Tandil, los robos y la información

 

¿Está bien que actuemos así?
Sí y no.
Sí, porque los afectados por estos últimos robos que han sido violentos no quieren que los mismos trasciendan para no tener cientos de curiosos pasando por su casa ni de amigos preocupados llamándolos, ni de posibles nuevas e indeseadas visitas. Desconocemos, además, si lo hacen también porque sufrieron amenazas
Y no, porque la esencia del periodismo es informar. Y brindar la mayor cantidad de datos posibles, por aquello de “el pueblo quiere saber”.
O sea: por un lado respetamos la voluntad del asaltado, pero por el otro le fallamos a toda una ciudad. Guardamos en secreto lo que sabemos.
Antes (¿sólo antes?) nos quejábamos de la policía que retaceaba información, para no crear pánico en la población, cuando más que nada es para no alterar las estadísticas.
Y ahora, cada vez más, nos encontramos con gente que le pide a la propia policía que no informe, y al Multimedios que reserve la identidad.
Por respeto lo hacemos. Deben ser tan grandes el dolor y el miedo, que no podemos (mejor dicho, no queremos) incrementar el sufrimiento.
Pero a la vez sabemos que no estamos aplicando el manual del periodista.
Y que, además, le fallamos a la gente.
En nombre de la compasión y de esta ciudad aún con alma de pueblo, pedimos humildemente disculpas por callar a veces lo que sabemos.
En esto -y sólo en esto- sería bueno para El Eco ser Clarín o La Nación. Nadie le va a rogar silencio a Ernestina Noble o a Bartolomé Mitre (porque no pueden llegar hasta ellos), ni a los periodistas (porque no los conocen).
Pero vivimos en Tandil. Gracias a Dios. A pesar de esta inesperada mordaza, que es un autoflagelo.

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