Tiempo de revancha

Corría 2005, tiempos en que Rubén Sentís y Raúl Escudero resistían desde el Partido Justicialista a la alquimia que suponía el Frente para la Victoria, aquel espacio desde el que Néstor Kirchner extendía el certificado de defunción a los partidos tradicionales, hablaba de la ?nueva política? y la ?transversalidad? como el elíxir del nuevo siglo.
Ninguno, claro, se había atrevido aún a saltar el charco que separaba a viejos duhaldistas de flamantes pingüinos. Ni a pensar por entonces en meter una K gigante en el frente del Partido o a ensayar justificaciones para amortiguar el golpe del archivo.
Aquella vez, Escudero, de overol, juntó voto por voto para lograr batir a la lista de lo que quedaba del aparato, patrocinada por Sentís, y ponerse el ropaje del caballero del PJ. 
No le duró mucho. Su fracaso en las legislativas generales lo enviaron a cuarteles de invierno, con una banca en el Concejo Deliberante como consuelo, y el ostracismo como sello.
En el ínterin, Sentís se volcó decididamente hacia la razón kirchnerista, recicló la sede, armó congresos pero no candidatos, y volvió a quedar a la sombra tras el estrepitoso fracaso electoral de 2007.
Ahora, el devenir de la política los pone otra vez frente a frente. Aunque sin botox, el soldado de mil batallas sabe de cirugías y maquillajes. De ahí que todavía pueda sobrevivir al paso de un tiempo largamente aciago para el justicialismo lugareño y aglutinar a buena parte de dirigentes chamuscados pero aún dispuestos a acercarse al fuego. Sólo que no tanto.
El mutualista hará de las suyas. Cree que es su momento de construcción, el del trampolín mágico que lo zambulla a la pileta de 2011. De bracear en esas aguas, ya habrá tiempo.
Con todo, más allá de perfiles, intereses y convicciones, difícil resulta creer que hagan lo que Pedro Bengoa en el film de Adolfo Aristarain: Cortarse la lengua por la causa.

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