“Trato de darle al banco un rol social”

Pasa por el diván Javier Ortiz Batalla. El economista jefe del Banco Ciudad asegura que a Tandil le debe no solo la formación que le permitió llegar a altísimos lugares en las empresas, sino también la vocación social que ahora intenta aplicar en la entidad porteña

-¿Cuántos años hace que se fue de Tandil?

-Casi 40. Me fui a los 16, a estudiar.

-¿Le molesta si empezamos por ese lado, por Tandil?

-No, déle, me encanta.

-Ser un Ortiz en Tandil implica ser abogado, por su padre, su tío, hermano, ¿qué pasó con usted?

-Soy la oveja negra: desde muy chico, desde el colegio San José ya tenía vocación por ser economista.

-Ser un Ortiz en Tandil también implica ser formal y cortés.

-Yo, no. Cortés diría que sí, lo soy. ¿Formal? menos que el resto de la familia (risas). En realidad viví poco en Tandil y luego me tocaron lugares donde no era nadie. Viví en forma muy, muy humilde, con muy poca plata en Los Angeles, en una especie de conventillo. Aunque tenía una beca, debía trabajar para poder vivir.

-Eso sí que es toda una novedad. ¡Un alto funcionario sabe lo que es ser un seco!

-Más aún: le diría que hasta los treinta y algo fui muy seco.

-¿Y su padre lo permitió?

-Mi viejo lo permitió, sí (risas).

-Andaba seco pero la doctrina socialista no se le pegó ni un poquito.

-¿Mi formación? Hasta los ‘80 estuve muy influenciado por el Di Tella, con una visión bastante pragmática, crítica. Cuando fui a la Universidad de California ya estuve más en contacto con gente de Chicago.

-¿Los Chicago Boys?, el liberalismo a la enésima potencia. Con sólo nombrarlos a la gente le da pavor.

-Sí, ellos. A mí no me asustan, ja, ja. Son gente que produjo transformaciones positivas en Chile y en otros lugares. En Los Angeles conocí a ellos y a gente que fue premio Nobel, como Shapley. Fue todo muy interesante, porque los autores de los libros que había leído en Argentina, los tenía ahí, en persona.

-¿Y no pensó en volver a estudiar de nuevo?

-(Carcajada, se da cuenta para dónde rumbea la pregunta)

-Porque según la relectura casi unánime en esta última década todo eso estaba errado.

-Al revés: creo que Argentina muchas veces pierde cosas que son comunes en el resto del mundo.

-¿Por ejemplo?

-La importancia de tener baja inflación, no sobrevaluar el tipo de cambio, incorporar tecnología. Sencillamente tenemos que ver lo que se hace en otros lugares y armar cuestiones parecidas.

-¿Cuál es su función en el Banco Ciudad?

-Darle al banco, que es público, un rol social. Mi trabajo es proveerlo de la mejor información -tasas de interés, préstamos, posicionamientos-  para que tome las mejores decisiones y hacer bien el rol social de apoyo a los porteños. A la vez desarrollo actividades académicas para dar a conocer el banco hacia afuera.

-Obviamente, se siente macrista.

-Sí, sí, colaboro con los equipos económicos de Macri, pero trato de tener mucha actividad independiente.

-¿La política no es su desvelo?

-No, mi acercamiento es desde lo técnico. Trato de tener el perfil del economista que colabora con la política.

-¿Qué responde cuando los críticos del macrismo señalan que su líder históricamente utilizó al Estado -podría ser el Banco Ciudad  en esta etapa- solamente para beneficio de los ricos.

-Que justamente el Banco Ciudad es un ejemplo de  lo contrario.

-¿Por ejemplo?

-Dos. Una  es la eficiencia con que se ha manejado, con normas que mantienen esa solvencia  y es bueno recordar que el banco no puede transferir ganancias hacia el Gobierno. Y a su vez tiene un rol social muy activo, central, que no tienen el Banco Nación o el Provincia. Es muy fuerte en el área hipotecaria y en el apoyo al desarrollo,  al comercio,  la industria. Prioriza los préstamos. Es eficiente, pero con una función social. De los bancos públicos es el que mejor lo hace.

-De la vicepresidencia de Massalin Particulares a este cargo en el Ciudad; ¿dónde es más factible triunfar: en la actividad privada o en el Estado?

-Son dos mundos muy diferentes que requieren actitudes diferentes. Pero yo tengo más vocación por lo público, claramente.  Actué más en lo privado por default: la situación me fue llevando a posiciones diferentes y a mayores roles en las empresas, pero siempre me interesó lo social, siento mucho más eso, ¿por qué? por lo que viví en Tandil.

-¿Tandil?, pero si vivió tan sólo 16 años y era un chico.

-Sí, a Tandil le debo el ‘90 por ciento de lo que hice. Porque de chico viví en un país revuelto, con muchos problemas y tuve profesores que te obligaban a mirar la realidad. Tuve un excelente colegio secundario y un buen colegio, como me tocó a mí, te empieza a marcar el camino. Al mismo tiempo, Tandil me permitió crecer junto a excelentes amigos, clubes, gente solidaria a la que sigo viendo aunque haya pasado un montón de tiempo.

 

Ficha personal

 

Javier Ortiz Batalla, 55 años

-Casado, tres hijos: Juan Manuel (25), Eugenio (20) y Juana (15)

-Cursó primaria y secundaria en el Colegio San José de Tandil

-Se licenció en Economía en la Universidad Católica Argentina (1977/1983)

-Obtuvo la Maestría en el Instituto Torcuato Di Tella (1983/1985)

-Se doctoró en Los Angeles, en la Universidad de California (1987/1993)

-Entre 1998/2001 y 2005/2012 trabajó en Philip Morris (Massalin Particulares) donde fue director, gerente y vicepresidente.

-Fue economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para Brasil (2002/2005)

-Es docente en Instituto Di Tella. Dio clases en las universidades de San Andrés,  La Plata, CEMA y otras.

-Desde enero de 2014 se desempeña como economista jefe del Banco Ciudad de Buenos Aires.

Don Lauro, Molina y el Colegio que abrió las puertas del futuro

 

En su oficina del Banco Ciudad, en el microcentro porteño, a más de 300 kilómetros Tandil, el economista Javier Ortiz Batalla no se cansó de evocar su ciudad natal en el diálogo con El Eco, ni olvidó explicitar la clave que le permitió hacer una carrera repleta de logros: el Colegio San José y en especial, dos profesores: Lauro Castorino y Roberto Molina.

“Uno nos daba historia, pero a la vez nos obligaba a analizar la realidad del momento, de manera que se dio una combinación de los eventos políticos que vivíamos con un gran profesor. El otro fue un excelente profesor de matemáticas. Ambas cosas me resultaron sumamente útiles  porque la economía es una mezcla de ciencias sociales y matemáticas.

Yo no sé si hoy los secundarios son así -señaló Ortiz Batalla, quien luego compartiría estudios en la UCLA con las figuras más renombradas de la economía mundial- pero San José no era snob, sino que te enseñaba cosas que luego resultan muy importantes en la vida. Matemáticas, por ejemplo, es crucial para poder desempeñarte bien en cualquier aspecto  de la vida moderna, porque es lo que te permite entender analíticamente diferentes temas así vayas a una fábrica de tabaco o adonde sea”.

Hijo de Manucho Ortiz (Juan Manuel, reconocido doctor en derecho de nuestra ciudad) y de “Ñatí” Batalla (maestra, mantiene la lucidez que la caracterizó siempre a punto tal que sigue dando clases)  el funcionario del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires destacó otra faceta de su vida, ajena a su voluntad, que le permitió descollar en empresas multinacionales: “El hecho de dejar de ser hijo de y pasar a ser nadie”.

“La experiencia de estudiar afuera fue algo muy bueno, pero sobre todo la de vivir afuera fue la que me resultó muy útil, cuando pasé a ser un inmigrante, que es algo muy duro pero te abre los ojos. Se lo recomiendo a todos chicos de Tandil, porque te da otra visión de las cosas”.

No obstante el consejo, a lo largo de la charla mencionó en reiteradas oportunidades a sus amigos de toda la vida (en especial a Pablo Azcue y Mariano Filippini, tandilenses) y de alguna manera esas referencias fueron otra forma de volver a hablar de la ciudad que en tan sólo 16 años lo marcó para siempre, la ciudad que, insistió “es mi lugar en el mundo, aunque me haya ido hace 40 años”.

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