Tres delincuentes armados y encapuchados asaltaron a una martillera y a sus dos hijos

Minutos antes del hecho, María Alejandra Ferreiro había salido a la vereda del local –que está comunicado con su casa- para lograr mejor señal mientras hablaba con un cliente por teléfono. Al reingresar al comercio, un joven la amenazó con un arma y otros dos aparecieron repentinamente.

Con firmeza, la obligaron a sentarse, le apuntaron y le exigieron el dinero. Luego, la obligaron a levantarse y la llevaron a la vivienda, donde estaban sus dos hijos varones menores de edad.

Al escuchar los gritos de la madre, el adolescente de 16 años le pidió a su hermano de 12 que buscara dos cuchillos de la cocina, por si era necesario defenderse. Mientras tanto, llamó al 101 Mejorado y alertó a la policía.

La rápida reacción de los chicos hizo que los tres delincuentes decidieran irse del lugar con una cartera que contenía tarjetas personales, un celular, una cámara de fotos y las mochilas del colegio de los chicos, abortado la búsqueda de más dinero.

Inmediatamente llegó la policía y asistió a las víctimas, que se encontraban tranquilas a pesar del episodio que les tocó vivir a plena luz del día y en una tarde primaveral con gran movimiento por la zona.

 

Rápida reacción

En diálogo con El Eco de Tandil, María Alejandra Ferreiro relató que “llamé a un cliente, pero como no tenía señal adentro, fui afuera. Vi a un chico con un casco (de moto) en la cabeza que caminaba por la vereda. Se paseaba. Me llamó la atención porque estaba con el casco colocado”.

Agregó que cuando estaba por cortar la llamada, regresó al local pero el joven del casco “me empujó, y vinieron dos chicos más que estaban escondidos en lo del vecino”.

En ese momento, la amedrentaron con un arma, la obligaron a callarse y le preguntaron con quién estaba. Una vez que constataron que sus hijos se hallaban en la casa, le reclamaron dinero y ella les señaló un cajón.

“Me amenazaron con el arma, me sentaron en una silla y me taparon la boca”, dijo y describió que los ladrones estaban preparados con guantes para no dejar huellas, en tanto que cubrían sus rostros con un casco de moto, una máscara del hombre araña y otra de un superhéroe que no pudo retener. Eran delgados y parecían bien vestidos. La víctima los notó nerviosos.

Luego de unos segundos, la llevaron hacia la casa y “estaba mi hijo mayor llamando a la policía, y le dijeron que cortara. Me querían encerrar y yo los seguía y les decía: ‘No tengo nada, no tengo nada’. Fueron a mi pieza, miraron, me abrieron el cajón de la mesa de luz y se fueron”.

La martillera, que inauguró el local en 2009 y en la víspera sufrió su primer robo, afirmó que la salvó el llamado de su hijo, que los decidió a abandonar la casa con el pequeño botín.

“Soy muy confiada”, expresó tras relatar que no esperaba ser víctima de la inseguridad a pesar de que las inmobiliarias suelen ser blancos frecuentes de los malvivientes.

“Se me cruzaron un montón de cosas por la cabeza. Pensé que me iban a hacer algo, que me iban a matar. Dentro de todo, estuve tranquila. Gracias a Dios no nos hicieron nada”, dijo aliviada.

Por último, destacó que su hijo mayor mantuvo la calma, pero además reaccionó tras sus gritos y marcó el número de emergencias segundos antes de que los delincuentes llegaran al dormitorio.

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