Tarde agitada en el 503

Como si no hubiera bastado la seguidilla de exámenes recuperatorios y prefinales que están rindiendo alumnos de distintas facultades de la Unicén (con suertes varias aunque parece que el bochazo viene a la cabeza), un grupo de jóvenes que al terminar la azarosa tarde tomó ayer un micro de la Línea 503, más conocido como el ?azul?, a eso de las 16.30, pensó que iba a relajarse en el viaje de vuelta a casa repasando mentalmente errores y aciertos producidos en el banquillo de acusados, pero no fue así.
 El coche, uno de los más grandes -esos que tienen puerta doble en el centro del vehículo- ya había desandado poco más de 600 metros, cuando el chofer procedió a dar la vuelta sobre sí mismo y volvió a la parada, explicando a los estudiantes que, sin darse cuenta, había tirado el dinero en uno de los porta residuos que se encuentran en la parada de micros…
Cuando los pasajeros ya habían salido del asombro y el atribulado chofer encontró su recaudación, volvieron a emprender el regreso y todo transcurrió con normalidad hasta que el micro colmado de pasajeros llegó hasta la intersección de la calle transitada con la Ruta Nacional 226. En ese lugar, el camino sube, transformándose en una pequeña pero pronunciada loma y para sorpresa de todos, el micro no podía subir, ?no le daba el motor?.
Y otra vez, el asombro se adueñó de los ahora atribulados pasajeros: luego de varios intentos, el chofer del micro dio marcha atrás cerca de cien metros y tomó carrera para subir a toda velocidad la pequeña loma, desde la que está demás decir que recién arriba se puede observar si algún vehículo viene transitando por la concurrida ruta nacional.
?¿Pero, frenó??, fue la pregunta del interlocutor de esta historia; a quien le respondieron: ?Un poquito…?.
El interlocutor también se quedó pensando en que si no andaba bien el motor, qué garantía podía haber de que sí funcionaran los frenos si hubiera surgido la necesidad de detenerse rápidamente ante el paso veloz de algún auto o camión por la cinta asfáltica que se pretendía cruzar.
 Pasado este susto, mientras trataban de recomponerse y con el corazón en la boca todavía, los pasajeros pensaron que eso sería todo, pero no, había más.
Cuando el micro llegó a la esquina de avenida Brasil y Avellaneda de pronto escucharon ¡paf! ¡paf!: el motor ya no quiso más (a esta altura podríamos decir que menos mal) y se detuvo. ?¡Buenooo! ¡Se terminó el viajeee, se suben al de atrássss!?. Cuando todos al mismo tiempo se dieron vuelta, el de atrás era uno de esos modelos cortitos, modernos y ya venía casi completo…
Colorín colorado, este viaje ha finalizado.*

 

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