamos”.

“Esta historia que hoy hemos visto repetirse a menudo, nos dice a gritos que hay algo injusto en esta situación, un problema angustioso a resolver. De ahí que sea firme la determinación de nuestra institución de perseverar hasta ver realizada esta etapa de la lucha antituberculosa, estimulados por el apoyo del vecindario. Esperamos ansiosos que las autoridades sanitarias, municipales y provinciales, han de solucionar el angustioso problema de habilitar camas para esta clase de enfermos”.

“Hay escrita en la historia de este solar sobre el que se levantará este Dispensario, como acabo de señalar, un triste drama de enfermedad y miseria, del cual fue causante el mal que tratamos de combatir. Por eso, finalizó diciendo, los exhorto a poner nuestro empeño para que estas cosas no se repitan. A cumplir cada uno su deber; nosotros, llevando adelante esta construcción, colaborando sin desmayo hasta verla terminada. Las autoridades, habilitando esa indispensable sala para internar tantos enfermos que la necesitan”.

La construcción dio comienzo con aportes de instituciones y vecinos de Tandil, ya que a la sazón el único ingreso que tenía la Cruz Roja se reducía a una subvención municipal de 200 pesos mensuales. La Provincia se había comprometido por ley a la entrega de $ 60.000; pero, no los había hecho efectivos hasta ese momento.

No obstante que faltaban 20.000 pesos para cubrir el costo total de la obra, la misma se puso igualmente en marcha.

Asistieron al acto Edmundo Carbone, a cargo entonces del despacho municipal a consecuencia de la renuncia del comisionado Alfredo D. Rozzi, integrantes de la comisión directiva del comité local de la Cruz Roja, de la comisión de damas y público en general.

Luego de entonarse el Himno Nacional argentino, el doctor Miguel V. Basílico, secretario del comité, leyó el acta que a continuación bendijo el pbro. Luis J. Actis. El documento fue colocado dentro de un cilindro, el que a su vez fue bajado junto a la piedra fundamental a la fosa donde quedó alojado.

Esto ocurría el domingo 2 de septiembre de 1945.

NdlR: Esta nota fue publicada originalmente hace 20 años por El Eco de Tandil.

 

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